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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN


26 noviembre, 2006

Grecia Antigua

(Redacción: Javier Dabove)
Florecimiento de la Filosofía Griega

En toda cultura ha habido pensadores, en sentido estrictamente etimológico, “amantes de la sabiduría”. Pero encontramos que se presenta a la filosofía como una creación griega, y salvo algunas aportaciones islámicas y judaicas, en general constituye una construcción típicamente occidental.
Los periodos de libertad suelen coincidir con producción de pensamientos y saberes heterogéneos, posibilidades de proliferación. Las formas de organización social suele reflejarse en las respuestas dadas a los interrogantes formulados. Los griegos de antes de nuestra era se encontraron con inevitables influencias orientales y con posibilidades del desarrollo del pensamiento de forma libre. No soportaban monarquías de derecho divino ni que se les impusieran creencias oficiales; la religión no debía pretenderse mucho más allá de una práctica social, no debía pretender dar respuestas a todos los interrogantes. No se dio el lugar a elaboraciones teológicas que aprisionaran la razón. Los primeros filósofos encontraron espacios de mayor libertad en las colonias de Asia menor y la Magna Grecia.
Comenzaron formulándose interrogaciones acerca de lo que los rodea, acerca de la naturaleza. Las especulaciones apuntaron a determinar cual es el principio de unidad de la materia, la “materia primera” de la que todo es transformación.
Tales de Mileto (642-546 a.C.) era uno de estos pensadores y un hombre público. El principio aquel, para Tales, es el agua que en diversos grados de condensación da lugar a todos los elementos y estados, es una fuerza eterna y susceptible de dar existencia.
Anaximandro, también de Mileto, discípulo de Tales, critica la atribución del principio (arje) a una sustancia particular, diciendo que la materia limitada y finita no puede dar lugar a lo infinito y eterno. Dice entonces que el primer principio es indeterminado e inasible para la experiencia. Comienza a introducirse un primer elemento de abstracción en el camino de la filosofía.
Anaximandro dice que ese primer principio es lo uno, necesario y atemporal. Las cosas concretas que de el derivan son otras tantas rupturas fruto, por lo tanto, de un trastorno, de una caída, o de perversión de lo perfecto.
Por otro lado, Anaximenes (588-524 a.C.), milesio también, dice que el arje no es un elemento tan inconcreto como afirma Anaximandro. Señala al aire como materia primera de la que derivan todas las cosas. El aire es un principio vital capaz de dar vida y de transformar las manifestaciones de esta.
Luego, los Persas toman bajo su poder a las ciudades jonias, determinando que el pensamiento filosófico se concentre en la Magna Grecia. Así florece un movimiento sectario místico y sobre el que poco se sabe. Con adeptos viviendo en comunidades de reglas fijas, y con un fondo religioso, tuvieron un papel político importante. Me refiero a la escuela de los Pitagóricos, fundada por Pitágoras (572-500 a.C.) en Colona, y que perdura hasta la época Helenística. La base de sus enseñanzas son los números; desde esta base se relacionan los principios abstractos con la construcción de figuras geométricas, notas musicales, colores, etc. Así se intenta dar cuenta del mundo y sus fenómenos. Otro aspecto de la enseñanza Pitagórica es el sistema moral, no muy bien conocido, que postula la transmigración de las almas.
También en la Magna Grecia, contemporáneamente al florecimiento Pitagórico, surge otra escuela de pensadores que se conoce como los Eleatas. Elea era la ciudad natal de Parmenides principal representante de esta escuela. Con sus especulaciones se esfuerzan por ir mas allá de la opinión (doxa), buscando la verdad (aletheia). Así es que se encuentran con un principio no material de las cosas, el ente. El principio material de los jonios es superado, y la especulación se torna metafísica al tomar por objeto al ser. Parmenides pensaba que la realidad autentica (vía de la verdad y de la razón) esta mas allá de las apariencias sensibles y que es el ente, único, inmóvil y eterno que se limita a ser.
Oriundo de una ciudad de Asia menor llamada Efeso encontramos otro exponente importante del florecimiento del pensamiento filosófico griego, Heraclito (540-476 a.C.) conocido como el filósofo del devenir. Desengañado por intervenir en las luchas políticas de la sociedad, huye a vivir en soledad. También se plantea el problema de la realidad de las cosas, pero su especulación es diferente a la de los eleatas. Mientras que para Parmenides y Senon solo el ser es, y el movimiento resulta ilusorio, para Heraclito nada es y todo se encuentra en constante transformación. La realidad es impermanente y fluye. La materia primera es el fuego. El movimiento es lucha, transformación y confrontación, y de ahí salen todas las cosas. No existe un ser inmutable por encima de las contingencias; aunque si existe la razón (nous) que tiene por objeto al conocimiento, este resulta imposible por la impermanencia de lo real.
Unos doscientos años mas tarde de que Tales iniciara sus especulaciones, la interrogación sobre la naturaleza lleva a planteos acerca del lugar del hombre en ese marco natural, que es lo que lo distingue específicamente, y por ese lado llega la interrogación de cómo debe ser su conducta. El centro de gravedad geográfico del quehacer filosófico se desplaza desde la periferia Helénica al corazón mismo del ámbito cultural griego del siglo de Pericles y de la época de las guerras del peloponeso: Atenas.

