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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN

Seminario optativo de la Maestría en Educación Universitaria
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01 agosto, 2011

KRAUSISMO ARGENTINO: Carlos N. Vergara


KRAUSISMO ARGENTINO
Juan C. Paradiso

Después de haber estudiado las contribuciones del krausismo a la cultura y a la educación españolas, tenemos que seguir el recorrido de estas ideas cuando cruzaron el Océano. En la Argentina ellas se introdujeron en una línea de pensamiento democrático y nacional, adhiriendo normalistas y políticos muy diversos como Joaquín V. González y el líder Hipólito Yrigoyen. El sistema educativo, como veremos, mostró más resistencia frente a las ideas krausistas, encarnadas especialmente en Carlos M. Vergara.

Carlos Norberto Vergara (CNV) (1859-1929)
“De las locuras de Mercedes, como alguien las apellidara, surgieron, no obstante, todas las ideas que hoy, esparcidas en la República, agitan y conmueven la opinión, señalando rumbos y marcando tendencias a la educación”.  (José Bianco)  (tomado de A. Puiggrós, 2006: 57, refer 26)
“En la Argentina existieron tres revoluciones didácticas. La primera fue la influencia norteamericana que permitió superar el modelo criollo-español; la segunda fue la explosión tolstosiana operada en Mercedes … donde la metafísica krausista del libre albedrío quiso concretar las abstracciones, posesionada de un espíritu original e independiente. La ‘revolución de Mercedes había sido el aula de Scalabrini extendida a toda una escuela, ampliada, usada y exagerada”…
“Se trocaban los valores: la inexperiencia, la ignorancia y el egoísmo infantil, desplazaban al iniciado en el gobierno de la sociedad escolar (…) Se olvidaba que la educación debe basarse sobre la vocación preponderante: pero en una vocación demostrada a posteriori, después de pasar por los ambientes de aulas que pudieran despertarla, pues es evidente que no puede amar lo que no se conoce. El ensayo fracasó, lo mismo que el de Yasnia Poliana; pero ha dejado recuerdos inextinguibles y fecundos”. … la tercera revolución, que resolvió los problemas que Vergara había puesto de manifiesto en Mercedes, fue la implantación de la didáctica positivista en la escuela. (Alfredo J. Ferreyra)  Tomado de A. Puiggrós 2006: pag 57, refer. 25). (énfasis agregado: JCP)

Muchos años después de haberse abortado la experiencia de Mercedes, algunos de sus principales críticos dentro del sistema educativo, como Bianco y Ferreyra, parecían reconocer las bondades de la propuesta de Vergara. Ferreyra había secundado a Vergara en Mercedes y se había convertido en uno de sus críticos más notorios. En esta tardía reivindicación, hay un doble mensaje: se marcan errores groseros en la concepción de la autoridad y la disciplina, así como en la secuenciación de los contenidos, la suspensión como consecuencia de su fracaso … y un reconocimiento a algunas de sus ideas. Me pregunto: ¿se podría saber a cuáles?.
La experiencia de Mercedes sembró entusiasmo a la par que cosechó enemigos, los que prontamente lograron su desarticulación. Estuvo inspirada por la Institución Libre de Enseñanza, así como por la escuela libertaria de Yasnaya Polaina, creada por León Tolstoi para los hijos de los campesinos. En conjunto, ellas anticipan lo que después sistematizaría con mayor cuidado la Escuela Nueva.
La influencia de CNV no es decisiva, siendo mayor la repercusión de la polémica suscitada, que el impacto provocado por la propia experiencia, por cuanto el sistema educativo argentino no asimiló más que algunas de las formas que no ponían en cuestión la estructura general de las instituciones escolares del Modelo Educativo Hegemónico, con sus escuelas primarias - graduadas, homogeneizantes y centralizadas – y el elitista bachillerato nacional, a los que más tarde, en un cambio de orientación pero no de modelo, se unieron los colegios industriales. Aún con sus contradicciones, el MEH nunca perdió su poder frente a alternativas como la de Vergara.
La reivindicación de Vergara provino de movimientos políticos, como el anarquismo y en menor medida el radicalismo; en cuanto a los teóricos de las Ciencias de la Educación, su lugar empieza a revalorizarse con Tedesco quien lo identifica como paradigma de la corriente pedagógica espontaneísta (J.C. Tedesco, 1982); Adriana Puiggrós le dedica buena parte de uno de sus libros y lo incluye políticamente en la corriente democrática radicalizada (A. Puiggrós, 2006), Mariana Alvarado está investigando en profundidad su vida y su obra. En las tendencias democráticas radicalizadas gestadas en la Escuela Normal de Paraná, se ubican pedagogos como Zubiaus, Rosario Vera Peñaloza y otros: 
“no llegaron a integrarse como corriente pero que de un modo u otro intentaron vincularse con el discurso político radical, socialista y anarquista. La mayoría eran normalistas, es decir, egresados de la Escuela Normal de Paraná, y continuadores de esa línea. … algunos fuertemente influenciados por el positivismo, el espiritualismo, el krausismo y el krausopositivismo”. pag 135

