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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN


03 junio, 2008

LAS CRUZADAS

CRUZADAS
Este trabajo es una trascripción parcial del video que fue presentado en la clase del 26.05.2008, con agregados y comentarios de la cátedra e información complementaria de Wikipedia y otras fuentes citadas. Las figuras han sido tomadas de Wikipedia.
Figura 1: Matanza de Judíos. Se supone que la imagen representa la matanza de judíos, identificables por sus sombreros, que son asesinados por cruzados.
Figura 2: asedio a Antioquia, de una miniatura de la época medieval.




El contexto social y económico es el del feudalismo, fenómeno que alcanza su plenitud con la caída del Sacro Imperio inaugurado por Carlomagno. Europa está dividida, con gobernantes que tienen parcelas pequeñas, que son laicos y, aunque católicos, no obedecen al poder Papal.
El mundo conocido estaba concentrado en tres esferas de hegemonía:
Ø Occidente (Estados feudales y el poder religioso, ambos aliados pero no siempre en buenas relaciones). Esta gran ‘hermandad’ de naciones se había forjado en el siglo IX sobre los restos continentales del imperio romano, gracias a las campañas militares y religiosas de Carlomagno, el emperador franco que unificó Europa bajo su gobierno. Esta Europa era la que ahora se dividía en feudos.
Ø Bizancio (otrora brillante y ahora en decadencia) con su capital en Constantinopla.
Ø El Islam (en crecimiento y expansión territorial).

Nada más. Los chinos y otras civilizaciones estaban demasiado lejos y mucho no se conocía de ellos. América ‘no existía’. Solamente los vikingos habían recalado en el Norte, probablemente sin conciencia de que se hallaban a las puertas de un continente.
Algunas cosas inquietantes estaban ocurriendo por el frente Oriental y Sur. En 1076 los turcos selyúcidas (llamados así por su mítico líder Selyuk) habían conquistado Jerusalén, después de conseguir todas las ciudades del Mediterráneo Oriental y la mayor parte de Asia Menor. Hasta entonces estos territorios pertenecían al Imperio Bizantino, cuya capital, Constantinopla, se erigía como la ciudad más próspera y poderosa del mundo conocido, aunque ahora el poderío político y militar se encontraba en decadencia extrema. Los turcos habían derrotado estrepitosamente a los bizantinos y se habían hecho con el control del interior de Anatolia, que hasta entonces había sido la principal área de producción de cereales y caballos del Imperio. Desde allí amenazaban con expulsar a los bizantinos de sus escasas posesiones restantes en la Península. Cuando sube al trono bizantino el general Alexius I (Alejo) Comneno, decide hacer frente a la amenaza turca. Pero para ello necesitaba la ayuda de Occidente, que contaba con un ejército mercenario muy capaz.
La idea de una alianza militar entre todos los países de la Europa cristiana con el fin de atacar a un enemigo común, hasta entonces inaudita, comenzó a gestarse en marzo de 1095, durante el Concilio de Piacenza. Ante una nutrida concentración de obispos franceses, borgoñones e italianos (su número era tal que la reunión tuvo que realizarse a las afueras de la ciudad), Urbano II recibió la visita de un embajador del emperador bizantino, que pedía ayuda contra los turcos.
Urbano garantizó su apoyo a los bizantinos y concibió la idea de arrebatar Tierra Santa a los selyúcidas, poniéndola bajo el mando de europeos occidentales. En 1095 convocó el Concilio de Clermont, al que acudieron en su mayor parte clérigos y laicos de origen francés (más precisamente francos), con el fin de dar a conocer su proyecto. Los asistentes se dejaron seducir por las arengas de Urbano, quien al final del Concilio pronuncia un encendido discurso, postulando que Dios había elegido a Francia como guía de la Cristiandad para liberar las tierras sagradas de Canaán del yugo de los infieles musulmanes, en un proceso en el que todo aquél que participase vería perdonados sus pecados y sería recompensado a su llegada a Palestina con fértiles tierras ricas en leche y miel. Cuando preguntó a los asistentes si pondrían su espada al servicio de Dios, toda la audiencia contestó con un sonoro Dieu le veut! ("¡Dios lo quiere!") que a partir de entonces se convertiría en el grito de guerra de los cruzados.
De este famoso discurso de Urbano hay varias versiones de personas que lo presenciaron, que pueden consultarse en la web (ver abajo). Aunque existen algunas variaciones entre ellas, coinciden en el sentido de incitación a la Guerra por mandato de Dios.
In 1094 or 1095, Alexios I Komnenos, the Byzantine emperor, sent to the pope, Urban II, and asked for aid from the west against the Seljuq Turks, who taken nearly all of Asia Minor from him. At the council of Clermont Urban addressed a great crowd and urged all to go to the aid of the Greeks and to recover Palestine from the rule of the Muslims. The acts of the council have not been preserved, but we have five accounts of the speech of Urban which were written by men who were present and heard him.
Tomado de Medieval Source Book: http://www.fordham.edu/halsall/source/urban2-fulcher.html
La organización de la Cruzada (sería la Primera) sirve a Urbano para convocar a los dispersos caballeros detrás de una causa que servía a la Iglesia y, en definitiva se alistaban por su llamado. La promesa era la salvación eterna sin purgatorio, pero para los que llegaran a la tierra a reconquistar, la riqueza de una tierra fértil.

