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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN


11 mayo, 2010

Introducción del alfabeto

INTRODUCCIÓN DEL ALFABETO
Juan Carlos Paradiso

Los sistemas de escritura fueron creados por diferentes civilizaciones con el objeto de dejar registrados y perpetuados datos que necesitarían recuperar en el futuro o transmitir a otros contemporáneos y a futuras generaciones. Las primeras inscripciones serían para solucionar problemas inmediatos, tales como registrar el nombre de contenidos en vasijas o recipientes, quizás especificando la cantidad y el nombre del dueño o depositante. La evolución del sistema permitiría que el mismo pudiera pensarse paulatinamente como una manera de dejar registradas cuestiones de mayor complejidad o en vistas a su utilización en un futuro más remoto. 
Por lo que sabemos hasta ahora, los primeros sistemas aparecieron en el actual Irak, desarrollados por los pueblos que habitaron la Mesopotamia. Allí los sumerios comenzaron a hacer sus primeras anotaciones cuneiformes sobre arcilla, hace más de 5000 años. Los pueblos con los cuales fueron entrando en contacto (semitas, babilónicos, asirios) van incorporando y mejorando a través de los siglos estas herramientas, junto con unas historias de las cuales se apropian, que venían adheridas como contenido de la escritura o de tradiciones orales.
El sistema de escritura de los egipcios, muy posterior, parece haber nacido de una semilla – si se nos permite la metáfora – traída desde Sumer, y que tuvo una evolución distinta, dando origen a los caracteres jeroglíficos. En un lugar muy lejano, en América Central, los Mayas comienzan a desarrollar un sistema autónomo.
Los griegos primitivos poseían un sistema de registro muy antiguo – lineal A – del cual no quedan registros, al cual siguió un sistema de escritura por sílabas, llamado lineal B, que fue descifrado.
Las civilizaciones que inventaron, copiaron o desarrollaron sistemas de escritura, crearon también las instituciones que necesitaban para transmitir la técnica, es decir enseñar a leer y escribir. Así nacen las primeras escuelas, ya en Sumer.
La gran revolución en la escritura se produce cuando se logran aislar los sonidos que conformaban el lenguaje y crear las letras que los representarían. Estamos hablando de los sistemas de escritura alfabética, que permitirían el gran vuelo de la mente que estaba limitado por las marcas cuneiformes, los jeroglíficos, los idiogramas, las meras representaciones visuales de ideas. Como dijimos, tampoco los sistemas silábicos permitieron un vuelo demasiado elevado.
Las evidencia encontradas hasta el momento sugieren que el alfabeto o la idea de éste surgió en Canaán, en la zona que actualmente ocupan Líbano, Israel y Palestina. Se data su comienzo entre los siglos XVII y XV a.C.
Tenemos que reverenciar ese momento en el cual alguien observó que las palabras con las cuales nombraban las cosas, con las cuales daban órdenes, con las cuales expresaban sentimientos o contaban historias, con las que representaban sus ideas, esas miles de palabras no eran más que una sucesión de unos pocos sonidos que se repetían una y otra vez, que se combinaban de distintas formas. A partir de esas distintas palabras, probablemente el primer paso importante fue aislar aquellos sonidos que se repetían; finalmente en una nueva operación estos sonidos serían representados con signos independientes con rasgos distintivos entre ellos. Éstas debieron ser las operaciones intelectuales cruciales:
La primera operación habría consistido en identificar y aislar el sonido puro. Por ejemplo en castellano las palabras Bar, Barro, abu, bulo, comparten por lo menos un sonido, uno que está en todas ellas y, aunque en diferente posición, suena siempre igual. 
La segunda operación requería de la invención de un nuevo símbolo: había que darle forma, escribir eso que habían identificado, y que no eran otra cosa que las letras, más específicamente las consonantes. En el caso del sonido común a las palabras de nuestro ejemplo, había que darle forma al sonido común: así nace B (bet en los alfabetos semíticos, que luego se llamará beta en el griego) cuyo sonido se representa /b/ en fonética.
