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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN


28 mayo, 2007

Vida en los monasterios (Siglo XI)


(Tomado de MANACORDA, Mario Alighiero (1987): Historia de la Educación 1. De la Antigüedad al 1500. México: Galache / Barcelona: Siglo XXI. [1] cap V: La educación en la Baja Edad Media, pp 219-262. Resumen informal y notas por J. C. Paradiso[2]. Uso exclusivo cátedra de Historia de la Educación.
[1] Un resumen completo de los dos tomos realizado por Maribel González García en 2001, se puede encontrar en el sitio: http://www.universidadabierta.edu.mx/SerEst/Apuntes/GonzalezMaribel_HistoriaEducacion.htm
[2] Los superíndices, excepto los que corresponden a llamadas al pie, indican el número de página del texto original de Manacorda.

Figura: Monasterio de Cluny (Una de las torres salvadas de la destrucción total).
La vida en los monasterios puede ser intuida a través de algunas disposiciones[1]. En cuanto a las escuelas que existían en estas instituciones, el testimonio del abad Guido, del monasterio de Farfa, puede servir de ejemplo:
“Los niños han de tener en la escuela los libros, los útiles y la jícara [2] para lavarse la cabeza … Cuando sea tiempo de hablar, pueden hacerlo en la escuela; fuera de la escuela no hablen … los miércoles y los sábados pueden tener recreación en la escuela “ (pag 220-221)
Sin embargo, los monasterios se renuevan y se renuevan la Regulae, reproponiendo la instrucción de los monjes y los oblatos[3]. Hay testimonios, como el del monastero de Montecasino, en el siglo XI, donde se prescribe que todos los monjes deben aprender las letras. La Regula cluniacensis dedica mucha atención a la ceremonia con la que los oblatos – niños – eran acogidos. La petición la presentaban los padres o, en su ausencia, un monje que los representaba.
Un vistazo al monasterio permitiría divisar, además del ‘deber ser’ de las reglas, lo que realmente era la vida. En un comentario que hace Pedro el Venerable, abad de Cluny en los Statuta congregationis cluniacensis, enunciando las disposiciones y explicando el motivo se lee:
“Ha sido dispuesto restablecer al menos en parte el antiguo y santo trabajo de las manos … El motivo de esta disposición fue que el ocio ocupaba a tantos de los nuestros que, excepto los pocos que leían y los raros que escribían, los otros o dormían apoyados en las paredes del claustro, o desde la salida hasta la puesta del sol, e incluso a media noche, si podían hacerlo impunemente, se pasaban todo el día en charlas vanas y ociosas, y lo que es peor, la mayoría de las veces maliciosas.” (Manacorda, pág. 221)
… Al respecto comenta Manacorda que estos jóvenes monjes son también ellos, antes que todo hombres, más aún son muchachos, que viven sus largas horas de compromiso y de estudio y sus breves momentos de ocio no siempre elegante … Pronto los encontraremos de nuevo bajo la forma de goliardos.222

“LXIII. Se establece que las camisas … de los frailes que se han de flagelar más gravemente por alguna culpa especialmente grave, que antes se solían desgarrar y arrancar a la fuerza hasta la cintura, no se desgarren, sino que se conserven intactas y el hemano que se ha de someter a lo sgolpes sea desnudado del todo. El motivo de esta disposición fue evitar tanto el daño frecuente de las camisas desgarradas como golpear sin pérdida de tiempo al hermano del todo desnudo”.
[1] Ver Statuta congregationis cluniacenses (monasterio de Cluny). Acerca de la Regla ver Historia de la Iglesia en sitio: http://www.mercaba.org/FICHAS/IGLESIA/HT/4-01_capitulo.htm. También se puede encontrar algunos detalles del monasterio y de las reglas en http://www.arteguias.com/cluniacense.htm. En “El Nombre de la Rosa” se reproducen los horarios de un monasterio, dividiendo el libro precisamente de acuerdo a los mismos horarios prescriptos como rutina en la Regla (JCP).
[2] Taza pequeña
[3] Oblato. Palabra usada para designar a algunas personas, no monjes profesos o frailes, que habían sido ofrecidos a Dios o se habían consagrado ellos mismos. Ha tenido diferentes usos en diferentes períodos de la historia de la Iglesia: hijos dados por sus padres a la vida monástica bajo la Regla de San Benito, hasta que el Concilio de Toledo (656) prohibió aceptarlos antes de los 10 años y les garantizó el permiso para abandonar el monasterio, si deseaban, cuando llegasen a la pubertad. La palabra después fue utilizada para designar a laicos pensionados por la realeza u otros patronos en monasterios. Una historia completa de la evolución del concepto puede encontrarse en: http://www.enciclopediacatolica.com/o/oblati.htm