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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN


27 abril, 2007

FILOSOFÍA Y RETÓRICA Platón educador



FILOSOFÍA Y RETÓRICA
PAIDEIA PLATÓNICA o ISOCRÁTICA
Material de cátedra (Selección de textos, resumen y comentarios: Juan Carlos Paradiso para uso interno). (En su mayor parte el material corresponde al cap. V de Bowen junto con otros textos citados). 
Este capítulo fue actualizado 16.5.2010
Los estudios superiores en la Grecia Clásica, que alcanzaron un desarrollo sin par en el mundo de su época, estuvieron signados por contradicciones y dicotomías. Una de las más importantes es la que oponía la Filosofía a la Retórica, para algunos irreconciliables, y que podría representarse en el siglo V a.C. con la fórmula Sócrates versus los sofistas. En la siguiente generación entre ambas escuelas la controversia sigue (aunque después matizaremos esta afirmación) a través de la educación propugnada por Platón por una parte y por Isócrates por la otra.  
A pesar de su mala reputación – influencia de las permanentes críticas de Platón – los sofistas hicieron un aporte considerable al conocimiento y la educación. Fueron ellos quienes “introdujeron en Atenas la instrucción superior, con una gama temática que comprendía tanto las disciplinas conducentes al éxito social y profesional como los estudios gramaticales y matemáticos, más complejos y eruditos”  (BOWEN, 139)
Al entrar el siglo V a.C., que Sócrates no llegó a conocer porque fue obligado a beber la cicuta al finalizar el siglo anterior, Atenas se había convertido en el centro indiscutible de la cultura y el saber helénicos; a ella acudían estudiantes de todo el mundo griego. Las escuelas de los sofistas siguieron prosperando y proliferando, a favor de un nivel de enseñanza superior a las de los maestros elementales. Toda la enseñanza era de carácter privado: los atenienses no desarrollaron nunca un sistema de educación pública, que por primera vez recomienda Aristóteles, muy entrado ya en el siglo que nos ocupa.
No declinó el influjo de Sócrates, a pesar de su suicidio, y pese a que no ofrecía unas metas educativas positivas y que sus enseñanzas no abarcaban ningún cuerpo de conocimientos sistematizados. Por válida que fuera como método de análisis crítico, la mayéutica socrática se basaba en un enfoque negativo; para Bowen era difícil estructurar un conocimiento a partir de semejante base. Sócrates se proponía ante todo descubrir y dar a luz aquello que sus interlocutores sabían sin ser conscientes de ello, a la par que exploraba las contradicciones de sus sistemas implícitos de creencias. Elementos básicos del proceso eran el análisis y la argumentación lógica, que solían desembocar en la refutación de la tesis objeto de debate. Esa habilidad dialéctica constituía el rasgo característico de la persona culta (según este enfoque, agregamos). Sin embargo, la filosofía y la gramática no estaban aún claramente deslindadas, y las técnicas de análisis crítico de las creencias tradicionales estaban todavía insuficientemente elaboradas. El conservadurismo ideológico se asentaba sobre bases que seguían gozando de gran solidez: la piedad tradicional y la conformidad social eran elementos de estabilidad y de cohesión que no cabía poner en tela de juicio …
Los métodos indagatorios de Sócrates y las habilidades retóricas de los sofistas podían compartir algunos rasgos: ambas técnicas aparecían como meramente verbales y superficiales que no resolvían gran cosa pero que lo ponían todo en entredicho y evidentemente eran válidas para desarmar los argumentos en los debates.
El método socrático sólo constituía un elemento valioso para desbastar las opiniones que él consideraba deformadas y las pobres teorías que rodeaban al pensamiento especulativo y al saber superior en general. La impopularidad de Sócrates se debió en buena parte al hecho de que su método era tan tremendamente eficaz que atraía el interés del público en mucha mayor medida que cualquier otro sofista. Pero al mismo tiempo su método era irritantemente capcioso y, según los atenienses, se confundía muchas veces con la mera argucia.’ (pág. 139-140)
El estilo de vida ateniense no precisaba de un estudio filosófico exhaustivo de los valores últimos; se satisfacía con aquellos conocimientos propios de las tareas de la vida cotidiana …. Este mismo punto de vistas era compartido concretamente por muchos sofistas. Sócrates insistía en la importancia de analizar constantemente la propia conducta y sus motivaciones; creía, por consiguiente, en la necesidad de someter a examen las creencias tradicionales” (pag. 140)
Esta afirmación no puede tomarse tan al pie de la letra. Existen estudios (Conde 2007) que contradicen esta crítica extrema. Sobre Sócrates hay extenso material en la web que es aconsejable consultar en cuanto las opiniones que existieron sobre el filósofo no son siempre coincidentes (ver F. Conde)  

“La mayor parte de los sofistas (contrariamente a Sócrates) partía de una concepción escépticamente empírica del conocimiento, y trataba de desarrollarlo prácticamente: en su mayoría, en efecto, los sofistas se preocupaban menos de la creación o descubrimiento del conocimiento que de su aplicación concreta. Dos fueron las grandes tendencias que a partir de allí se desarrollaron en la Atenas del siglo IV en el ámbito de la enseñanza superior: la prolongación del método socrático de análisis crítico y lógica inductiva en la escuela de Platón por una parte, y la escuela retórica de Isócrates, por otra”. (pag 140)
Debemos discutir con más cuidado este tema de la lógica usada por los filósofos. Si en la dialéctica el método es inductivo, como cuando a partir de sus preguntas concretas intenta demostrar que hay una contradicción entre el pensamiento inicial del interlocutor y las generalizaciones que surgen de la propia experiencia, también se parte de verdades universales que llevan a conclusiones particulares (de verdad obligada), por lo cual no puede negarse este componente deductivo. Precisamente los dialécticos critican a los que estudian los fenómenos cambiantes, las apariencias. (JCP)

