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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN


09 septiembre, 2007

AULA Y DISCIPLINA EN EL SIGLO XVIII

El Aula crece: la disciplina en tiempos de la Revolución Industrial. Capítulo 3 del libro: DUSSEL, I. & CARUSSO, M. (1999): La invención del aula. Una genealogía de las formas de enseñar (reimpresión 2003) Resumen y comentarios para uso interno de la cátedra por J.C. Paradiso.

En la época precedente – tiempos de La Salle – la sociedad funcionaba con formas más bien estables, el campesino y el Rey nacían y morían como tales; el orden social se pensaba igualmente como algo estable.
En el siglo XVIII, el siglo de las Luces, hay grandes cambios económicos, sociales y políticos y el aula crece y se acomoda a ellos.
Recordemos que en la pedagogía del siglo XVII la conducción pastoral se había desplazado hacia la preeminencia del grupo y había dejado de lado cierta individualización de las prácticas educativas anteriores (por ejemplo, la implícita en la educación de príncipes y cortesanos). Uno de los motivos era la cantidad de alumnos a incorporar, además de propugnar una obediencia grupal, considerando a la individual una consecuencia de aquélla.


Condiciones del ‘crecimiento del aula:
Transformaciones de las sociedades europeas

En el siglo XVIII, el método grupal-global consiguió imponerse, pero debió someterse a críticas y transformaciones. La sociedad, si bien se siguió basando en la actividad agraria y conservó parte de sus estructuras tradicionales, sufre grandes cambios: La Revolución Industrial, las revoluciones políticas y la revolución cultural de la Ilustración.
La Revolución Industrial, que es un proceso y no un hecho, emerge en Inglaterra entre 1760 y 1780. El nuevo tipo de producción es el de la industria centralizada en fábricas, construcciones urbanas con chimeneas, que da lugar a concentraciones humanas y la aparición de la clase obrera y los capitalistas. La vida cotidiana cambió en las relaciones humanas y en la ropa, como que la producción en masa permitió que las mujeres pudieran usar prendas de color lavable en vez de ropa negra que se usaba por largos períodos por temor a que el agua las arruinara.
Algunos se enriquecieron y otros empobrecieron, empezando a organizarse para obtener reivindicaciones, surgiendo los sindicatos y los partidos políticos contemporáneos. Masas de campesinos pasaron a ser proletarios urbanos y pequeños pueblos se transformaron en grandes ciudades. La industria requería gran cantidad de trabajadores y los extraía del campo. La liberación de las relaciones feudales de dominación aparece como la solución. En el siglo siguiente (XIX) el campesinado ya era ‘libre’ en términos burgueses, pudiendo moverse de un lugar a otro, para caer en las condiciones de trabajo que se le ofrecían. Edgar Allan Poe describe a Londres a mediados del siglo pasado, pero sus palabras pueden reflejar muy bien la realidad del siglo XVIII (El cuento “El hombre de la multitud”, mencionado por los autores, se encuentra en http://www.bifurcaciones.cl/006/bifurcaciones_006_reserva.pdf).

Merced a su poderío económico Inglaterra adquiere poderío y aparecen nuevas tensiones internacionales. Alemania y Francia tuvieron un proceso más tardío.
La Revolución Francesa está en parte catapultada por la Revolución industrial. Surge a partir de una alianza entre burgueses antimonárquicos (monarquía mercantil e industrial) y los estratos pobres de la ciudad, es decir la naciente clase obrera que pugnaba por mejores condiciones de trabajo y una representación política. El bloque monárquico contaba con apoyo de los campesinos, la nobleza y la mayor parte de la iglesia católica. Si bien los gobiernos revolucionarios fueron derrotados, restaurándose la monarquía, la Revolución inauguró el legado de la tradición liberal y republicana basada en los derechos humanos y ciudadanos, la idea de democracia, progreso y secularización. Influyeron en Europa y en América.
El tercer movimiento, aunque quizás es más temprano, es la Ilustración. Implicó una transformación cultural progresiva y la formulación de nuevos programas de gobierno, como la república parlamentaria. Si bien era heterogéneo, la mayoría creía que la razón era la capacidad humana fundamental, por lo cual podían pensar y actuar por sí mismos correctamente. A diferencia de Francia, en Alemania los ilustrados se ponían al servicio del monarca absoluto, quien se debería poner a la cabeza del movimiento.
Estas tres revoluciones forjaron la lenta aparición del liberalismo clásico, en el último tercio del siglo XVIII,