La escuela Normal de Paraná fue el lugar donde Vergara y otros condiscípulos convivieron durante su estadía. Una asamblea permanente en la que resolvían toda cuestión vital. … La mayoría de orientación positivista, a diferencia de Vergara, quien más tarde también incorporaría posiciones epistemológicas krausopositivistas.
Fue designado Inspector Nacional de Instrucción Primaria, cargo que ejercería en Mendoza. En las líneas de acción presentadas, se destacan la fundación de una revista “El Instructor Popular” y la capacitación docente a través del formato de Conferencias, publicadas entre 1883 y 1884. Su obra tuvo reconocimiento nacional, lo cual “lo sorprendió con un nuevo nombramiento hacia 1886 con 26 años. Fue Inspector Técnico de las Escuelas de la Capital(M. Alvarado 136)
A medida que CNV iba ganando prestigio y notoriedad … y ascensos en el sistema educativo oficial, sus ideas lo llevaban a proponer reformas en cada uno de los niveles, publicadas en las revistas que había contribuido a crear, dirigidas a docentes, y en diarios de circulación general como La Nación o La Prensa. Sus convicciones y su entusiasmo le iban generando prestigio entre sus pares, a la vez que desconfianza entre los más conservadores. Es así que “su situación en el Consejo Nacional de Educación empezó a violentarse” (Alvarado, pág. 136)
“Entre las medidas que propuso … la idea de organizar una escuela modelo con personal selecto traído de America del Norte fue el límite que no pudo franquear. Una escuela bastaba para Vergara. La clave … estaba en saber organizar una escuela con caracteres originalisimos. Del mismo modo que Sarmiento había pensado en su tiempo la Escuela de Paraná …  Parker[1] lo había hecho en Estados Unidos y … Tolstoi en Europa.” (M. Alvarado, 2009-b)
Para Vergara, esta escuela modelo descentralizada debería crearse en el contexto de la libertad de acción del director y del maestro; la propuesta programática que venía circulando en La Educación, incomoda al Consejo Nacional de Educación, que dirigía en forma centralizada el programa educativo escolar. Estas discrepancias lo llevan a un período breve de ostracismo en el cual vuelve a Mendoza a dedicarse a tareas rurales. Pero su colega Zubiaur, Inspector de Enseñanza Secundaria, le ofrece la dirección de la Escuela Normal Mixta de Mercedes, provincia de Bs As, cuya creación acababa de decretarse. (M. Alvarado –b, pag 138). Seguramente a Vergara le habrá parecido una oportunidad única para poner en marcha sus ideas. Muchas de ellas estaban expuestas; entonces, al frente de una escuela recién creada, tendría la ocasión de empezar a construir su propia escuela modelo.
La reforma pedagógica, realizada entre 1887 y 1890, fue posible de reconstruir a partir de los testimonios de Vergara en sus ‘Memorias’ y del debate sostenido entre La Educación donde CNV continuaría publicando, y El Oeste, el diario local que recogería las críticas contra las nuevas ideas.
Para plasmar sus ideas en la práctica concreta, CNV contaba con una institución que ofrecía todas las ventajas en sí misma: las escuelas Normales contaban con su escuela primaria anexa de aplicación, donde las futuras maestras ejercitaban su función docente en un clima de ‘capacitación en servicio’. El no tendría que reorganizar una escuela que ya estaba funcionando, sino crear todo desde sus cimientos.
En la escuela de Mercedes Vergara crea una comunidad educativa sin programas, reglamentos ni horarios, borrando además los límites entre escuela primaria y secundaria, en línea con el institucionalismo de Giner de los Ríos. La experiencia se implantó vigorosamente, en oposición – y lucha – contra el dogmatismo, el metodismo y la burocratización de la enseñanza, provocando una fuerte reacción conservadora tanto en la comunidad del pueblo como en los cenáculos de la educación tradicional.
Las ideas que CNV pondría en práctica abarcaban todos los campos de la educación, desde la filosofía y política educativas, la Psicología del aprendizaje, la disciplina, la didáctica. Vergara tenía clara una primera idea rectora: la educación debía permitir el desarrollo de las capacidades del educando más que inculcar contenidos a través de clases expositivas. De allí su rótulo más popular: defensa de la libertad y la espontaneidad. Esta idea característicamente rousseauniana era compartida por todos los educadores que defendían posturas liberales y libertarias. Para ello proponía que debía abordarse la teoría conjuntamente con la práctica, que el aprendizaje no podía ser solamente teórico y deductivo, que la enseñanza no se traduce en aprendizaje como una transmisión simple, que por las mismas razones debe desecharse el verbalismo, que no hay una única verdad, que las relaciones deben ser horizontales, que el conocimiento no puede ser reproducido acríticamente, que la memorización no debe ser la base del aprendizaje, que la comunidad tiene que participar en las decisiones de la escuela, que los castigos y sanciones operan negativamente en la educación … son principios que hoy suscribimos la mayoría de los educacionistas. Al lado de ello sostenía que como consecuencia de las diferentes necesidades de los sujetos, de las comunidades, los docentes debían tener mayor autonomía para la toma de decisiones y no ser meras correas de transmisión de órdenes emanadas centralmente. Lo mismo valía para las relaciones entre la escuela y las autoridades del sistema educativo, altamente centralizado, y que Vergara intentaba modificar.
“Vergara propuso una metodología que … partía del conocimiento que los alumnos tenían sobre los temas, para luego consultar una pluralidad de libros. Desmistificaba … la prioridad de un libro … la prioridad de la opinión del docente respecto del alumno, la apelación a la autoridad, la verdad única e indiscutible. Entre el conocimiento previo y el contacto con la experiencia daba lugar para promover el contraste e instalar el conflicto en las prácticas educativas cuya resolución no estaba en la palabra del docente. (M. Alvarado, 2009-b)

Si nos remitimos a la Antigüedad, era casi la misma opción dilemática que enfrentaba las posiciones de Platón y de Isócrates. Una concepción de Paideia basada en la verdad absoluta, que desechaba el conocimiento vulgar, contra el acercamiento a una verdad relativa, compartida a través de consensos, que no desechaba sino que incorporaba el conocimiento vulgar. No podremos llevar más lejos esta analogía, en cuanto por otra parte Vergara defendía la concepción dialógica y la mayéutica socrática, en la versión de su más famoso testigo y escriba: el mismo Platón.
Vergara, contra la reificación de los métodos didácticos introducidos por los herbartianos, recomienda a sus docentes poner en marcha una metodología didáctica simple (M. Alvarado, 2009-b):
·            La clase elije por mayoría el punto que debe tratar
·            Luego cada alumno expresa lo que sepa de dicho tema
·            Al día siguiente se trata el mismo tema según las consultas hechas en los libros.
·            Docentes y alumnos llegan a una conclusión que no necesariamente es la de los libros

Estos cambios podrían hoy ser perfectamente explicados por las teorías constructivistas, seguramente más cerca de las tesis de Vygotsky y Bruner:
¨   Los alumnos elijen el tema que les interesa.
¨   Un aprendizaje construido a partir de los conocimientos previos. El nuevo conocimiento se incorpora a esquemas a los que reconfigurará. Esquemas que se reestructuran si hay aprendizaje significativo.
¨   Conocimientos que son reiterados en sucesivas instancias, de mayor complejidad a medida que los estudiantes progresan. Es lo que hoy llamamos aprendizaje en espiral. La diferencia entre los distintos niveles de progreso en esta escuela no está en el tema a tratar, sino en su profundidad.
¨   Conocimientos útiles y práctica unida a la teoría. Lo que la Escuela Nueva y los piagetianos del siglo XX elevarían al rango de ‘mandamiento’.
¨   Diálogo entre pares, relaciones horizontales, circulación de la opinión y de la palabra, movimiento, actividad del alumno, conflicto sociocognitivo por la exteriorización de distintos puntos de vista. Vygotsky a pleno.
¨   La búsqueda de consensos: funcionamiento democrático.
¨   Libertad y horizontalidad en las relaciones entre maestros y alumnos, maestros y directivos, escuela y autoridades centrales.
¨   Incorporación de la comunidad a las decisiones de la escuela, incluso en la elección del director de la escuela. Esta idea no era ajena al proyecto original de Sarmiento, quien se había deslumbrado por la participación de las comunidades en la vida de la escuela gracias a Horace Mann.
¨   Eliminación de las sanciones y aún de la más mínima violencia simbólica – hoy diríamos – como las miradas reprobatorias o impertinentes por parte de los docentes hacia los alumnos.
¨   Libertad en la elección de textos contra la obligatoriedad del uso de determinado texto: el proyecto homogeneizador de la generación del 80 encontraba una apuesta muy alta que la desafiaba. (Alvarado pp 139-140)
En suma – y hablando con categorías que son habituales recién en nuestros tiempos – generaría apropiación del conocimiento, pero no se trataba de una apropiación individual. Vergara buscaba que, a través del diálogo e interacción se generara un espacio común donde la verdad (no ya única) aparecía como productos de múltiples puntos de vista. No era una homogeneización, pero generaba consensos a partir de la diversidad.
Es mucho lo que podemos seguir relatando de la obra de Vergara en Mercedes. Remitimos a los sucesivos trabajos digitalizados de Mercedes Alvarado, que nos han permitido un acercamiento mayor, los cuales constituyen el mayor aporte en la web sobre el tema, ya que por el momento los libros de Vergara no están en línea y no son de fácil acceso en librerías.
Con estos elementos, queremos hacer algunas reflexiones, porque el caso de Vergara atañe a un problema que es central en nuestro trabajo: ¿cuál es la razón por la cual las experiencias innovadoras en educación en Argentina han tenido tan poca vida?: ¿son razones exclusivamente externas, como las resistencias que generan en la parte más conservadora de la sociedad y la institución educativa?: ¿existen además razones intrínsecas, como la falta de preparación, la aplicación extemporánea o la falta de consideración de factores que serían decisivos en el rechazo o el fracaso de la experiencia?. Nosotros aquí haremos algunas reflexiones particulares que están referidas exclusivamente al caso Vergara. [2]
En torno a Vergara podemos decir que se generan posicionamientos complejos y disímiles. Por el “espíritu de los tiempos” – es raro hoy encontrar impugnaciones semejantes a la inmolación que sufrió durante la concreción de su experiencia; sin embargo entre los autores progresistas parece confundirse ‘espontaneísmo’ con improvisación. Incluso Puiggrós, que también exalta su figura, afirma:
“Debe recordarse que Vergara no fue un hombre estudioso, sino más bien intuitivo y que usaba las categorías de acuerdo a su conveniencia, antes que a las reglas internas de las teorías. En realidad, pese a su mal desempeño como alumno en la Escuela Normal de Paraná, fueron los aportes teóricos de Pedro Scalabrini y otros profesores como José María Torres más decisivos en su formación que los textos de Derecho que recorrió en la Universidad Nacional de La Plata …” (A. Puiggrós, 2006: pag 225