Adelantándose a esta lucha en el extranjero contra los musulmanes, muchos fanáticos comenzaron en la misma Europa una matanza contra los judíos, arrebatándoles sus bienes y repartiéndose el botín.
























La Cruzada es emprendida al año siguiente por diversos contingentes de caballeros, soldados, clérigos y campesinos europeos, que se irían reuniendo junto a Constantinopla, en el extremo Oriental de Europa. Allí se juntan los ejércitos de Bohemundo de Tarento, Godofredo de Bouillon (devoto creyente), su hermano Balduino de Flandes (un oportunista), Roberto de Normandía y Raimundo de Tolosa.
La mayoría eran franceses (el francés se convertiría en lingua franca de los cruzados y sus futuros estados en Oriente Próximo), aunque también había normandos y flamencos en gran número. Los cruzados llegaron a Constantinopla, tomaron Nicea, expulsaron lentamente a los turcos de Anatolia (que fue devuelta a los bizantinos) hasta llegar a Antioquía y conquistarla (La figura representa el asedio de dicha ciudad)
Bohemundo será el nuevo señor de Antioquía.















































La ciudad de Maarat se encontraba a tres días de marcha. Sería el próximo objetivo. Es sitiada y va cediendo ante la presión de los francos. El relato lo conocemos de la mano del historiador Ibn-al-Atir:
Llega la noche del 11 de diciembre y los frany[1] aún no se atreven a entrar en la ciudad; los notables de la ciudad se ponen en contacto con Bohemundo, que está a la cabeza de los asaltantes. El jefe franco promete a los habitantes perdonarles la vida si detienen la lucha y se retiran de ciertos edificios. Aferrándose desesperadamente a su palabra, las familias se agrupan en las casas y en los sótanos de la ciudad y esperan temblando durante toda la noche. Al alba llegan los frany: es una carnicería. "Durante tres días pasaron a la gente a cuchillo, matando a más de cien mil personas y cogiendo muchos prisioneros". Está claro que las cifras de Ibn-al-Atir son fantasiosas pues los habitantes de la ciudad apenas eran diez mil. Pero el horror en este caso no reside tanto en el número de víctimas como en la suerte que les estaba reservada.
"En Maarat, los nuestros cocían a los paganos adultos en las cazuelas, a los niños en espetones y se los comían asados".
Esta confesión pertenece al cronista franco Raul de Caen. El cronista Osama Ibn Munqidh, nacido tres años antes de estos acontecimientos en la vecina Shayzar, había de escribir un día:

Cuantos se han informado sobre los frany ya han visto en ellos a alimañas, que tienen la superioridad del valor y del ardor en el combate, pero ninguna otra, lo mismo que los animales tienen la superioridad de la fuerza y la agresión.

¿Se comieron los invasores occidentales a los habitantes de Maarat con el sólo fin de sobrevivir? Así lo afirmarán sus jefes al año siguiente en una carta oficial al Papa: Un hambre terrible asaltó al ejército en Maarat y lo puso en la cruel necesidad de alimentarse de los cadáveres de los sarracenos. Pero tales afirmaciones parecen hechas a la ligera, pues los habitantes de la región de Maarat asisten, durante ese siniestro invierno, a comportamientos que no se explican sólo por el hambre. Ven a bandas de frany fanatizadas, los tafurs, que se diseminan por la campaña clamando a voz en cuello que quieren comer la carne de los sarracenos. ¿Caníbales por necesidad? ¿Caníbales por fanatismo? A este respecto, sigue siendo un horror sin par una frase del cronista franco Alberto de Aquisgrán, que participa personalmente en la batalla de Maarat:
"¡A los nuestros no les repugnaba comerse no sólo a los turcos y a los sarracenos que habían matado sino tampoco a los perros!".

Los relatos que se refieren a los actos de canibalismo cometidos por los ejércitos francos en Maarat en 1098 son numerosos –y concuerdan– entre los cronistas francos de la época. Hasta el siglo XIX, aún aparecen con todo detalle en los escritos de los historiadores europeos como Michaud en Histoire des croisades y Bibliographie des croisades, hacia 1822. Por el contrario, en el siglo XX estos relatos –¿misión civilizadora obliga?– generalmente se ocultan. Grousset, en los tres volúmenes de su Histoire ni siquiera los menciona; Runciman se limita a una alusión: «reinaba el hambre…. El canibalismo parecía la única solución».

