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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN

Seminario optativo de la Maestría en Educación Universitaria
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02 junio, 2009

Pedro ABELARDO

(Publicado en Blog # 251)  KW: Abelardo, ‘Historia de mis desventuras’, goliardos, Escolástica, Iglesia, Herejía   

ABELARDO, Pedro (1983): Historia de mis desventuras. Estudio preliminar, traducción y notas José María Cigüela. Bs.As.: CEAL (Biblioteca Básica Universal) (Original Siglo XII). Los amores de Abelardo y Eloisa fueron tomados como bandera por el goliardismo. Pedro Abelardo es considerado un goliardo (J. Delgado, en prólogo de ‘Carmina Burana’ pp IX)

En Internet: http://www.scribd.com/doc/6628977/Abelardo-Pedro-Historia-de-Mis-Desventuras

Libro gratis puede descargarse en formato Zip en: http://66.240.239.19/1/4/3/14363.ZIP

Pedro Abelardo (1072-1142) fue la figura más brillante y polémica de su generación y del primer período de la Escolástica. Vivió por aquellos años en los que la expansión agraria interna y la colonización de regiones periféricas amplió el ámbito europeo. La caballería y el ascetismo se fusionaron en el ideal de la sagrada orden caballeresca; se asistía al gran desarrollo de los cantares de gesta (Roland, Mio Cid), se construían las primeras bóvedas góticas, mientras las escuelas teológicas florecían y triunfaba la dialéctica.

En ese momento de profunda fermentación cultural, Abelardo fue “el único para el que se mostró evidente cuanto era cognoscible” según escribieran sobre su tumba. Soportó constantes persecuciones y condenas: ni los concilios ni Roma lo vieron con buenos ojos. Pero sus enseñanzas fueron celebradas. “Historia de mis desventuras” es una autobiografía, brindando un cuadro comprometido de su época; su pasión por Eloisa fue tomado como bandera por el goliardismo.

Para muchos autores el siglo XII fue una época de gran capacidad creadora, incluso un renacimiento dentro de la Edad Media, de fermentación espiritual y de humanismo religioso.

Nuevas formas de contacto social más activas se habían desarrollado en las ciudades que cubrían toda la extensión de Occidente, viejas ciudades que de nuevo florecían y otras recientes. Se organizaron nuevas órdenes: paralelamente a las antiguas abadías de San Benito se fundaron monasterios de cartujos y agustinos, de cistercienses y premostatenses.

 Glosario

Cistercienses. La orden monástica de Cister fue fundada por Roberto de Molesme en Citeaux en 1098. De aquella primera abadía surgió el impulso y modelo para una renovación de la vida religiosa, recuperando los antiguos principios de la Regla Benedictina y haciendo especial hincapié en la separación del mundo, en la vida de oración, y en el trabajo. La orden se difundió por toda Europa y para finales de la Edad Media contaba con 700 monasterios. En el siglo XVII se dividió en dos ramas: de la «observancia primitiva» o trapistas y de la «observancia común» o cistercienses propiamente dichos. Ver sitio: 

http://www.corazones.org/espiritualidad/espiritualidades/cistercienses.htm

Siger de Bravant

Siger de Brabant (Sigerio de Brabante) fue un filósofo de la escolástica del siglo XIII. Perteneció al partido de la Nation des Picards y a la vez al clero secular canónigo; fue profesor en la Universidad de París, en la Facultad de Artes. Su espíritu era subversivo, y era el principal exponente del movimiento aristotélico radical. Al ser defensor del averroísmo, fue uno de los principales intelectuales censurado por el obispo Stephanus Tempier  cuando 219 tesis subversivas enseñadas en la Sorbona fueron condenadas por la jerarquía religiosa.

Libros de Avicena, Averroes y seguidores se quemaron públicamente. También quemaron obras de Tomás de Aquino y de Siger. Éste vio cómo quemaban sus libros en la calle. En 1276, citaron a Siger ante el inquisidor de Francia, Simon du Val. Al poco tiempo de aquello, tras haber sido acusado de herejía, Siger se fue de París.

Al parecer, huyendo de la Inquisición buscó refugio en Orvieto, dispuesto a llevar una vida de oración lejos de toda disputa. Siete años después de llegar, el amanuense al que dictaba le asesinó. Se comenta que lo hizo con la pluma con la que escribía. Tras esto, muchos de sus críticos dijeron que merecía tal muerte al haber sido la pluma el arma con la que él había hecho tanto daño.

 

Su reflexión filosófica se inscribe en el contexto de la integración de los textos de Aristóteles dentro del pensamiento teológico medieval. Para valorar la audacia de los pensadores de la época, es preciso recordar que, por ejemplo, en una decisión tomada en 1210, el sínodo provincial de París había prohibido comentar los libros de filosofía natural de Aristóteles, incluido el De Anima...

Siger, en sus comentarios sobre Aristóteles, desarrolló las consecuencias del pensamiento de este filósofo, y tomó la decisión de atenerse, sólo a la cuestión filosófica:

"Nuestra intención principal no es la de buscar cuál es la verdad, sino conocer cuál es la opinión del Filósofo".

La verdad es una cuestión reservada a la Fe católica. La razón y la fe son dos órdenes distintas, una es natural, y la otra sobrenatural y cierta. Por medio del razonamiento conocemos el orden natural (que es también el orden de las consecuencias lógicas) y por medio de la revelación conocemos la segunda.