Esta impresión parece corroborarse a través de sus escritos, especialmente aquellos de difusión, como son los publicados en la revista racionalista La Educación Popular. Muy diferente es la que se tiene cuando se estudian los cambios introducidos en la escuela de Mercedes, a través del profundo estudio realizado por la investigadora mendocina Mariana Alvarado, quien en sucesivos trabajos va develando distintos aspectos de su vida, de su filosofía y pedagogía, pudiendo visualizarse en ellos, bajo lo manifiesto, una doctrina pedagógica que hoy consideramos coherente. Así, terminamos explicando la coherencia y anticipación a su tiempo que caracterizó a Vergara.
Según A. Puiggrós … no realizó un aporte teórico, pero produjo significantes político-educativos y didácticos abriendo las puertas a la línea de educación alternativa. Su teoría del sujeto de la educación está cargada con elementos cristianos, krausistas, positivistas, evolucionismo no racista y naturalismo optimista’ (A. Puiggrós, 2006: pág. 189). No sorprende que, en lo filosófico y epistemológico, tenga imprecisiones. El desarrollo del sujeto depende de su actividad, pero detrás de todo ello hay un plan que hereda de generaciones anteriores (determinismo natural) y que, a su vez, posee carácter divino; por ello puede relacionar las ideas de Dios, moral y actividad.
Comparado con Dewey, en Vergara hay un componente metafísico y un menor desarrollo sistemático de las ideas educativas. Con respecto a las ideas libertarias, también encontramos coincidencias y discrepancias. Para Vergara lo importante es crear las condiciones ambientales para el desarrollo espontáneo: se opone al verbalismo como al autoritarismo pedagógico, y su estrategia es facilitar la espontaneidad y el contacto con el medio ambiente, constituyendo una especie de manual ‘contra el método’ aunque sería más correcto expresarlo como contrario a los excesos del método, y fue también avanzada elocuente de algunas propuestas actuales del movimiento del antiautoritarismo pedagógico.
Para nosotros es un error presentar la concepción de Vergara como la contradicción del positivismo. Creemos que, principalmente, es un contestatario del Modelo Educativo Hegemónico. Los rasgos salientes de su pedagogía, que podrían ubicarse entre la Escuela Nueva y la autogestión, son sobre todo una refutación de los aspectos teóricos y metodológicos de la escuela tradicional preexistente al positivismo: clases magistrales, disciplina, evaluaciones, memorización, contenidos separados de las necesidades de los educandos, pasividad y obediencia por parte de éstos, etc. El positivismo renovó algunos principios – en cuanto al laicismo, a la epistemología y el rol predominante de las ciencias duras y aplicadas – pero muchos de sus postulados fueron progresistas, mantuvo la estructura del sistema, usando la escuela como herramienta de disciplinamiento social, como en los viejos tiempos. Por otra parte, no podemos olvidar que los mismos anarquistas eran positivistas convencidos, que creían en el poder de la ciencia para disipar la influencia de las falsas creencias y las religiones, y los principios positivistas formaban parte de su ideal doctrinario.
Si bien Vergara no fue un militante anarquista, su relación con ellos fue cierta. De hecho, en su posición epistemológica Vergara fue evolucionando, con o sin influencia ácrata, pero sí paralelamente a sus inspiradores españoles, hacia el krausopositivismo.
Carlos Vergara adhería a un concepto biológico de la historia y a la ‘Escuela histórica’ de Savigny, a la cual ya nos hemos referido al estudiar a Krause. Para él, las buenas teorías no pueden dar ciencia si se descuidan las buenas acciones y “los más grandes bienhechores de la humanidad sabían pocos libros”. Su historicismo, en Argentina, se expresa en enunciados tales como ‘la supresión de los Cabildos por Rivadavia dejó ‘a oscuras a la Patria’ y que los Cabildos eran la cabeza de la libertad y la civilización’. (F. Chávez pág. 84)
En el plano político, como vimos, Vergara tenía posturas antioligárquicas, pero su militancia fue social más que partidaria y no se concretó en una incorporación orgánica a movimiento político alguno. Se acercó en diversos momentos al radicalismo, y también tuvo relaciones de colaboración con los anarquistas del movimiento racionalista, seguidores de Ferrer i Guardia. Pero, a pesar de que publicaba en sus periódicos, tampoco militó en el anarquismo, aunque este movimiento reivindica sus ideas pedagógicas. Sí existieron influencias; recordemos que muchos libertarios históricos se inclinaron hacia el positivismo y el evolucionismo, como fue el caso de Kropotkin.
La fundamentación de Vergara está expresada suigiendo la complicada construcción krausista. Pero la idea más interesante sobre el sujeto destinatario de la educación es, por lo mismo, amplia: la aspiración de llegar a todos, con una condición: mostrar moralidad y buenas costumbres.
Es difícil etiquetar a Vergara. Parece cabalgar entre las ideas krausistas que fueron indudablemente influyentes y exitosas en España durante muchas décadas, y las ideas de Francisco Ferrer, por los acercamientos que tuvo con el movimiento racionalista en nuestro país. Cabe destacar que la línea de Educación Racionalista estaba constituida por los anarquistas de lo que puede considerarse la “línea constructiva, derivada de los organizacionistas, que se esforzaban por anticipar un modelo de sociedad” (J. Suriano, 2004: pág 82)
Creemos que sus prácticas pedagógicas (contacto con la naturaleza, actividad, rechazo de las formas disciplinarias autoritarias, etc.) lo acercan en muchos aspectos a la Escuela Nueva y por otra parte a los que ahora llamamos autogestión pedagógica. Se diferencia de la educación libertaria en cuanto no propone una visión anticlerical ni antiestatal, ni menos aún que sus alumnos egresen como revolucionarios. Aún con rasgos positivistas se aleja de la versión de los herbartianos[3].
Un concepto clave es el de acción. El desarrollo depende de la actividad que se desarrolle. Vergara concibe la actividad como expresión de un plan predeterminado de cada organismo, que resulta de la acción de todas las generaciones anteriores. En ese determinismo natural fundamenta su idea de libertad: como ese plan está preformado, debe garantizarse su expresión libre y espontánea:
“La espontaneidad y la libertad son inherentes al progreso y al desarrollo de todos los seres vivos. Una planta sólo puede crecer y perfeccionarse conforme al plan y al programa ya formado por la herencia desde innumerables generaciones sin que nadie pueda obligarle a crecer tanto por semana o por mes. … Según esto, el plan y el programa a seguir por todos los organismos está ya dentro de ellos mismos, trazado por la naturaleza y corregido por ella. Lo necesario y conveniente es favorecer el desarrollo de ese plan o tendencias íntimas de los seres por las condiciones favorables del medio.” (C. Vergara, 1916)