Los Sofistas

Sofista significa sabio; solemos conocerlos como típicos personajes de la escena griega de la época que nos ocupa, de florecimiento en cuanto al pensamiento. Llevaron una vida social activa, promoviendo debates en las plazas públicas y erigiéndose como maestros que, por primera vez, cobran por impartir sus enseñanzas. Generalmente se oponían a las especulaciones abstractas, buscando la utilidad y la aplicación de los conocimientos a los aspectos prácticos de la sociedad y de la política.
Por sus intenciones didácticas prestaron mayor atención al lenguaje, sentando importantes bases de la filología y de la lingüística. Pero en esta misma preocupación se encontraron con la retórica, lo cual llevara a Aristóteles a calificar de “saber aparente” al pensamiento de los sofistas. Así también comienzan las acepciones peyorativas que la posteridad atribuye a términos como sofista, sofisma, etc.
Mucho mas tarde, con Hegel, que consideraba a los sofistas como los maestros de Grecia, se inicia una revalorizacion de la sofistica.
Uno de los principales representantes de los sofistas, Protagoras de Abdera (480-410 a.C.) afirmaba que “el hombre es la medida de todas las cosas”; un decir que implica adoptar cierto relativismo filosófico en el que no se pretende la búsqueda del ser si no la consecución de una existencia justa y digna.
Este relativismo es acentuado por Gorgias (483-390 a.C.) que lanza críticas a los eleatas. Este pensador niega la validez del lenguaje y la posibilidad del conocimiento; este es el punto central de las críticas hechas por parte de Sócrates y su discípulo Platón.
En la tradición occidental ha quedado estipulado, desde esas criticas de Sócrates y sus discípulos, que los sofistas no buscaban el acceso al conocimiento si no mas bien a la elocuencia y al uso del lenguaje acentuando el costado de persuasión para lo cual instituyeron en su tiempo formas de enseñanza, sobre todo en las plazas publicas. Aunque además debemos tener en cuenta las aportaciones que representaron estos típicos personajes de la antigua Grecia.

