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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN


10 septiembre, 2007

UTILITARISMO

Utilitarismo o Radicalismo filosófico. Doctrina de Bentham. Utilidad es una palabra que significa las consecuencias positivas que deben estar maximizadas. Estas consecuencias usualmente incluyen felicidad o satisfacción de las preferencias. Lo útil es sinónimo de valioso y equivalente de la felicidad. Es un marco teórico para la moralidad, basado en una maximización cuantitativa de consecuencias buenas para una población. La moralidad de cualquier acción o ley viene definida por su utilidad para la humanidad. Es a veces resumido como "el máximo bienestar para el máximo número de personas".
“La naturaleza nos ha colocado bajo el dominio de dos amos soberanos: el placer y el dolor. Retoma así una tradición filosófica que nace en el hedonismo de Aristipo (Grecia) y se prolonga en Helvetius: la vida del hombre está dominada por dos impulsos: el deseo de la felicidad y la voluntad de evitar el dolor. Jeremías Bentham, educado en las rígidas pautas éticas del puritanismo, sostiene que la sociedad debe regirse estrictamente por ellos.
El filósofo entroncaba con el reformismo del partido Whig[1], contribuyendo a una reforma democrática y liberal de su tiempo. Aparece por primera vez el concepto de utilidad como sinónimo de lo deseable, como instrumento para conseguir la felicidad general de la humanidad. Al sujetarse a los principios del utilitarismo, la sociedad dispone de una norma según la cual decidir qué es justo y correcto, siempre que contribuya a aumentar la felicidad de aquel cuyo interés está en juego. En ello se acerca a las posiciones del kantismo : ‘Actúa según la máxima por la cual aquello que deseas pueda convertirse en ley universal’.
Por utilidad, Bentham entiende la suma total de los placeres y dolores. Para el filósofo inglés, el bien y la felicidad son una misma cosa, y evitar el dolor y promover la felicidad constituyen las dos reglas básicas de todo buen gobierno.
Como todos los hombres buscan el placer, ese intento puede entrar en conflicto con el mismo deseo de otros hombres. De allí que el principio utilitarista no pueda ser confinado al ámbito de la individualidad: para alcanzar su verdadero despliegue, el utilitarismo tienen que ser establecido y aceptado por la sociedad en su conjunto. Aquí Bentham aplica la consigna de Helvetius:
“La mayor felicidad para el mayor número posible de hombres”.
El resurgimiento del hedonismo le valió a Bentham el ataque de los más conservadores. Pero aquí es un hedonismo colectivo, no de placeres ‘terrenos’. Además, el concepto de placer y dolor aquí es amplio, dando por supuesto que se trata de placeres espirituales, por lo cual se acerca a la ética puritana. Sin embargo había una noción expresamente cuantitativa en esa valoración, dando lugar a una ‘aritmética moral’ de acuerdo a la intensidad, duración, certidumbre, proximidad, fecundidad y alcance (a cuánta gente afecta) el placer y el dolor
Los seguidores de Bentham, como Mill, aclararon la idea:
“Es enteramente compatible con el principio de utilidad reconocer el hecho de que algunas clases de placer son más deseables y valiosas que otras. Sería absurdo que mientras en todas las demás cosas la cualidad fuese tenida en cuenta tanto como (la) cantidad, en la estimación del placer se tuviese en cuenta sólo la última”.
Las ideas de Bentham sirvieron a los moderados del partido whig para desarrollar en un sentido liberal la reforma de la justicia, la extensión de la enseñanza a los sectores menos favorecidos y el mejoramiento de la situación en las cárceles.
Una derivación del utilitarismo en educación se tuvo con el método de Lancaster. Lancaster era cuáquero y fue también perseguido por los conservadores y la iglesia anglicana. Su defensa fue asumida, entre otros por James Mill, utilitarista y compañero de ruta de Bentham.