Al lado de la libertad y la espontaneidad, debe destacarse su metafísica krausista. Ello le permite incluir la idea de Dios, de la moral, de lo bueno. El concepto de acción está asociado directamente con valores morales: La acción será buena en tanto significa poner de manifiesto el espíritu de Dios y la inactividad será mala. Es similar, aunque de diferente base epistemológica, al pensamiento de Dewey. Con base científica, sin recurrir a la metafísica, Dewey destacaba el valor educativo de la experiencia: las experiencias podían ser educativas o no educativas (memorísticas, pasividad).
La importancia que otorga Vergara al medio ambiente también evoca la concepción de Dewey. (Dewey, op cit., cap 2)

El problema del método
Si el positivismo de los herbartianos asigna a la metodología didáctica un lugar relevante y la regula detalladamente, como un “fordismo educativo”, Vergara da amplia libertad de trabajo al sujeto, partiendo del supuesto de que en él todo está prefigurado, y que la libertad le permitirá expresar sus capacidades. Los estímulos externos se sintetizan en crear un ambiente fluido que permita la libre expresión:
De acuerdo con la doctrina expuesta, ‘la sabiduría del pedagogo consistirá en favorecer lo que ya está en los seres y favorecer los planes ya trazados por la Naturaleza. El propósito del educador es enseñar a los alumnos a que marchen, estudien, aprendan, se eduquen y se gobiernen solos … Todo lo que hasta hoy se ha llamado pedagogía y ciencia de la educación queda sin base y sin objeto, dando lugar a una ciencia nueva, con caracteres muy distintos a la anterior pedagogía. La importancia de este nuevo concepto ha de verse en sus aplicaciones. Los métodos y procedimientos que tanto absorben la atención de los pedagogos y de la pedagogía al querer determinar un camino que se imagina indispensable para aprender y enseñar cada una de las materias, quedarán sin consistencia cuando se comprenda que el alma de los métodos y de los procedimientos está en la espontaneidad del maestro y de los alumnos, a la vez que en las condiciones y necesidades del medio ambiente (C. Vergara: 1911, pág. 292  (Tedesco pág. 274-275)

De modo que la cuestión metodológica se reduce a espontaneidad y medio ambiente. Ello lleva a Vergara a constituir una especie de “anti-didáctica”, anticipación elocuente de algunas propuestas actuales de la teoría del antiautoritarismo pedagógico. (Tudesco, 275)
En este esquema: ¿cuál debe ser el rol del maestro?. Es simple: rodear al alumno de un ambiente provisto de elementos adecuados, y en quitar los obstáculos, de manera que el propio educando pueda desarrollar sus potencialidades. Idea típicamente rousseauniana.
Un segundo elemento conceptual en esta postura lo constituye la actividad productiva dentro de la forma de trabajo. Por un lado porque se necesita acción en lugar de palabras; por otra parte, en sentido económico:
“Si no queremos torcer las facultades debemos presentar los asuntos por su lado productivo. Habituando a los alumnos, como ahora hacemos en las escuelas, a que estudien sin relacionar el trabajo, de una manera conciente, con lo productivo, los impulsamos a la esterilidad y violamos las leyes naturales del perfeccionamiento humano … Si cada conocimiento que adquirimos en la escuela pudiéramos utilizarlo fuera de ella o viéramos con frecuencia que otros lo aplican, no sólo no los olvidaríamos sino que nos estimularía constantemente a aprender más.” (Tomado de Tedesco: 277)

Tanto se ha dicho sobre Vergara y tan corta fue su experiencia de Mercedes, que muchos podrán generalizar que el krausismo fue un fracaso en todos los órdenes. Si bien Vergara tuvo menos suerte o prudencia o distinto contexto para introducir estas ideas en la escuela, el krausismo tuvo amplia repercusión en las esferas intelectuales.
Me voy a permitir una analogía; bien puede verse una metáfora del krausismo en un objeto muy familiar a los países del Río de la Plata: el bandoneón[4], también de origen alemán, con poco éxito en su país de origen y con gran repercusión en nuestro país, habiendo sido casi contemporáneos en su nacimiento y en su ingreso a nuestra tierra. A pesar de ello, el bandoneón tuvo más arraigo … y menos enemigos, en cuanto la integración a la orquesta no tuvo las resistencias que la educación en libertad encontró en el concierto social.

Bibliografía
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ALVARADO, Mariana (2009-B): Carlos Norberto Vergara: La locura de Mercedes, en M. Muñoz & P. Vermeren: “Repensando el siglo XIX desde América Latina y Francia: Homenaje al filósofo Arturo A. Roig”, Cap 3. Viejos y nuevos problemas en torno a la educación. Ed. Colihue pp 135-142, en: http://books.google.com/books? id=eUkWxZwA8G0C&lpg=PA135&ots=3Ey52kACuA&dq=carlos%20vergara%20escuela%20mercedes&hl=es&pg=PA135#v=onepage&q=carlos%20vergara%20escuela%20mercedes&f=false  (Recuperado 20.6.2011)
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CALDEIRO, Graciela Paula (); Análisis de la experiencia de Carlos Vergara en: Pedagogía positivista y su alternativa crítica: el espontaneísmo. Recuperado 17.5.2011 del sitio: http://educacion.idoneos.com/index.php/164371#An %C3%A1lisis_de_la_experiencia_de_Carlos_Vergara
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SOLARI, Manuel Horacio (1949): Historia de la educación argentina. Bs As: Paidós.
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Vergara, Carlos N. (1916), Filosofía de la educación. Buenos Aires, Compañía Sudamericana de Billetes de Banco.