Finalmente los francos se dirigieron hacia el sur para poner sitio a Jerusalén, la meta de la aventura. Urbano II procuró mantenerse informado de los avances de la empresa tan pronto como fuera posible, pero murió finalmente en Roma en 1099, 14 días antes de que los cruzados pudieran superar las defensas musulmanas y tomaran definitivamente Jerusalén.

La "Cristianización" de Sicilia y Campania
Casi tan ambiciosa como la proclamación de la Primera Cruzada en Oriente fue la política de Urbano II de cristianizar el sur de la Península itálica y Sicilia. La mayoría de los habitantes de estas regiones ya eran cristianos, si bien no reconocían al Patriarca de Roma sino al de Constantinopla y seguían el rito griego en lugar del latino. En Sicilia, tras varios siglos de dominación musulmana hasta su conquista por los normandos en 1061, existía también una pequeña comunidad islámica.

Bibliografía y Sitios en la web
Internet Medieval Source Book. Fordham University Center for Medieval Studies. Excelente material (en inglés) http://www.fordham.edu/halsall/sbook.html
Bohemundo de Tarento. Interesante biografía de quien fue quizás el verdadero líder de la I Cruzada http://es.wikipedia.org/wiki/Bohemundo_de_Tarento
Godofredo de Bouillon,
Balduino de Flandes,
Roberto de Normandía
Raimundo de Tolosa
MAALOUF, Amin (1983): Las cruzadas vistas por los árabes. (Les croisades vues par les Arabes) http://es.wikipedia.org/wiki/Las_cruzadas_vistas_por_los_%C3%A1rabes Escritor libanés; ensayo histórico sobre las cruzadas desde el punto de vista de los historiadores musulmanes. Maalouf contrasta también a menudo el punto de vista cristiano sobre hechos como el canibalismo de los cruzados en Maarat. Imprescindible para explicar el mundo musulmán en esa época. En el epílogo esboza las razones de por qué el mundo musulmán, a pesar de ser el vencedor en las cruzadas, pierde, sin embargo, a partir de entonces la dinámica histórica en favor del occidente cristiano. Las razones que aporta el autor son las siguientes:
A) Los árabes padecían, desde antes de las cruzadas, determinadas taras que la presencia franca quizá agravó, pero que no creó de la nada. El pueblo del Profeta había perdido, desde el siglo IX, el control de su destino: la mayor parte de los gobernantes no eran árabes; también los guerreros ya no eran árabes.
B) La incapacidad de crear instituciones estables: toda monarquía estaba amenazada con la muerte del monarca, toda transmisión de poder provocaba la guerra civil. Además, no existía límite alguno para el poder arbitrario del príncipe.
C) Durante todas las cruzadas, los árabes se negaron a abrirse a las ideas de los occidentales, mientras que los occidentales siempre se han beneficiado de los adelantos de la civilización musulmana: transmisión de la herencia griega, conocimientos científicos, industria, agricultura.
D) Con las cruzadas, el mundo musulmán se encerró en sí mismo, asediado por doquier. Se volvió friolero, defensivo, intolerante y estéril. A partir de entonces el progreso, el modernismo, será algo ajeno, y en los estados musulmanes se han dado fases de occidentalización forzada y fases de integrismo a ultranza fuertemente xenófobo.
Urbano II. Discurso de Urbano II en el concilio de Clermont de 1095 según Fulcher (Fulquerio) de Chartres Gesta Francorum Jerusalem Expugnantium http://www.geocities.com/Paris/Opera/2226/urbanoesp.htm


Glosario

Frany. Deformación del gentilicio franc con el que los francos, y por extensión los occidentales, eran conocidos por los mulsumanes.

Lengua franca (lingua franca) idioma adoptado para un entendimiento común entre personas que no tienen la misma lengua materna. Puede ser una mezcla o contaminación natural de varios idiomas, una lengua artificial que contenga palabras y expresiones fáciles para entender en distintos idiomas (como el esperanto) o una lengua de un país hegemónico – en una época el francés como ahora el inglés –. En las cruzadas la lengua franca era la hablada por los franceses.

Maraat. Canibalismo. Ver Antropofagia cristiana medieval by Ganz Francisco

Sarracenos (sarakenoi). Nombre que se daba en la Antigua Grecia a las tribus nómadas del centro y norte de Arabia. Los romanos establecidos en la provincia de Arabia Pétrea tuvieron trato con dicho pueblo, al que denominaba sarraceni. Este fue genéricamente, el nombre con que la cristiandad llamó a los árabes, cuya fuerza central de expansión fue la religión islámica.

Turcos. Comprendían varias tribus, como los selyúcidas o Seljuq (llamados así por su mítico líder Selyuk). Se incorporaron al Islam, y luego cobijaron a otras tribus turcas y las convirtieron, como la de los otomanos (con su líder Osman), guerreros que se irían apropiando del territorio y darían el asalto final a Constantinopla, poniendo final cronológico a la Edad Media.