Cuando analizan otras palabras (nosotros lo expresamos en castellano por comodidad) como gato, gusto, gama, agarra, gustavo, advierten que hay otro sonido que se repite, lo aíslan y lo nombran. Así nace Guimel entre los semitas, que se llamaría Gamma entre los griegos (en fonética se indica como /g/)
¿Cómo surge la idea de una letra que represente el sonido?. En la piedra Rosetta encontramos una clave que nos dan los primeros egipcios que usaron letras para representar sonidos, es decir fonogramas.
Los comienzos de la escritura alfabética se remontan al segundo milenio a.C.: las primeras manifestaciones escritas se fechan en torno al 1500 a .C, aunque algunos autores prefieren situarlas en el siglo XVII a.C. En 1905 sir Flinders Petrie encontró un grupo de inscripciones en Serabit el-Khadim, en la península del Sinaí. La escritura mostraba apariencia jeroglífica, pero los signos pertenecían a un sistema pictográfico desconocido, cuyo registro de formas no llegaba a la treintena. Esta escasez hizo pensar que se trataba de signos alfabéticos y no silábicos utilizados para escribir una lengua desconocida, aunque se supuso que debía ser semítica, ya que los hallazgos se produjeron en las excavaciones de unas minas de turquesas egipcias explotadas en época faraónica por trabajadores cananitas. Así a estos textos, que parten de la lengua de Canaán (actual Israel y Líbano), se les asigna la denominación de protosinaíticos o protocananeos. La más famosa de estas inscripciones es una pequeña esfinge, conservada en el Museo Británico, que contiene diversas inscripciones grabadas en sus lados y entre las patas, así como jeroglíficos egipcios. Éstos dicen "Amada de Hator, Señora de las Turquesas". (J. García García)
Los egipcios eran quienes construyeron esta esfinge, y que reinaban sobre estos territorios. ¿Cómo elegán las letras?: muchas veces por el recurso de acrofonía. Pero la acrofonía usaba letras que también representaban conceptos e ideas, de manera que – para dar un ejemplo castellano – la caricatura de un león podía significar una L o un león completo. Esto complicaba la interpretación de la escritura, como le ocurrió a Champollion cuando descifra los jeroglíficos egipcios a partir de la piedra Rosetta.
El uso de símbolos para representar sonidos puros - ‘claros y distintos’ hubiera dicho Descartes - fue el inicio de una revolución en la comunicación humana, una de las más importantes en la historia del pensamiento y la cultura. También fue una revolución cuando Champollion, siguiendo el camino inverso, a partir de los signos, descifra el significado de los fonemas.
El alfabeto (nombre que alude a las dos primeras letras del griego) se reducía a poco más de 20 signos con los cuales se podía expresar cualquier idea en el lenguaje más elaborado. Era mucho más simple y fácil de enseñar que los complejos sistemas de idiogramas, signos iconicos, jeroglíficos, silabarios, que tenían muchas veces miles de signos que debían aprenderse para lograr ser ‘escriba’ o simplemente para entenderlos. La revolución del alfabeto pone al alcance de todos este instrumento de la escritura y la lectura.
Las lenguas semíticas no distinguen las vocales. Ello no significa que no puedan usarlas, pero el significado de la palabra no varía por los sonidos ‘vocales’. Especulemos:
Al pronunciar una o varias consonantes, por ejemplo ‘KL’ es posible que algunos por comodidad o por variante cultural, pronunciaran /kaLa/ y en otras regiones se pronunciara /keLe/ Pues bien, el significado de ambas palabras era el mismo, de manera que los pueblos semíticos no necesitaron hacer distinciones de los sonidos vocales. También podemos pensar, siempre dentro de esta especulación, que los sonidos vocales que acompañarían a las consonantes fueran como ‘neutros’ como sería una /ə/ de la fonética o un sonido intermedio /ǽ/ o como la ü alemana.
También es interesante mencionar que algunos pueblos que en una época utilizaron vocales, luego las fueron perdiendo, quizás como consecuencia de una especie de involución cultural, como sucedió con los etruscos. Mommsen ha señalado que el pueblo etrusco tiene dos épocas. En la primera se conservó las vocales. Después fue eliminando las vocales y las consonantes finales, debilitó o elidió las vocales en medio de palabra, y de dulce y sonoro que era se convirtió en  en un lenguaje excesivamente duro y áspero. Así Ramutas se convierte en Ramta, Minerva en Menrva, Menelaos en Menle, Alexandros en Elchsentre. (T. Mommsen, 1960, pp 60)