Sócrates

Nace (470-399 ac), y vive siempre, en Atenas. Siempre se desenvuelve en el ambiente de la sofistica. Pero su autoexigencia moral lo lleva a marginarse y a profundizar en la reflexión humanística.
Al igual que los sofistas emplea siempre el dialogo y el debate pero sin concesiones a la retórica. Se impone como meta el buscar la verdad mediante la introspección y el conocimiento de las propias limitaciones. Concibe un método por el cual disipar los errores a través de preguntas y respuestas; llega a la mayéutica o alumbramiento de una definición que pueda concretar los conceptos. Esto significa la aceptación implícita de la existencia de una verdad susceptible de ser captada siquiera parcialmente por quienes se ejerciten en su búsqueda, desarrollando su conocimiento innato.
La búsqueda de la verdad es el saber que capacita para la vida. Esto es imposible sin el cultivo de la virtud (arete). Obrar mal es por ignorancia. Sabiduría equivale a virtud, y esta última es susceptible de aprendizaje racional que se complementa siguiendo el instinto innato moral (escuchando la voz interior del diamon, que es un demonio que aconseja sobre lo bueno y lo malo).
Sócrates nunca escribió nada – mal que le pese a un ex presidente argentino- aunque se conocen detalles de su vida por medio de sus discípulos. De entre ellos el mas importante es Platón, que le otorga un papel protagónico en sus Diálogos, donde no es posible precisar claramente hasta que punto se es fiel en cuanto a presentar al “autentico” Sócrates, o si se sirve de el como personaje literario para exponer su propio pensamiento.
Si podemos afirmar que se lo destaca por su postura diferente, con respecto a los sofistas de la época. Diferencia fundamentalmente en lo que a su ética respecta. Sabemos que los entretelones de su muerte lo presentan como quien no cede ante las posibilidades de “zafar”, que implicaría un retroceso ético. Aquel clima de libertad ha que hacia referencia mas arriba, como posibilitador de proliferaciones en el pensamiento, muestra, en referencia a la muerte de este filosofo, su filo ultimo y a la vez los cambios que la sociedad griega estaba viviendo.

Platón

Para luego hacer hincapié en Isocrates, es preciso situar el pensamiento de Platón ya que se puede comprender mejor a aquel por las críticas que hace a este.
El verdadero nombre de Platón es Aristocles (428-347 ac).
Por su inquietud filosófica estudia a Heraclito; pero lo fundamental es su encuentro con Sócrates, del cual, como adelanté, fue discípulo aproximadamente diez años hasta la muerte del maestro.
Luego emprende viajes por Egipto y la Magna Grecia, donde conoce las doctrinas pitagóricas y eleáticas que ejercen importantes influencias en sus formulaciones. Fundo una escuela en Atenas, la academia, que perdura hasta el siglo IV de nuestra era.
Expone sus ideas en una treintena de Diálogos, pudiendo agruparse a los principales de la siguiente manera:
Diálogos de juventud, mas críticos que doctrinales, correspondientes al periodo socrático, en los que emplea el método mayeutico para elucidar la verdad (Apología de Sócrates, Criton, Gorgias).
Diálogos de madurez, donde hace aportaciones originales al sistema socrático y postula la teoría de las ideas (Fedom, Banquete, Republica).
Diálogos de la ultima etapa, donde lo característico es la búsqueda de la relación o “participación” de las ideas respecto del mundo sensible, se trata de sus textos mas abstractos y profundos 8Sofista, Parmenides, Política, Filebo, Timeo).
En la Republica es donde explica su concepción del conocimiento mediante la alegoría de la caverna comparando al hombre con un prisionero que contempla la reafilad solo a través de las sombras producidas por una hoguera. Así también simboliza el aprisionamiento del alma inmortal en el cuerpo perecedero.
Es también en la republica donde se pueden encontrar sus ideas acerca de la educación. Lo que se destaca es que el filósofo debía educarse hacia el fin último que consiste en el conocimiento de la idea del bien. Lo primordial para la educación del alma es desarrollar las aptitudes para captar lo inteligible; para esto propone, en primer lugar, el estudio de la aritmética. El número y la unidad son objetos de lo inteligible, mientras que los objetos de la percepción son sensibles.
Otro estudio necesario para el filósofo es la geometría, y lo dice tanto en relación a los aspectos prácticos de la guerra como en cuanto facilita el llegar a la idea del bien por que fuerza al alma a girar hacia lo inteligible.
Pero el estudio supremo es el de la dialéctica, pues se ocupa de la búsqueda del bien y de lo bello. En la dialéctica el proceso gnoseológico es un ascenso de la doxa y lo sensible, hacia instancias más perfectas, superiores, inteligibles y de mayor realidad.
El mundo inteligible es el de las ideas, las matemáticas, el mundo de los números. El mundo inteligible se logra conocer por reminiscencia, lo cual implica postular la inmortalidad del alma; es hacer reemerger lo que ha existido siempre en el interior del alma.
Pero, para las enseñanzas en la academia, no cualquiera es apto; solo algunos podrán recibir conocimientos de filósofo mientras que el resto deberá continuar en la doxa.