El utilitarismo y la filosofía política moderna
Cícero Araujo
Las tres proposiciones que vamos a destacar, son en verdad complementarias entre sí y están dedicadas a enunciar, de modo simple y conciso, el principio que guía al autor en el examen de las leyes:
a) “la naturaleza puso al género humano bajo el dominio de dos señores soberanos: el dolor y el placer (...) Al trono de esos dos señores está vinculada, por una parte, la norma que distingue lo que es recto de lo que es errado y, por otra, la cadena de las causas y de los efectos”.
b) El principio de la utilidad es simple derivación de la proposición anterior: “el principio que establece la mayor felicidad de todos aquellos cuyo interés está en juego como la justa y adecuada finalidad de la acción humana, y hasta la única finalidad justa, adecuada y universalmente deseable; digo de la acción humana en cualquier situación o estado de vida, sobre todo en la condición de un funcionario o grupo de funcionarios que ejercen los poderes de gobierno. La palabra ‘utilidad’ no resalta las ideas de placer y dolor con tanta claridad como el término ‘felicidad’ …
c) “Aquellos cuyo interés está en juego” siempre componen una “comunidad”. La comunidad constituye un cuerpo ficticio, compuesto por personas individuales que se consideran como sus miembros. ¿Cuál es, en este caso, el interés de la comunidad? La suma de los intereses de los diversos miembros que integran la referida comunidad”.
Cada una de estas tres proposiciones marca un estudiado distanciamiento con respecto a una larga tradición del pensamiento moral que se remonta a la antigüedad clásica. Bentham no es el primero en hacerlo. Aquí sólo está extrayendo las consecuencias, para el campo práctico, del viraje moderno, típicamente cartesiano, de la especulación metafísica, o en otras palabras, el desplazamiento desde la interrogación sobre la naturaleza o esencia de los objetos … hacia la interrogación sobre el sujeto que conoce. Tal viraje lleva a los cartesianos a distinguir claramente los objetos de las “percepciones”, que supuestamente representarían a estos objetos (las “ideas”). Tratándose tan solo de percepciones mentales, a las ideas y sólo a ellas tiene acceso directo el sujeto que pretende conocer. Sólo de ellas tiene conocimiento inmediato. Las percepciones son, por ello, la materia prima de todo el conocimiento. ¿Cómo podemos entonces llegar a los objetos a partir de las ideas?
El próximo paso de la investigación es clasificar las ideas y ver si poseen cualidades que las distingan entre sí. Algunos cartesianos van a proponer lo siguiente: buena parte de las ideas deriva de nuestros órganos sensoriales (las “ideas sensibles”), pero otra parte es puramente inteligible, es decir, habita nuestras mentes desde siempre, como semillas plantadas por Dios, sin deberles nada a aquellos órganos. Otros cartesianos, sin embargo, van a proponer que pensemos todas nuestras ideas y, por lo tanto, todo el conocimiento que podemos alcanzar sobre los objetos, como derivados de las “ideas sensibles”. Los defensores de la primera tesis, el propio Descartes entre ellos, serán llamados “racionalistas o innatistas”. Los de la segunda serán llamados “empiristas”.
La defensa más conocida del empirismo inglés en el siglo XVII es el Essay concerning Human Understanding de John Locke, que Bentham leyó en sus años de formación. Allí se enuncia que:
1) todas las ideas pueden ser divididas en sus componentes más elementales, o sea, que las ideas complejas son resultado de una asociación de ideas simples;
2) todas las ideas simples son sensibles, pero existen aquellas que representan cualidades que pertenecen a lo objetos (cualidades “primarias”) y otras que no, expresando sólo cualidades de la mente que percibe (cualidades “secundarias”). Así, los colores, los sonidos, los olores -a diferencia de la figura y de la extensión- no pertenecen a los objetos, sino que constituyen modificaciones de la propia mente;
3) nuestras ideas sobre el bien y el mal, nuestras ideas morales, son ideas complejas, pero... ¿de qué ideas simples podrían derivarse? Dado que todas las ideas simples son sensibles, nuestra primera idea del bien sólo puede haber sido una sensación agradable (“placer”), y la del mal una sensación desagradable (“dolor”). Está claro que el dolor y el placer no son cualidades de los objetos que las provocan, sino tan sólo modificaciones de la mente.

La ética y el derecho
Bentham ataca el sistema legal y judicial inglés. La formulación de la doctrina utilitarista se plasma en su obra principal: Introducción a los principios de moral y legislación. En ella preconizaba que todo acto humano, norma o institución, deben ser juzgados según la utilidad que tienen, esto es, según el placer o el sufrimiento que producen en las personas. A partir de esa simplificación de un criterio tan antiguo, proponía formalizar el análisis de las cuestiones políticas, sociales y económicas, sobre la base de medir la utilidad de cada acción o decisión. Así se fundamentaría una nueva ética, basada en el goce de la vida y no en el sacrificio ni el sufrimiento. El objetivo último de lograr «la mayor felicidad para el mayor número» le acercó a corrientes políticas progresistas y democráticas: Francia republicana surgida de la Revolución, que le honró con el título de «ciudadano honorario», si bien Bentham discrepaba con algunos de sus planteos teóricos.


Bibliografía:
Araujo, Cícero: Bentham: el utilitarismo y la filosofía política moderna. En: Atilio A. Boron (comp.) La filosofía política moderna. De Hobbes a Marx, Recuperado el 9.09.2007 en el sitio: http://168.96.200.17/ar/libros/moderna/cap10.pdf
BENTHAM, Jeremías (1985): Fragmento sobre el gobierno, Madrid: Sarpe
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[1] El partido tory era absolutista. Predicaba el derecho divino de los reyes y la no resistencia al poder y voluntad de estos. El partido whig era solidario de una monarquía limitada y, sobre todo, de la autoridad del Parlamento. La iglesia anglicana se había situado al lado de los tories y defendió el poder real de los Estuardos. Así, pues, cuando triunfó la revolución, para pervivir tuvo que claudicar y conceder una extensa libertad religiosa. Luis Rodríguez Aranda (1981) Prólogo al "Ensayo sobre el gobierno civil", Madrid: Aguilar en sitio http://www.webdianoia.com/moderna/locke/locke_cur.htm