En ‘La Divina Comedia’ Dante sitúa a Siger en el 4º cielo, morada de los sabios, junto a Alberto Magno e Isidoro de Sevilla:

Essa e la luce eterna di Sigieri Che, leggendo nel vico degli strami, Sillogizzo invidiosi veri. ("Divina Commedia: Paradiso", X, 136)

Siger fue el adversario de Alberto Magno y de Tomas de Aquino. Defendió las creencias de Averroes, como el monismo del intelecto humano: un intelecto spiritual para todos los hombres, separado del cuerpo, temporariamente unido con cada organismo para cumplir con el proceso de pensamiento. El hombre es mortal, pero la carrera es inmortal. 

Étienne Tempier, obispo de París, condenará 13 proposiciones por ser “inaceptables en el ámbito del cristianismo”. Luego se promulgó una segunda condena, esta vez de 219 proposiciones. Los principales inculpados en dicha condena: Siger y Boecio de Dacia, otro aristotélico heterodoxo.

19 mayo, 2009

HEREJÍA ALBIGENSE

Figura (tomada de Wikipedia): Una pintura describe la historia de una disputa entre Santo Domingo y los cátaros, en los que los libros de ambos fueron sometidos a una prueba de fuego, y los de Santo Domingo fueron milagrosamente preservados de las llamas (milagro de Fanjeaux). 

El catarismo es la doctrina de los cátaros (o albigenses), un movimiento religioso de carácter que se propagó por Europa Occidental a mediados del siglo X, logrando asentarse hacia el siglo XIII en tierras de Languedoc, donde contaba con la protección de algunos señores feudales vasallos de la corona de Aragón.

Era un movimiento religioso-cultural, propulsor de un nuevo orden social a partir del ascetismo. Con influencias del maniqueísmo, del gnosticismo, y del neoplatonismo residual, entre otros movimientos, proponía una dualidad creadora Dios y Satanás. Los cátaros se caracterizaban por una teología dual, basada en la creencia de que el universo estaba compuesto por dos mundos en conflicto, uno espiritual creado por Dios y el otro material forjado por Satanás. El mundo había sido creado por una deidad diabólica conocida por los gnósticos como el Demiurgo. Los cátaros identificaron al Demiurgo con el ser al que los cristianos denominaban Satán. Sin embargo, los gnósticos del siglo I no habían hecho esta identificación, probablemente porque el concepto del diablo no era popular en aquella época, en tanto que se fue haciendo más y más popular durante la Edad Media.

Según la comprensión cátara, el Reino de Dios no es de este mundo. Dios creó cielos y almas. El mundo material, el mal, las guerras y la Iglesia Católica, con su realidad terrena y la difusión de la fe en la Encarnación de Cristo, era una herramienta de corrupción.

Decían que Jesús había sido una aparición que mostró el camino a Dios. Pero no era posible que un Dios bueno (de naturaleza espiritual) se hubiese reencarnado en forma material, ya que todos los objetos materiales estaban contaminados por el pecado. Esta creencia específica se denominaba docetismo. Más aún, creían que el Dios Bíblico Yahvé era en verdad el diablo, ya que había creado el mundo. Su carácter diabólico se mostraba también en sus cualidades («celoso», «vengativo», «de sangre») y a sus actividades como «Dios de la Guerra». Negando así toda veracidad del antiguo testamento.

La Iglesia consideró sus doctrinas como heréticas. Tras una tentativa misionera, y frente a su creciente influencia y extensión, la Iglesia terminó por invocar el apoyo de la corona de Francia, para lograr su erradicación a partir de 1209 mediante la Cruzada albigense. Los cátaros fueron combatidos de todas las maneras posibles y disponibles en la época. Desde órdenes del Papa, decisiones políticas del rey de Francia contra las autoridades locales, que pertenecían a la nobleza, pero no respondían al centralismo eclesiástico ni al temporal del Rey. El monje Castelnau, legado papal conocido por excomulgar sin contemplaciones a los nobles que protegían a los cátaros, llegó al lugar excomulgando al conde de Toulouse (Tolosa), Raimundo VI (1207) como cómplice de la herejía. El legado fue asesinado por un escudero de Raimundo de Tolosa, lo que fue el detonante que comenzó la cruzada contra los albigenses. Hubo prohibiciones, batallas, expropiaciones de tierras, ejecuciones, deportaciones masivas, pero nada había extinguido la herejía. La Inquisición se estableció en 1229 para extirpar totalmente la herejía. Operando en el sur de Tolosa, Albí, Carcasona y otras ciudades durante todo el siglo XIII y gran parte del XIV, tuvo éxito en la erradicación del movimiento. Desde mayo de 1243 hasta marzo de 1244, la ciudadela cátara de Montsegur de fue asediada por las tropas del senescal de Carcasona y del arzobispo de Narbona.

En 1244 tuvo lugar un acto, en donde los líderes cátaros, así como más de doscientos seguidores, fueron arrojados a una enorme hoguera en el prat dels cremats (prado de los quemados) junto al pie del castillo. Más aún, el Santo Padre (mediante el Concilio de Narbona en 1235 y la Bula Ad extirpanda de 1252) decretó severos castigos contra todos los laicos sospechosos de simpatía con los cátaros. A finales del siglo XIII el movimiento, debilitado, entró en la clandestinidad.