Los sistemas alfabéticos fueron evolucionando especialmente entre los pueblos de origen semítico, que habitaban las regiones de Oriente Próximo. Se considera que los fenicios, ya en posesión de un sistema bastante evolucionado, son los que llevan sus semillas a otros pueblos con los que comerciaban. Con su puñado de signos (las letras del alfabeto) lograron simplificar y convertir la escritura en una herramienta poderosa para que la humanidad diera un gran salto cualitativo.
Quizás la ausencia o papel subsidiario de las vocales favoreciera que los pueblos semitas identificaran y aislaran los sonidos consonantes, como sugere Mommsen (pág. 97-98)


El alfabeto griego
Fue necesario que el alfabeto ingresara al territorio habitado por los griegos para que se desplegara todo su potencial como instrumento de comunicación de ideas, de abstracción, de construcción de teorías sofisticadas sobre el origen del mundo, del ser humano, de las alianzas entre los dioses, de los sentimientos humanos, de la cultura, del cálculo, de la estructura del universo, etc.
Vale la pena hacer una breve referencia a esta irrupción del alfabeto en Grecia, que significa también el traspaso desde las tribus semíticas a las indoeuropeas, que son las que tomarían de allí en adelante el protagonismo.
Esto, por lo menos, es cierto para la historia oficial en Occidente. Desde entonces, los Persas, los Asirios, los Egipcios, los Judíos, más tarde los Musulmanes, etc., serían los vecinos, los Otros, muchas veces los antagonistas. Así se pasaron por alto conquistas culturales importantes, se ensalzaron victorias militares – como la batalla de las Termópilas – donde un puñado de héroes griegos (Espartanos) detiene a todo el ejército de los malignos Persas. Pocos parecen tener en cuenta que en las Guerras Púnicas Roma destruye a Cartago, el centro de la vida fenicia, que a partir de allí parece desaparecer de la tierra. Pocos habrán leído la historia de los ‘300’ espartanos contada por los persas. Y hasta Bush había querido bautizar su invasión desastrosa sobre Irak con el término de ‘Cruzada’.
Para concluir con esta digresión, digamos que con el advenimiento del cristianismo, en principio una secta nacida del judaísmo, comenzará a amalgamarse la historia de un pueblo semítico con el europeo. La Biblia judía, a la cual se suman los Evangelios sobre la vida de Jesús, se convierte en la ‘historia real’ desde la conversión cristiana de los pueblos helenizados y los romanos. Es a partir de entonces cuando los indoeuropeos incorporarán la historia judía como pasado de la civilización occidental. Abraham y Moisés pasarán a ser Historia; Gilgamesh y Beowulf, leyendas primitivas.
Las amalgamas y transferencias de la historia se produjeron en muy diversos sentidos. Los judíos habían incorporado a su propia historia leyendas y mitos mesopotámicos, como el Paraíso terrenal, el diluvio universal, etc. La Iglesia cristianizaría posmortem a Platón – tarea sencilla para San Agustín – y a Aristóteles – misión mucho más complicada pero que Santo Tomás pudo completar con éxito.

Pero volvamos a nuestra historia. Reconocemos que fue en Grecia en donde la escritura alfabética alcanza un desarrollo fundamental para la historia del pensamiento y la cultura.
El primer paso para comprender la lógica de la escritura griega es identificar las letras del alfabeto, así como el complejo sistema de indicadores de entonación y de variantes fonéticas (sistema politónico). Recién entonces, alguien podría adentrarse en la gramática.

El alfabeto es conocido en Grecia alrededor del siglo IX a.C. La fuente más reconocida es su introducción a través de los mercaderes fenicios, aunque se ha sugerido con bastante fundamento que el uso del alfabeto fue el resultado de un proceso dinámico, donde fueron confluyendo ciertas herramientas lingüísticas de pueblos semíticos vecinos, sumadas a una posible base de la escritura lineal B, en verdad un silabario que era utilizado en siglos anteriores en Creta y en parte de la Grecia continental, como Micenas, a su vez derivado del primitivo lineal A. Se han encontrado inscripciones del sistema lineal B suficientes como para lograr descifrarlo, sacando a luz partes vitales de la historia de la Grecia anterior a Homero, desde antes del 1600 al 1300 a.C. donde quedaron registradas por escribas, que obviamente debieron aprender su oficio sistemáticamente.
Sin embargo, en el llamado ‘Período Oscuro’ de la historia de Grecia, que siguió a la caída de la civilización micénica, muchas de las conquistas culturales se perdieron, incluída la escritura lineal. No se han encontrado registros escritos pertenecientes a dicho período en ningún sistema de escritura. Esta aparente desaparición de la escritura es por demás curiosa. Cuando una herramienta es útil para la vida – y la escritura lo era para muchas actividades de la vida – parece inverosímil admitir que todo un pueblo constituído por una miríada de ciudades-Estado haya abandonado totalmente esta práctica. Que no se hayan encontrado hasta ahora restos de la misma es simplemente ausencia de pruebas, pero considero que en Arqueología, al igual que en el Derecho, la falta de pruebas a favor no es igual a una prueba en contra.
Quizás, como en otros aspectos de la cultura, más que el abandono de la herramienta pudo ocurrir su reemplazo por otra. Por ejemplo, cuando comprobamos que la lengua Tehuelche ha casi desaparecido aún dentro de poblaciones de ese origen, es fácil verificar que lo que ha sucedido es su reemplazo por el idioma araucano y más tarde por el castellano. Valga el ejemplo como una transpolación, a pesar de que en la Patagonia estamos hablando de culturas ágrafas, mientras que en Asia Menor, el Fértil Creciente y Grecia en la época que nos ocupa se trataba de pueblos que ya conocían la escritura.
Es posible conjeturar que algo debió reemplazar los registros escritos silábicos del lineal B, pero no se ha encontrado nada que lo pruebe. La aparición de la escritura fenicia, es decir del alfabeto, fue bastante posterior, por lo cual en Grecia la transmisión de las tradiciones históricas y culturales se realizó oralmente, a través de trovadores y juglares, durante varios siglos, hasta que alrededor del siglo IX, un tal Homero las transcribe al recién incorporado alfabeto.
Ahora bien: ¿escribieron algo los griegos durante el período oscuro? Debemos admitir que si ello ocurrió, estuvo muy poco difundido. Sin pruebas, sólo podemos hacer hipótesis. Recordemos que el lineal B se perpetuó hasta nuestros días por accidente, es decir, por los incendios que provocaron el inesperado cocimiento del barro donde estaban las inscripciones. Es lo mismo que decir que donde no se quemara un trozo de barro escrito, al cabo de los años no quedarían rastros de esa escritura.
¿Guardarían, no obstante, registros escritos de algunas transacciones comerciales, de algunas inevitables operaciones cotidianas?: no podemos descartarlo.
Sin embargo, entre los investigadores, existe consenso en afirmar que ni la escritura lineal B ni las protoalfabéticas de sus vecinos, parecen haber sido campo fértil para que florezca la “alta cultura”, en cuanto no se adaptaban a la riqueza de las creaciones míticas, las narraciones de hazañas extraordinarias que los griegos ya registraban en su memoria colectiva, ya sea que las hubieran presenciado o inventado y que supieron mantener vivas a través de un lenguaje que seguramente exigía otras formas de  materialización escrita más ricas.
La introducción del alfabeto fenicio, que era una variante de los semíticos, les brindó la herramienta que estaban necesitando.