[1] Francis Wayland Parker (1837-1902) fue profesor de una escuela rural y coronel en el Ejército. Dewey lo definió como "padre de la educación progresiva". Parker rediseña las escuelas americanas e inicia el proyecto de las Quincy en Massachusetts: Organiza las escuelas como comunidades democráticas aplicando ‘principios derivados de las leyes de la mente’.
[2] Retomamos la discusión en los caps 10 y 11, que reflejan miradas confrontadas o complementarias, según se aplique la noción de dialéctica de Hegel o de Krause. La discusión, partiendo de la Reforma Educativa de Río Negro (CBU) se hace extensiva a otros intentos de reformas que han caído en desgracia,.
[3] Los herbartianos reinterpretan a Herbart y lo despojan de sus componentes holistas; así convierten su pedagogía en el instrumento perfecto para la enseñanza positivista (J. Bowen, 1992)
[4] Dice un cronista “El bandoneón es la historia de un fracaso que nació en Alemania y terminó en los arrabales porteños. Fue creado en 1835 … con el objetivo de difundir la música sacra en lugares abiertos y para reemplazar a los órganos. 

03 junio, 2011

LUZURIAGA: LA INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA



Figura: Don Francisco Giner, el creador de la ILE (foto tomada de 'colectivo giner.com' en http://www.colectivoginer.com/htm/ind8.htm )
Luzuriaga, Lorenzo (1957): Las ideas de la Institución. 
En: La Institución Libre de Enseñanza y la educación en España. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires, pp. 139-156. 

Edición digital marzo 2005 a cargo de José Luis Gómez-Martínez. 
Recuperado 2.6.2011 del sitio:
Luzuriaga fue alumno y docente de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) de Giner de los Ríos, inspirada en el krausismo y en Froebel; con la dictadura franquista se exilia en nuestro país, en donde dirigió una conocida colección en Editorial Losada dedicada a la Escuela Nueva y nuevas tendencias pedagógicas.

Como el mismo autor lo señala, los creadores de la Institución escribieron poco, tan ocupados que estaban con la urgencia de enseñar. La ILE fue quizás la experiencia más exitosa de escolanovismo en España, aun antes de haberse constituido el movimiento de la Escuela Nueva oficialmente. El testimonio del prestigioso pedagogo Lorenzo Luzuriaga resulta valioso por su conocimiento de la Institución desde adentro, así como la perspectiva que dan los años y la distancia. 
En el sitio mencionado se encuentra este capítulo, así como el libro completo de LL
(Juan Carlos Paradiso)

31 mayo, 2011

VERGARA y la EDUCACIÓN RACIONALISTA


Vergara y su participación en la Liga de Educación Racionalista
Carlos N. Vergara participó activamente, en la segunda década del siglo XX, en la publicación “La Escuela Popular”, órgano de la Liga de Educación Racionalista, de orientación anarquista, dirigido inicialmente por Julio Barcos[1]. Esto no nos debe extrañar, en cuanto la posición de Vergara era libertaria en un sentido amplio y ya hemos estudiado las analogías entre el pensamiento de Krause y el anarquismo.

VERGARA, Carlos N. (1912): “La libertad y la ciencia”, La Escuela Popular, Órgano de la Liga de Educación Racionalista, Bs.As., noviembre 1º de 1912, pp 3 Se trata de un artículo compuesto de afirmaciones, no siempre articuladas entre sí, de modo que más que un discurso entramado aparece casi como una serie de aforismos. Aunque es un artículo breve (menos de una carillas) sólo tomaremos alguna de estas afirmaciones y las comentaremos

“La verdad es lo que responde a la realidad”
Esta frase en Argentina suele  adjudicarse a Perón. Sin embargo, tiene que ver con una discusión de los antiguos, donde Aristóteles ubica la verdad en el mundo sensible y no en el mundo platónico de las ideas.
“La opresión es aquello que aplasta y empequeñece a la realidad y a la verdad. Así, la opresión es contraria a la verdad y por lo tanto a la ciencia”.
Por esto se ve que la más amplia expresión de la libertad está en el saber y en la ciencia.
Educar a los niños u hombres, es impulsarlos por el camino de la libertad.
El que más y mejor aplica las prácticas de la libertad es el que mejor educa, porque la libertad implica orden y progreso, ya se trate de individuos o de pueblos.
Los que emplean la imposición y la opresión es porque ignoran la cincia de la libertad, que es la única ciencia verdadera.
Sólo el ignorante oprime y deprime”.
Sin duda, estas expresiones tiene que ver con las ideas libertarias de Vergara, donde su pedagogía es facilitadora, consistiendo en crear al ambiente en el cual el educando crecerá en libertad, a favor de sus propias posibilidades. No cuesta reconocer la influencia de Rousseau. Por otra parte, también parece evidente la escasa argumentación y penetración teórica de Vergara, que ya ha sido señalada por otros autores, aunque parecía suplir estas carencias con su intuición y su empuje.
Juan Carlos Paradiso


[1] Ello será también recordado en el capítulo de Daniela Ponce dedicado a Ferrer i Guardia y su Escuela Moderna (ver el blog Educación Anarquista).

07 octubre, 2007

Espontaneismo: CARLOS NORBERTO VERGARA

Carlos N. Vergara. (Material de cátedra, redactado en base a textos de diversos autores)
(Parte 1ª: síntesis de sus ideas y su obra)