Isócrates y la escuela de Retórica
Para este tema ver: archivo de Olivieri, Tedeschi et al: ‘Isócrates’
Platón y la Academia (Bowen, pág. 149)
El siglo IV marca el apogeo de Platón, cuando éste se lanza a la gran empresa de consignar sus recuerdos de las enseñanzas de Sócrates, reivindicando la figura de su maestro y sus ideas. Como sabemos, su escuela fue conocida como Academia.
En contraste con la profusa bibliografía dejada por Platón – aunque entre los diálogos hay algunos que son apócrifos – sus clases no están registradas. Platón no tuvo un discípulo preocupado por ser su ‘Escriba’, como algunos sostienen él mismo lo fue de Sócrates. Su más destacado sucesor, Aristóteles, se alejó bastante de sus doctrinas, seguramente para enriquecimiento de la Filosofía, aunque ello le haya costado al Estagirita más de un reproche de deslealtad.
No se cree que Platón diera en realidad lecciones formales. De sus 40 años en la Academia sólo ha llegado hasta nosotros el texto de una sola lección (carta séptima, del bien). En ese mismo texto Platón arremete contra las lecciones formales y la costumbre de consignarlas por escrito. Critica los manuales de instrucción y niega que las notas escritas sean de ayuda para la memoria, puesto que la verdad, una vez entrevista, no puede ya ser olvidada jamás. Afirma que tomar notas constituye simplemente una forma de actividad memorística que da sólo una apariencia de conocimiento.

Se deduce que las enseñanzas de Platón debieron seguir las mismas pautas que sus diálogos: una sucesión de preguntas y respuestas orales. Aunque se duda de cuáles serían los contenidos. Parecerían de naturaleza filosófica, pero Platón expresa que no debe enseñarse técnicas de argumentación dialéctica a los menores de 30 años porque pueden abusar de ellas. De modo que para los jóvenes, el contenido lo constituirían sobre todo las matemáticas (aritmética, geometría).
La dialéctica es crucial en sus escritos. En la República es la forma suprema de la actividad pedagógica. En su sentido más lato la dialéctica incluye todo aquello que generalmente se designa como discusión, discurso, debate y argumentación. En Platón el término es usado con significado variable en diversos diálogos. Pero siempre es el método educativo más importante, puesto que capacita a las personas para responder a las preguntas de la forma más adecuada y científica. Bowen 149
La República y las Leyes se ocupan especialmente de la educación en tanto que actividad dialéctica.

Paideia. La educación hacia el bien

En el transcurso de sus años de madurez, Platón siguió reelaborando sus doctrinas. En todo el conjunto de sus escritos, Platón representa la búsqueda humana del conocimiento como preocupación central de la vida misma; el fomento de la armonía del alma de que habla el Timeo conduce a una visión del ser absoluto, de la verdad. La clave del pensamiento platónico la constituye, pues, esta noción del conocimiento como producto final y como meta de un proceso que él llama paideia. La palabra Paideia era en Grecia de uso común; pero puesto que Platón fue el primer pensador que propuso una auténtica teoría de la educación – aunque incompleta – enriqueció el contenido del término, confiriéndole una significación claramente intelectual. (pag 163)
En su calidad de exponentes máximos de la educación superior en Atenas, tanto Platón como Isócrates orientaron sus esfuerzos hacia la perfección de los individuos para la vida social y política. Ambos eran sensibles a la inestabilidad política del mundo griego ….
La estrategia de Isócrates sería la de formar directamente a los ciudadanos en las artes del comportamiento político y jurídico, incluyendo la retórica, mientras que la de Platón tomó como punto de partida una base mucho más amplia: la búsqueda del conocimiento o paideia renegando de la retórica.
El método de acción directa adoptado por Isócrates le indujo a explicitar públicamente sus puntos de vista sobre el problema griego. Muy distinto es el estilo de Platón, basado en sus enseñanzas en la Academia, en el fomento de la cultura, en la búsqueda personal de la verdad última y de los valores absolutos. Su único gran intento de acción directa, en Siracusa, no tuvo éxito.


Paideia. Si bien la palabra era muy usada en Grecia, Bowen afirma que Platón fue el primer pensador que propuso una auténtica teoría de la educación y enriqueció el contenido del término, confiriéndole una significación claramente intelectual. (Bowen, 163) Así este concepto connotaría educación general como la que defendía Platón. Otros consideran que existían varias versiones de paideia, incluyendo la propia concepción de Isócrates.

Bibliografía:
BOWEN, James (1997): El saber en la Atenas del siglo IV: La Retórica y la Filosofía.  En: Historia de la educación occidental. Tomo I: El Mundo Antiguo 2000 aC -1050 dC. Oriente próximo y mediterráneo. Barcelona: Herder (Orig. 1976: A History of Western education, I: London, Methuen and Co), cap. V, pp 139-167).
CONDE, Francisco (2007): Sócrates y los sofistas. En ‘Rincón socrático’, Recuperado 12.5.2010 del sitio http://www.paginasobrefilosofia.com/html/rinconsocratico/sofisoc.html
Olivieri Francisco José, Tedeschi Adriana y Sal Florencia (Grupo de investigación Máthesis): Los alcances de la paideia isocrática frente a la formación platónico – aristotélica. Obtenido 21 Abr 2009 en el sitio: http://filoesp.galeon.com/Akademos/colabora/math_iso.htm