Es así que, en el comienzo de la llamada Era Arcaica, es decir a partir del siglo VIII aC (años 800 al 700 aC), los griegos reaparecen en la historia, ya de la mano de la nueva tecnología perfeccionada notablemente por ellos: el alfabeto griego que difiere muy poco del que se está usando 2800 años después. 
De manera que, cuando llegan los fenicios con su alfabeto habrían encontrado un terreno fértil, es decir un pueblo con herramientas lingüísticas protoliterarias, O lo que hoy llamaríamos con un aprestamiento para incorporar la nueva tecnología. Y con necesidad de dejar testimonio perdurable de su cultura.
De la transferencia o asimilación del alfabeto fenicio quedan pocas dudas, comparando ambos alfabetos: nombre de las letras, orden en el cual se escriben, semejanza de los signos con los cuales se representan los sonidos, correspondencia entre sonido y grafía. Ciertamente, las letras del primitivo alfabeto eran exclusivamente mayúsculas; la introducción de la letra minúscula significó un avamce considerable pero tardío.
Los griegos, en posesión entonces de esta nueva herramienta, comienzan a escribir. Seguramente que las transacciones comerciales estuvieron entre las primeras aplicaciones, pero lo que nos interesa traer a colación es la transcripción de las poesías y de los mitos y las historias épicas fundacionales helénicas. Así tomarán forma de texto escrito, la Ilíada y la Odisea, historias que habían sido recogidas y transmitidas por generaciones durante más de tres siglos gracias a las tradiciones orales.
La creación de las vocales: el invento griego
Pero los griegos no pudieron usar el alfabeto importado por los fenicios de la misma manera. Las lenguas semíticas no requieren distinguir entre las vocales, pues el significado de las palabras viene fundamentalmente indicado por las consonantes. Los giregos, mientras tanto, habían desarrollado una lengua que requería efectuar distinciones entre las vocales.
Digamos que los fenicios debían tener y usar muchas consonantes, mientras que los griegos no necesitaban tantas, pero sí requerían vocales para entenderse. ¿Qué hicieron entonces?: tomaron varias consonantes del alfabeto fenicio que no tenían valor fonético ni uso en griego, y las transformaron en vocales. Así nacieron las primeras vocales escritas en el mundo: la verdadera contribución que los griegos hicieron para la escritura de las lenguas indoeuropeas. Las primeras vocales que se usaron fueron: Alfa, Epsilón, Iota, Omicrón e Ypsilón (Upsilón), correspondiendo a nuestras 5 vocales. Pero luego los griegos incorporaron otras vocales, porque necesitaban distinguir entre las vocales cortas y largas, además de signos diacríticos, que modificaban la entonación o la fonética. Las modificaciones más importantes se atribuyen a Simónides, quien introdujo la E larga y la O larga (Omega) entre otros cambios (GÓMEZ DE LIAÑO, pp 29)