Vergara, Carlos Norberto (1859-1929): Educador argentino representante del krausismo. Egresado de la escuela Normal de Paraná y luego abogado. Su experiencia más famosa y controvertida fue la escuela de Mercedes (provincia de Buenos Aires) en donde puso en práctica sus ideas sobre educación libertaria, antidogmática y espontaneísta. Sus métodos y criterios pedagógicos fueron semejantes a los establecidos en la Institución Libre de enseñanza que fundó Giner de los Ríos en España. Creó una comunidad educativa, sin programas, reglamentos y horarios y fueron borrados los límites entre escuela primaria y secundaria. Desarrollada al calor de la lucha contra el dogmatismo, el metodismo y la burocratización de la enseñanza, la teoría de Vergara no fue original. Según A. Puiggrós (1990: pág. 189) era un hombre de grandes intuiciones, no de prolijas lecturas. No realizó un aporte teórico, pero produjo significantes político-educativos y didácticos abriendo las puertas a la línea de educación alternativa. Su teoría del sujeto de la educación está cargada con elementos cristianos, krausistas, positivistas, evolucionismo no racista y naturalismo optimista. En el plano político se ubica en una posición antioligárquica cercana al radicalismo, mientras que su pedagogía es quasi libertaria, quizás inspirada en Tolstoi. No sorprende que, en lo filosófico y epistemológico, tenga imprecisiones. El desarrollo del sujeto depende de su actividad, pero detrás de todo ello hay un plan que hereda de generaciones anteriores (determinismo natural) y que, a su vez, posee carácter divino; por ello puede relacionar idea de Dios, moral y actividad. Es similar al planteo de Dewey, pero con componente metafísico. De allí que lo importante es crear las condiciones ambientales para el desarrollo espontáneo: se opone al verbalismo como al autoritarismo pedagógico, y las formas metódicas se reducen a espontaneidad y medio ambiente, constituyendo una especie de “anti-didáctica”, anticipación elocuente de algunas propuestas actuales de la teoría del antiautoritarismo pedagógico. (Tedesco, 275)
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Krausismo
Hay una línea de continuidad entre Hegel, Schelling, Krause, el español Sanz del Río, aunque cada uno tiene su propio bagaje. En el caso de Krause hay una preocupación por el conocimiento de la subjetividad más que de ideas a priori. Krause llega a la idea de Dios partiendo de los contenidos de la conciencia. En el ser humano se conjugan Naturaleza y Espíritu en un mismo plano: ambas son también manifestaciones de Dios. Partiendo de aquí nace una línea de defensa de los derechos de la naturaleza, del cuerpo humano, de la mujer y de los animales, como se ve en el krausismo español. En la Argentina esas nociones se introdujeron en una línea de pensamiento democrático y nacional. A ellas adhieren personas de muy diversa ideología, incluso un abundante grupo de normalistas, Joaquín V. González e Hipólito Yrigoyen.

Historicismo
Adhería a un concepto biológico de la historia y a la ‘Escuela histórica’ de Savigny[i]. Para él, las buenas y las malas teorías no pueden dar ciencia si se descuidan las buenas acciones y “los más grandes bienhechores de la humanidad sabían pocos libros”. Dentro de su visión de la historia argentina Vergara empalma con el historicismo: así cuando sostiene que la supresión de los Cabildos por Rivadavia dejó ‘a oscuras a la Patria’ y que los Cabildos eran la cabeza de la libertad y la civilización’. (F. Chávez pág. 84)
En el plano político, Vergara se ubica en una posición antioligárquica que si bien lo acercó en diversos momentos al radicalismo no se concretó en su incorporación orgánica a ningún movimiento político determinado.
Tampoco militó en el anarquismo, a pesar de que este movimiento reivindica sus ideas pedagógicas. Si existieron influencias, recordemos que los libertarios históricos se inclinaron el positivismo y el evolucionismo, como fue el caso de Kropotkin.

Educación: Libertad y autonomía
El principio de autonomía individual de los alumnos fue el punto central de su experiencia pedagógica, intentando llevar a la práctica las ideas pedagógicas de Tolstoi. (Solari 196)
El ser humano es verdaderamente libre ‘cuando obra de acuerdo con su naturaleza racional, sin dejarse dominar por nada contrario a ella’, es decir cuando es moralmente libre. La educación debe, por tanto, tener por meta la libertad moral, pues su objeto no puede ser otro que perfeccionar al ser humano. Para lograrlo es preciso que eduque por la libertad y para la libertad, vale decir “no obligando a las facultades a seguir un camino determinado, sino prestando ocasiones adecuadas para que el discípulo desarrolle sus fuerzas con espontaneidad, y para que vaya libertándose en un orden natural de las condiciones que lo esclavizan, y pueda luego continuar por sí solo el camino del perfeccionamiento”.
Estas ideas llevadas a la práctica en Mercedes produjeron una revolución educativa. El gobierno y la enseñanza del maestro “aplastador de almas” fueron reemplazados por el gobierno y la enseñanza de los alumnos. A nadie se obligaba a estudiar, dejando que los alumnos decidieran por sí mismos sus tareas. “Los inevitables choques con el ambiente, la oposición de muchos de sus colegas y el fracaso evidente, determinaron el alejamiento de Vergara y la terminación de su experiencia que, indudablemente, realizó en forma apresurada.” (pág. 197)
La fundamentación pedagógica de Vergara está expresada en el complicado lenguaje krausista, pero la idea sobre quien debe recibir educación es simple: todo el mundo, siempre que pruebe su moralidad y buenas costumbres.
Tedesco, en su conocida caracterización, opone directivismo a espontaneísmo, y el primero se expresa en esta época en el positivismo, todo se conjuga para señalar a Vergara en las antípodas, es decir en el antipositivismo. Sin embargo, en este aspecto existen discrepancias entre los autores. Para Tedesco (pág. 260) Vergara “postula una seria crítica a los esquemas positivistas de análisis pedagógico, en los momentos en que dichos esquemas poseían un grado muy alto de hegemonía dentro de los ámbitos intelectuales argentinos”. Desde el punto de vista filosófico esa crítica al positivismo puede definirse como una crítica krausista. Sin embargo, para Adriana Puiggrós, Vergara tiene elementos positivistas. Esto puede llamar la atención, aunque debe tenerse presente que su propia personalidad puede haberle alejado de posiciones doctrinarias rígidas. Deberíamos acordar, sin ambages, que las prácticas pedagógicas de Vergara lo acercan en muchos aspectos a la escuela nueva y lo enfrentan frontalmente con la versión de los herbartianos[ii].
Desde el punto de vista filosófico y científico, el análisis del pensamiento de Vergara no resistiría un examen riguroso. Hay imprecisiones, ambigüedades, generalizaciones rápidas y ‘sus esquemas de análisis se extrapolan de un nivel a otro sin demasiado rigor’ (270). En su conjunto, estas características han permitido que se calificara este momento del pensamiento krausista como un momento de ‘empobrecimiento teórico’. Pero vale la pena conocer las ideas centrales de la propuesta teórica para abordar sus cuestiones pedagógicas.
Un concepto clave es el de acción. El desarrollo depende de la actividad que se desarrolle. Vergara concibe la actividad como expresión de un plan predeterminado de cada organismo, que resulta de la acción de todas las generaciones anteriores. En ese determinismo natural absoluto fundamenta su idea de libertad, porque en la medida en que ese plan está preformado, debe garantizarse la expresión de ese plan, que sea libre y espontáneo:
“La espontaneidad y la libertad son inherentes al progreso y al desarrollo de todos los seres vivos. Una planta sólo puede crecer y perfeccionarse conforme al plan y al programa ya formado por la herencia desde innumerables generaciones sin que nadie pueda obligarle a crecer tanto por semana o por mes. … Según esto, el plan y el programa a seguir por todos los organismos está ya dentro de ellos mismos, trazado por la naturaleza y corregido por ella. Lo necesario y conveniente es favorecer el desarrollo de ese plan o tendencias íntimas de los seres por las condiciones favorables del medio.”[iii]