Paideia En Isocrates

Las ideas pedagógicas de este pensador y educador del siglo IV a.C subyacen en todos sus discursos, pero no nos lego de forma clara los contenidos de su paideia. Pasamos antes recorriendo a sofistas y a Platón para comprender las críticas de Isocrates hacia ellos. Estas críticas implican ideas políticas y una postura ética.
Criticaba a quienes educaban con fines puramente lucrativos enseñando solo elocuencia y sin preocuparse por el bien y la virtud de la ciudad.
Además, critica el uso de técnicas fijas como los “manuales” de signos gráficos que siempre son iguales; en este respecto alegaba que la virtud de la palabra es justamente que puede ser usada según lo requiera la oportunidad, trascendiendo el carácter de mera copia de reglas fijas.
Cuando critica a los dialécticos, hace clara referencia a los Platónicos. Hacia ellos se dirigían dos criticas: la imposibilidad de la enseñanza de la virtud para quienes no tenian una disposición natural, y también por la imposibilidad de acceder a la verdad, pues la verdad no es un atributo del conocimiento humano.
Estas críticas son fundamentadas en una concepción antropológica dualista: nuestra naturaleza se encuentra compuesta de cuerpo y alma. El alma es mas capaz de dirigir y mas excelsa; pero esta concepción no es privativa de Isocrates, si no que era parte del legado de antiguas tradiciones y la compartían filósofos contemporáneos.
En un sentido ético, planteaba que cada hombre debe ejercer el propio gobierno de las pasiones, de los placeres. Ese gobierno es papel correspondiente al alma justa. Para el orden social consideraba fundamentales a las leyes, la libertad de expresión, y el volver la mirada sobre el legado de los antiguos poetas.
Criticaba también las abstracciones y la metafísica, abogando por el uso pragmático de la palabra. Esto es central en su paideia, el uso adecuado de las palabras, pero no en un sentido como lo entendían los sofistas, por el contrario, en un sentido que implica la virtud de la ciudad. Se despegaba de todo racionalismo abstracto, abogando por el uso de lo útil, lo oportuno.
Políticamente hablando, fomento un panhelenismo a ultranza de unidad cultural de los griegos, esta cuestión esta siempre presente en su pensamiento.
Aunque de lugar a interpretaciones diferentes por no haber dejado en claro los contenidos de su paideia, si es seguro que para este educador lo importante era la educación y el estudio, es lo que mejor viene a nuestra naturaleza. Además, las capacidades humanas son, según el, determinantes respecto al ejercicio de las virtudes, rechazando así las posturas socrático-platónicas de la enseñanza de los valores morales.
Las disposiciones naturales de los discípulos hacia los hábitos virtuosos son un requisito, y luego podrán incrementarse en el ámbito familiar y en una relación estrecha con el maestro. Los padres deberán enseñar la obediencia con demostraciones, y la educación debe hacerse en el amor.
La educación del cuerpo y la filosofía para el alma, ambos puntos se unen en un cuerpo más útil y un alma más sensata. A esto debe sumarse, en la temprana juventud, el aprendizaje del conocimiento de los antepasados, la historia, y también la gramática, la astronomía y la música.
Su paideia es original aconsejando el estudio de la historia, el conocimiento de los hechos del pasado.
Estos aspectos serian el ciclo introductorio de su paideia, sumándose luego otro ciclo que corresponde al estudio de la filosofía, que es, según el, el estudio de lo relativo a los discursos.
En el segundo ciclo, el hablar con propiedad es la mejor prueba de la inteligencia y de un alma buena y justa. Alcanzar lo mejor con la opinión es de sabios, pero no cualquier opinión. Es una doxa fundamentada por el conocimiento de los antepasados, de los sabios, y de allí se explica la importancia atribuida al estudio de la historia.
Pero lo decisivo para un hombre virtuoso es el estudio de la retórica, que es diferente a lo que por tal entendían los sofistas. El arte retórico de Isocrates era un arte puesto al servicio del bien común, una fuerza que se resume en la palabra lagos en su sentido de opinión razonable.
La retórica Isocratica es de un estilo pulido y razonado, pensando en lo útil y conveniente, pero sin caer en la improvisación. Es preocupación en cuanto a la arquitectura general de los discursos, cuidando el enlace de los argumentos. La armonía en el discurso era buscando la musicalidad en la composición.
Isocrates no era un sofista que apuntaba a tomar por verdaderas mentiras engañosas, era un maestro de retórica interesado en discursos literariamente bellos y enlazados al patrimonio histórico y a un conjunto de valores cívicos y patrióticos.