La educación (pág 93)
En este contexto en que las transformaciones producían nuevas demandas, los Estados comenzaron a prestar mayor interés a la educación elemental.
Recordemos que la educación popular se había basado en la caridad privada, enforma inorgánica y poco coordinada.
En el siglo XVIII la educación obligatoria aparece como la nueva herramienta ara la producción masiva de obediencia en medio de poblaciones que crecían rápidamente. Se debía imbuir a todos de los mismos principios, para que se ‘desprendan de sus prejuicios de nacimiento’: no era otra cosa que la homogeneización. Los países germánicos fueron los primeros en introducir la obligatoriedad. Por un período de 6 a 7 años, a veces con la asistencia dominical a oficios religiosos. La escuela no era gratuita; cuando había muchos niños en una familia, a este gasto se agregaba la substracción de mano de obra para la familia, ya que los niños ayudaban a sus padres. Por ello la escuela tuvo fama dudosa en los sectores campesinos, incluso durante todo el siglo XIX. Quizás sea representativo, ya entrado el siglo XX, la escena de Padre Padrone, cunado el hijo es arrancado violentamente de la escuela para ir a cuidar ovejas al campo.
En el caso de la Revolución francesa, durante los primeros años de gobierno republicano los planes de instrucción pública sentaronlas bases del ideario liberal en educación: obligatoriedad, centralización y, en algunos casos, gratuidad y laicidad.
El modelo de aula lo proporcionaban las diversas iniciativas caritativas preexistentes: en Inglaterra las ‘escuelas de caridad’, en Francia la red escolar de La Salle, en las zonas protestantes germánicas, los filántropos. La única gran amenaza para el método global a lo largo de su historia lo constituyó la enseñanza mutua. Sobre este fondo se perfilan la pedagogía de Pestalozzi y de Herbart en el mundo de habla alemana, y de pedagogos ingleses que plantean la importancia del procesamiento didáctico.

Consolidación del aula global: escuela prusiana (pág. 94)
Educación según Kant
Kant (1724-1804) (en la figura, tomada de Wikipedia) dictaba clases de pedagogía, entonces una rama de la filosofía. Para Kant, el objetivo de la escuela era disciplinar los instintos animales y humanizar al hombre, siendo central la ‘conducción de los niños’. El objetivo inicial es que los niños permanezcan sentados en silencio, atiendan y obedezcan; su pensamiento puede ser enderezado como una rama torcida (metáfora de las plantas). El arte del gobierno y el de la educación con las dos invenciones más difíciles. Pero el gobierno debía basarse en la razón y no en la fuerza, de modo que la obediencia se fundaría sobre la racionalidad y en la comprensión: la memoria debe cultivarse sin olvidar el entendimiento y no debe emplearse más que en las cosas cuya conservación nos sea conveniente y relacionadas con la vida real. Al hablar del método catequístico se verán los límites de estas afirmaciones.
Es perjudicial a los niños la lectura de novelas, porque sólo sirven para distracción y no cultivan la memoria, porque sería ridículo memorizar la novela. La imaginación y la fantasía debían ser desechadas[1].
La educación debe ser coercitiva, con la cual se habitúa al niño al trabajo, separándolo del juego. Tenía continuidad con la concepción jesuítica, que creaba un universo artificial en latín y con vigilancias minuciosas.
Catecismo.
Descartando los métodos de los filántropos [2] Kant estudia la validez del método catequístico [3].
Kant distingue el ‘método socrático’ del método mecánico-catequístico. El mecánico es bueno para lo que tiene que enseñarse históricamente, y para la presentación de la religión revelada, pero aún para la ‘religión general’ aconseja el método socrático.
Las recomendaciones de Kant retomaban una vieja práctica de la modernidad temprana. El catecismo católico y el protestante tenían una larga trayectoria en la escuela elemental: el catecismo católico más conocido se debía al jesuita Canisius y el protestante fue escrito por Lutero.
La insistencia de Kant en el método catequístico tiene elementos novedosos, ya que se planteaba resolver la cuestión de la disciplina en medio de grandes cambios sociales y políticos. En el caso de la región germánica, aún atrasada en la Revolución Industrial, a la par que éstos se iban liberando de las viejas relaciones de sumisión a la nobleza, se trataba de mantener la disciplina mientras se conformaban nuevas relaciones sociales más modernas. Kant y los ilustrados alemanes pensaban que la escuela debía desempeñar un papel estabilizador y por eso su pedagogía redujo el método global a la catequización, propiamente una catequización disciplinadora. [4]
Al mismo tiempo, Christian Trapp (1745-1818) se hace cargo de la primera cátedra de pedagogía de habla alemana, que toma el carácter de disciplina universitaria. Si bien se mantiene la didáctica como catequización disciplinadora, ahora comienza a tenerse en cuenta la vieja demanda de Comenius acerca de la comprensión del alumno, y a partir de ahora ella comenzará a formar parte de la estructura de comunicación del aula, lo que hoy llamaríamos ‘procesamiento didáctico de las catequización’. Este procesamiento sirvió tanto para profundizar las disciplinas ya existentes como para inaugurar un nuevo campo profesional: el docente especializado, a través de la formación docente propiamente dicha.
En coincidencia se produjo un lento cambio en las prácticas, que se ha llamado el pasaje de ‘sostener la escuela’ a ‘enseñar’[5] . Ya no se trataba de mantener quietos a los niños, sino también de que aprendan.
Hasta entonces la escuela elemental tenia mucho de guardería disciplinadora, donde se deletreaba, se cantaba y a veces se leía y se aprendían las cuentas. La preocupación se centraba en la disciplina superficial o aparente. La memoria tenía el monopolio como objetivo de formación.
La enseñanza propiamente dicha empieza con la estructura del procesamiento didáctico. Lo importante sería que el niño comprenda, superar la memorización mecánica, incluir al niño en el pensar.
A diferencia de la obediencia reflexiva de Lutero, centrada en la relación de la persona con su comunidad y con Dios, la idea postkantiana de la compresión se centraba en un individuo caracterizado por una nueva conciencia de sí mismo, por la integración de la personalidad individual y por la capacidad de conducir su propia conducta.
Este énfasis en la comprensión se aplicó a viejos y nuevos contenidos. Veamos un caso de cómo se comienza a usar el método catequístico apuntando a la comprensión, con la parábola bíblica del sembrador.[6] Lo nuevo en la ‘escuela que enseñaba’ fue que la narración bíblica se transformó en contenido escolar y la didáctica elaborará muchas preguntas para trabajar la historia: ¿Cómo sabemos que las semillas significan la palabra divina?, ¿Cuál es la causa de que la palabra divina no sea aceptada por todos los hombres?, etc. Este tipo de preguntas produjeron una ruptura con el método de enseñanza anterior. Mientras que en el aula jesuítica el docente controlaba las respuestas de un alumno y los otros alumnos realizaban acciones deferentes, en la escuela prusiana el docente interrogaba al alumno como parte de un grupo o clase. La hipótesis es que la sucesión de preguntas señala una dirección; no se quería dejar librado a la casualidad o a lo que se les ocurre a cada uno. Si uno se contentara con contarles algo (lección) o dejarlos decir al respecto, la relación estaría fuera de control. La pregunta es una manera de evitar derivaciones caóticas o irregulares de los alumnos con los contenidos: todos deben entender lo mismo acerca del texto. Vemos que esta forma catequística con procesamiento didáctico tendría un doble objetivo: mejorar la comprensión y asegurar el control o disciplina del pensamiento.
El catecismo, a principios del siglo XIX continuaba siendo la forma privilegiada de procesamiento didáctico, ahora con énfasis en la comprensión. En la Prusia campesina, esta combinación produjo una síntesis nueva y masiva. La formación de la técnica interrogativa fue un primer contenido central de la naciente formación docente. El método global ya se consolidaba como para conquistar el mundo. Aunque asomaba un competidor: la enseñanza mutua, pero esto ocurriría a comienzos del siglo XIX.