Libertad y espontaneidad son claves, lo mismo que su carácter divino. Con ello retoma la metafísica. Y ello le permite incluir la idea de Dios, de lo moral, de lo bueno. Esta connotación metafísica con la cual Vergara alude al concepto de acción, le permite asociarlo directamente con valores morales: La acción será buena en tanto significa poner de manifiesto el espíritu de Dios y la inactividad será mala.
Educar es estimular la acción ‘verdadera’. Dewey plantea lo mismo por el valor educativo de la experiencia, pero sin metafísica. Dewey consideraba que las experiencias podían ser educativas o no educativas (memorísticas, pasividad) e impedían el crecimiento.
Vergara cree que lo fundamental es rodear al alumno de un ambiente que no trabe el desarrollo.
Critica las prácticas pedagógicas verbalistas. Debe enseñarse en actos y no en palabras.
El papel del método es totalmente distinto al positivista. Lo importante es la espontaneidad y crear el medio ambiente.
La importancia del medio ambiente queda reflejada en las fórmulas con las cuales Vergara expuso sus dos primeros principios educativos, que evocan la concepción de Dewey acerca del papel del medio ambiente.[iv]

Principios educativos de Vergara (Tedesco 273)
Nº 1: “Así como la Naturaleza para formar y perfeccionar los individuos y las especies obra por influencia del medio ambiente, así también debe procederse siempre en la educación. Si la Naturaleza siempre obra por influencia del medio ambiente para dirigir y transformar las especies, es así como deberían proceder los educadores; y casi todo lo que hay que decir sobre la educación debe referirse a la preparación del medio ambiente adecuado, para que el alumno desarrolle los mejores impulsos que la Naturaleza puso en su alma”. [v]
Nº 2: En el alma humana pugna por manifestarse el espíritu divino, y lo más y mejor que puede hacerse por un niño o por un joven es favorecer los buenos impulsos ya existentes en él, alejándole lo adverso y acercándole lo favorable”.
Esta valorización de la acción y de la actividad le permite a Vergara ensayar una crítica a veces furibunda a las prácticas pedagógicas vigentes, todas ellas de carácter libresco y basadas en el verbalismo. Nadie aprende si no es capaz de transformar el saber en actos. Siguiendo con su esquema fuertemente eticista, para Vergara las acciones con más alto valor educativo serán aquellas con más alto contenido moral. Enseñar a hacer el bien es uno de los fines básicos de la educación. (se entiende: no enseñar ‘el bien’ sino enseñar a hacer el bien’)
Al colocar el centro del problema en la actividad libre y espontánea del individuo y valorar la influencia natural del ambiente como el elemento básico de la tarea educadora, Vergara deduce consecuencias prácticas que lo llevarían a formular principios radicalmente contradictorios con los vigentes. Brindan un valioso aporte para la comprensión del fenómeno del autoritarismo pedagógico en distintos momentos históricos.

El problema del método
Si el positivismo asigna a la metodología didáctica un lugar relevante y la regula detalladamente, Vergara da al sujeto la más amplia libertad de trabajo, partiendo del supuesto de que todo está prefigurado en el sujeto y que la libertad le permitirá expresarse a esas condiciones prefiguradas. Los estímulos externos, en lugar de ser cuidadosamente organizados, deben constituir un ambiente fluido, tal que permita la libre expresión. (Tedesco pág. 274-275)
La significativa valoración de las potencialidades autónomas de los sujetos condujo a Vergara a negar el sentido de las investigaciones positivistas destinadas a regular externamente la conducta. No discutió la consistencia interna sino su sentido.
De acuerdo con la doctrina expuesta, la sabiduría del pedagogo consistirá en favorecer lo que ya está en los seres y favorecer los planes ya trazados por la Naturaleza. Como toda la ciencia de la educación se ha propuesto hasta hoy dirigir al espíritu de la niñez y la juventud; ahora al llegar a establecer que el propósito del educador es enseñar a los alumnos a que marchen, estudien, aprendan, se eduquen y se gobiernen solos, resulta que todo lo que hasta hoy se ha llamado pedagogía y ciencia de la educación queda sin base y sin objeto, dando lugar a una ciencia nueva, con caracteres muy distintos a la anterior pedagogía. La importancia de este nuevo concepto ha de verse en sus aplicaciones. Los métodos y procedimientos que tanto absorben la atención de los pedagogos y de la pedagogía al querer determinar un camino que se imagina indispensable para aprender y enseñar cada una de las materias, quedarán sin consistencia cuando se comprenda que el alma de los métodos y de los procedimientos está en la espontaneidad del maestro y de los alumnos, a la vez que en las condiciones y necesidades del medio ambiente.[vi]
De modo que las formas metódicas se reducen a espontaneidad y medio ambiente. Ello lleva a Vergara a constituir una especie de “anti-didáctica”, anticipación elocuente de algunas propuestas actuales de la teoría del antiautoritarismo pedagógico. (Tudesco, 275) Probablemente Vergara no haya conocido la experiencia de Jacotot, en cuanto ha sido rescatada muy recientemente, sepultada o silenciada por más de dos siglos; sin embargo, es seguro que la hubiera usado para reforzar sus posturas teóricas.
Los componentes conceptuales de esta anticipación teórica son los siguientes: en primer término, cataloga los regímenes vigentes como opresores tanto para los maestros como para los alumnos. De ello infiere que:
‘el maestro, tal como hoy se lo conoce, debe desaparecer’ 276
Sobre esta línea argumenta que se debe dar a la escuela unas características de los ambientes no escolares: ‘la escuela es la sociedad misma’
Cuando analiza las tareas, los temas y el papel del alumno:
“Hemos llegado a un momento en que todo lo que se haga por la enseñanza, aun lo mejor, será flor de un día, porque carecerá de consistencia y de base si no es obra directa de la conciencia popular, que la sostenga sobre todos los cambios políticos de gobierno. Por este sistema el alumno ya no tiene como único mundo escolar las cuatro paredes del aula que deprimieran tantas almas infantiles. Los temas de estudio los encuentra en el mundo real que le rodea, en la sociedad misma, que no sólo estudia como observador, sino principalmente como actor, como agente productor de bien para sí y para la comunidad. …
En este esquema, ¡cuál debe ser el rol del maestro?. Vergara rescata la figura de Pedro Scalabrini, profesor de la Escuela Normal de Paraná. Su fórmula sería: “El trabajo del educacionista debe concretarse en rodear al alumno de elementos adecuados y en quitarle obstáculos para que él pueda por sí solo ejecutar sus facultades y perfeccionarse”.
Un segundo elemento conceptual en esta postura lo constituye la actividad productiva dentro de la forma de trabajo. Por un lado porque se necesita acción en lugar de palabras. Por otra parte, en sentido económico, como en el siguiente párrafo:
“Si no queremos torcer las facultades debemos presentar los asuntos por su lado productivo. Habituando a los alumnos, como ahora hacemos en las escuelas, a que estudien sin relacionar el trabajo, de una manera conciente, con lo productivo, los impulsamos a la esterilidad y violamos las leyes naturales del perfeccionamiento humano … Si cada conocimiento que adquirimos en la escuela pudiéramos utilizarlo fuera de ella o viéramos con frecuencia que otros lo aplican, no sólo no los olvidaríamos sino que nos estimularía constantemente a aprender más.” (Tomado de Tedesco: 277)
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Concepción de la disciplina (Tedesco 277)
En este punto se manifiestan plenamente los rasgos antiautoritarios de su doctrina y fue, indudablemente, uno de los que más perturbaciones produjeron en los ambientes sociales de la época, por sus consecuencias prácticas.
Para Vergara, todo tipo de conducta desviada – desde un simple acto de indisciplina hasta un hecho delictivo grave – tiene su origen en circunstancias exteriores o en la herencia, pero nunca en el sujeto, que tiene una responsabilidad muy limitada en la producción de esos actos.
Sobre esta base, le niega valor a cualquier tipo de código disciplinario que se base en castigos.
Para Tedesco, la propuesta “contiene un alto grado de ingenuidad, que la hace muy vulnerable. Sin embargo, lo rescatable es la línea global de su posición, que tiende a enfatizar lo negativo de toda la política coercitiva en el ámbito escolar y a colocar el problema de la disciplina no como factor aislado sino como uno de los componentes básicos de las condiciones para el aprendizaje (compartiendo en ese sentido la responsabilidad junto a los contenidos, los métodos, etc.). La contrapropuesta de Vergara pasa por lograr la disciplina – indispensable para que tenga lugar la tarea de aprendizaje – a partir de condiciones externas adecuadas y estímulos internos lo suficientemente fuertes como para que no tengan sentido las imposiciones formales externas.
Vergara trató de poner en práctica este énfasis en el respeto absoluto por la libertad. Así, en el período en que actuó como Director de la Escuela Normal de Mercedes aplica una resolución en la escuela con la que elimina todo tipo de sanciones:

Escuela Normal de Mercedes. Resolución sobre disciplina (Tedesco, pag 278)
“1º) Que todos los profesores del establecimiento deben tratar a todo alumno que cometa una falta, con entera consideración, proponiéndose hacerle ver que ha cometido un error, no una acción con el deseo de hacer el mal.
2º) Que todos los medios disciplinarios que afecten en lo más mínimo la dignidad del alumno, sean considerados contraproducentes y como que propenden a desorganizar la escuela.
3º) Que ningún profesor dirija palabras ni miradas imperiosas a los alumnos, ni aun al más culpable.
7º) Todos los alumnos deben tener la convicción de que nadie tiene derecho de tocarles su dignidad, ni con una mirada fuerte, y si no tuvieran esa convicción, los profesores están en el deber de dárselas, porque éste es el medio más eficaz de asegurar la disciplina de toda la escuela”. (Énfasis agregado)
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Actividad propuesta
Discutir en pequeños grupos la experiencia y las ideas de Vergara en Mercedes y tratar de llegar a un consenso para exponer al grupo de la clase. Compare y relacione las ideas de Vergara con otras líneas de pensamiento. Cómo presupone usted que reaccionó cada actor social o político frente a esta experiencia?.
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Bibliografía

ARPINI, Adriana: La problemática político-educativa de la integración. Consideraciones para una actualización del mensaje bolivariano. Recuperado de la web 16.9.2005 en sitio: http://www.unb.br/fe/tef/filoesco/resafe/numero001/artigos/art002_arpini.htm
CALDEIRO, Graciela Paula (): Pedagogía positivista y su alternativa crítica: el espontaenismo. Recuperado de la web el 7.10.2007 en el sitio http://educacion.idoneos.com/index.php/164371 (Caldeiro utiliza la palabra espontaenismo)
CHÁVEZ, Fermín (1983): La recuperación de la Conciencia Nacional. Bs.As.: Peña Lillo, pag 84 Puiggrós (2003). Qué pasó en la educación argentina. Breve historia desde la conquista hasta el presente. Bs. As. : Galerna
PUIGGRÓS, Adriana (1990): Sujetos, disciplina y currículum en los orígenes del sistema educativo argentino, Buenos Aires: Galerna, 1990.
ROIG, Arturo Andrés (1969): Los krausistas argentinos. Puebla: Cajica. Roig apunta el inicio de esta influencia en escritos del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza que Carlos Vergara recoge ya a mediados de los ochenta en su El Instructor Popular. Menciona también los artículos que Adolfo Posada envía a El Diario Español de Buenos Aires entre 1906 y 1909
SOLARI, Manuel H. (1949) Historia de la educación argentina. Bs. As.: Paidós (11ª reimpres. 1987) pag 196
TEDESCO, J.C. "La instancia educativa", en Hugo E. Biagini, El movimiento positivista argentino, Buenos Aires, Belgrano, 1985,
TEDESCO, J.C. (1986): Directivismo y espontaneísmo en los orígenes del sistema educativo argentino, en Ibídem: Educación y sociedad en la Argentina (1880-1945). Dimensión argentina, Bs.As.: Ediciones Solar. pp 261-284
TERIGI, Flavia Z. (1991): “El caso Vergara. Producción y exclusión en la génesis del sistema educativo argentino”, en A. Puiggrós (comp.), Sociedad civil y estado en los orígenes del sistema educativo argentino, Buenos Aires: Galerna, pp 225-256.
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Notas:

[i] Escuela histórica. Su doctrina se asienta en dos nociones fundamentales: la de pueblo o nación y la de espíritu popular. Para Ssvigny el pueblo o nación es un conjunto de individuos unidos entre sí por unos sentimientos, tradiciones, lengua y pasado común, factores todos ellos que prestan unidad a la pluralidad individual y permiten hablar de una a modo de "personalidad" del pueblo; cada nación tiene su personalidad o manera de ser que le identifica. En esta tesis se advierte ya una clara posición historicista y enfrentada, por tanto, al iluminismo, que no manejó la idea de nación, sino la de Estado, que es un producto artificial frente a la naturalidad del pueblo: el Estado ha podido nacer del pacto, en tanto que la nación es el resultado de un proceso histórico. La distinción entre Estado y nación era importante para un alemán del siglo XIX, pues permitía hablar de la unidad de la nación alemana pese a estar dividida en diversos Estados. En cuanto al espíritu popular, es un principio que anima a cada pueblo y que impulsa sus creaciones: la lengua, las tradiciones, las costumbres, la música y la danza, los estilos de vida y el Derecho. (M. Trigo Sánchez en http://www.adalog.es/juegosjuridicos/documentos/1000369.htm). Obtenido el 6.10.2007
[ii] Los herbartianos reinterpretan a Herbart y lo despojan de sus componentes holistas, de manera de convertir su pedagogía en el instrumento perfecto para la enseñanza positivista (ver Bowen, en este mismo blog).
[iii] Vergara, Carlos (1916): Filosofía de la educación, Bs.As.: Compañía Sudamericana de Billetes de Banco.
[iv] Dewey: Democracia y educación, capítulo 2
[v] En este primer principio se aprecia la influencia de Darwin, tanto como de Rousseau: el medio ambiente moldea la evolución (Darwin) y hay que permitir que el ambiente actúe naturalmente (Rousseau)
[vi] Vergara, Carlos (1911): Revolución pacífica, Bs.As.: pag 292