¿Hemos heredado de la Paideia isocratica?

Participamos de una tradición occidental y eso ya nos coloca en algún tipo de relación a Isocrates. Pero precisando mejor la cuestión que nos convoca, podemos rastrear cuestiones legadas desde Isocrates en cuanto a la historia del campo educativo de occidente, por lo demás heterogéneo, etc.
Isocrates es, en parte, responsable del nacimiento de la educación de nivel medio y predominantemente literaria.
Al igual que Aristóteles, fue parte de una clase media de atenienses cultos; ya vimos que su educación apuntaba a formar ciudadanos responsables en los debates en asambleas y tribunales, y no a formar al filosofo-rey en que pensaba Platón.
Para conocer mejor este legado de Isocrates conviene recordar la etimología de la palabra escuela, que nos lleva a la voz latina “otium” desde la cual vamos al griego “echole” que tenia como significado al descanso, al ocio, en el sentido de la posibilidad de disponer de tiempo para la educación suponiendo cierta tranquilidad económica que originariamente estaba limitada a ciertos sectores de la aristocracia y que mas tarde se trasladaría a sectores algo mas amplios de clase media, incluyendo a los hijos de los ciudadanos mas prósperos.
Esta cuestión se relaciona claramente con la tradición extendida antaño, hoy limitada y cuestionada, de suponer en la educación un medio de movilidad social, cargar a la cuenta de la educación las aspiraciones de acceso a lugares de decisión, ascenso social, etc.
Mas tarde, después de la caída del Imperio por las guerras internas y externas, la retórica isocratica ocupara un lugar privilegiado dentro de las “siete artes liberales”, donde el primer ciclo comprendía lo que ya Isocrates había llamado la “gimnasia del alma” : aritmética, geometría, música y astronomía, y el ciclo superior comprendía la retórica, gramática y dialéctica. Así es que, según varios autores, es este canon el que paso de la Grecia antigua al mundo bizantino, de los romanos al occidente latino, y que se ha mantenido presente en nuestras tradiciones occidentales.
Además, se puede decir que este panorama se ha modificado, en relación a las aceleraciones de mediados de siglo XX; al extenderse la educación media de forma masiva, de integrantes con mayor heterogeneidad, desdibujándose la relación entre maestro y discípulo y diluyéndose, en parte, la importancia del conocimiento de las ciencias humanas.

Bibliografía consultada
Áreas, Consultor didáctico, ediciones NAUTA, mayo 1992, Barcelona

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