[1] Los autores citan un cuento de Fontanarrosa sobre la maestra Clara Dezcurra (citado por los autores). Se puede encontrar en el sitio: http://weblog.educ.ar/protagonistas/archives/Maestras%20argentinas.%20Clara%20Dezcurra.pdf
[2] Filántropos. (literalmente ‘amigos del hombre). Grupo de pedagogos de origen protestante organizados en obras de caridad, que intentaron hacer realidad el programa de Comenius de la enseñanza global-frontal y desarrollaron importantes materiales para la enseñanza. Querían hacer una campaña de moralización de los pobres y marginales, buscando una forma de redención del hombre a través de la educación. (Dussel & Caruso, 96)
[3] Catecismo. Forma de enseñanza en base a preguntas seguidas de respuestas escritas, que el alumno debería memorizar. Desagrega la complejidad de un tema en aspectos parciales fáciles para memorizar. La palabra deriva del latín medieval ‘catechismus’ que significa instruir de viva voz, inicialmente usado para la instrucción religiosa, de la que fue la forma corriente, muy usado por la escolástica (en la cual perduró hasta el presente) también fue usado en pedagogía, hasta que aquí se fue abandonando y descalificando. Se revitaliza en la instrucción programada (Ramallo 76). El valor innegable es la transmisión de verdades inmutables en las cuales una pequeña variación puede desviar el sentido. Pestalozzi la confronta con la mayéutica (Gertrudis carta 2), ver su uso en política ‘Guerra de los catecismos’ en la historia educativa argentina (Weinberg). Opinión de Kant: Dussel & Caruso 96.
[4] Esta idea de Kant de usar el catecismo para socializar, homogeneizar, disciplinar puede compararse con la que más tarde desarrollaron los patriotas latinoamericanos, influenciados por la Ilustración, con la introducción de los catecismos patrióticos.
[5] No sería muy novedoso afirmar que en la mayor parte de las escuelas argentinas, con la degradación social de los últimos años, se ha vuelto a la tarea docente de ‘sostener la escuela’ relegando la misión de enseñar, sobre todo en las escuelas marginales.
[6] Parábola del sembrador. Jesús enseña a orillas del mar; cuenta que un sembrador arrojó semillas en distintos lugares, obteniendo diferentes resultados. La semilla sembrada es la Palabra divina. Ver: http://es.catholic.net/aprendeaorar/103/117/articulo.php?id=8083