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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN

Seminario optativo de la Maestría en Educación Universitaria
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23 septiembre, 2008

Puiggrós: cap 3 Formación del sujeto independiente

La formación del sujeto independiente

Puiggrós (2003). Qué pasó en la educación argentina. Breve historia desde la conquista hasta el presente. Bs. As. : Galerna, cap 3, pp 39-56 (Resumen para uso interno de la cátedra)

La modernización borbónica no sólo fue insuficiente, sino que llegó cuando ya los latinoamericanos habían empezado a sentirse sujetos independientes.
El ritmo de crecimiento de los países europeos o de EEUU contrastaba con las dificultades de las colonias hispánicas, fragmentadas y dispersas, con dificultades para la circulación de mercancías entre regiones y con el mercado mundial.
Los borbones alternaban la brutal represión contra los indígenas y los más pobres, con concesiones a los más ricos.
Los independentistas como Moreno, Vieytes, Belgrano leían a Montesquieu, Locke, Rousseau … Pero muchos carecían de una convicción profunda respecto a la construcción de un país independiente. El clima era muy diferente al de EEUU, donde el espíritu capitalista protestante proporcionaba los argumentos para consolidar el proceso de acumulación capitalista.
Vieytes inició la difusión de unas lecciones elementales de agriculatura, desde su periódico Semanario de Agricultura, Industria y Comercio .
Belgrano, influido por los fisiócratas ingleses, consideraba que la agricultura era la base de la riqueza.
Cuando la junta le encomendó la creación de escuelas durante su campaña militar, Belgrano redactó un reglamento para las Escuelas del Norte, en el cual se determinaba que las escuelas debían ser estatales, y en su entrada debían fijarse las armas de la Asamblea Constituyente del Año 1813: un ritual de enorme significación, porque distinguía la escuela del Estado con respecto a las parroquiales y de las escuelas del rey que revivían como escuelas de la patria. Junto con la importancia de la educación pública daba importancia a la religión.
En el documento se detallaban calendarios y horarios, actividades, contenidos y días de asueto. Se limitaba el autoritarismo pedagógico colonial, al mismo tiempo que se introducían elementos de control de las conductas que muchas décadas después desarrollarían los positivistas: los niños entrarían a la escuela conducidos por sus maestros, escribirían sólo dos planas por dia, leerían libros, estudiarían la doctrina cristiana, la aritmética y la gramática.
El modelo disciplinario era más avanzado que el colonial; reducía los azotes y los castigos.
Este documento marca una transición entre la modalidad colonial y una educación independiente y progresista. “Al leer el texto se tiene la impresión de que Belgrano hizo tachaduras sobre los viejos reglamentos escolares tradicionales y comenzó a diseñar sobre ellos una nueva idea pedagógica.

Conservadores y liberales 43
El enfrentamiento entre Saavedra y Moreno se reflejó en distintas opciones pedagógicas, colonial o moderna y democrática.
Muerto Moreno, la junta copada por los conservadores, prohíbe el Contrato Social e impone el Tratado de las obligaciones del hombre, que venía desde la colonia.
Moreno otorgaba un papel pedagógico a la Gazeta, el primer periódico patrio, que había fundado en 1810. Según él, la libertad de escribir y de pensar, el derecho a la información, eran indispensables para consolidar la independencia.
Pero la corriente del liberalismo en educación no tuvo un discurso único en latinoamérica.
CORRIENTES PEDAGÓGICAS SIGLO xix [1]
Es común, cuando se habla de las corrientes pedagógicas, dividirlas en conservadoras (tradicionalistas) y liberales (progresistas o innovadoras). Sin embargo, estos términos son altamente equívocos, por cuanto adquieren distintas significaciones según la época y según la región o país. Nos interesa también reconocer que, dentro de cada una de ellas, existen variantes que impiden considerarlas como una ideología compacta. Adriana Puiggrós encuentra que, dentro de las pedagogías liberales, hay diferentes líneas. Así, para la primera mitad del siglo XIX distingue, opuestas a la pedagogía colonialista, la presencia de 4 concepciones diferentes del liberalismo:

Pedagogía liberal radicalizada: influida por Rousseau y por los socialistas utópicos: antirracista, democrática en los métodos de enseñanza y disciplina, anticlerical y laica: Simón Rodríguez, Moreno (quizás uno de los más jacobinos), el presbítero Gorriti.
En una carta de Simón Rodríguez al rector del colegio Latacunga:
“Si usted desea como lo creo que mi trabajo y los gastos no se pierdan, emprenda su escuela con INDIOS!!! (…) De blanquitos poco o nada podrá usted esperar (…) No se desanime Usted, Señor Rector, los hombres no son todos unos, escoja Usted su gente: en la MASA, hay muchas personas de JUICIO: con los hijos de ellas Usted podrá contar, para emprender la reforma que desea.

Pedagogía federalista popular con elementos liberales: Muchos caudillos desarrollan experiencias semejantes a la reforma educativa que puso en marcha el caudillo nacionalista popular Francisco Solano López, derrotado en la guerra del Paraguay. Educación moderna, participando la sociedad civil y apoyada en la cultura de los pueblos.
La concepción democrática y popular se halla en Artigas – dando continuidad a las ideas de Belgrano – y en varios caudillos Bustos (Córdoba) López (Santa Fe), Alejandro Heredia (Tucumán), Félix Heredia (Salta), Molina (Mendoza) Ferré (Corrientes), Pancho Ramírez (Entre Ríos) y Urquiza (Entre Ríos) adopta la idea de construir un sistema educativo estatal. En sus provincias la enseñanza siguió siendo religiosa “pues en esa época del país era aún inconcebible la laicidad”. Pero comenzaron a diferenciar entre las creencias religiosas y la adhesión a la concepción medieval del poder, que otorgaba primacía a la Iglesia Católica sobre el Estado. Avanzaron sobre el monopolio educativo eclesiástico, desarrollando la instrucción pública, e implementaron la obligatoriedad y gratuidad. (pp 47)

Pedagogía de la generación liberal de 1837: En particular la de Sarmiento, moderadamente liberal, pues partía de la exclusión de los indios y de la descalificación de toda expresión cultural popular, de la herencia hispánica. Pero su sistema de educación pública era abarcativo y democrático.

Pedagogía liberal oligárquica: Rivadavia quería modernizar el sistema importando la estructura y la ideología más elitista de la experiencia educativa francesa. Mitre continuaría la tendencia.

Pedagogía tradicionalista colonial antiindependentista: dirigida por sectores prohispánicos de la Iglesia Católica. El viejo bloque que defendía la educación colonial clerical y rechazaba la educación de los indios y mestizos. Terminada la guerra de la Independencia, esta corriente tuvo su núcleo directivo en Córdoba y luego se extendió por todo el país y se convirtió en nacionalismo católico. Entre los caudillos la corriente tradicionalista estaba representada por Facundo Quiroga y Rosas (47-48).

Ideas educativas en Europa
A comienzos del siglo XIX en Francia, todavía se dirimía entre una pedagogía tradicional apoyada en la Iglesia y la familia, contra las necesidades de progreso de la burguesía. El sistema más avanzado era el prusiano, que contaba con una educación media ya configurada sistemáticamente. Debe recordarse la influencia de la religión protestante.
La educación pública tenía un rol central en ese proceso de modernización. La generación de lo público requería de un espacio y un tiempo específicos. Era necesario institucionalizar las experiencias de enseñanza-aprendizaje que formaban a los ciudadanos sobre la base de las categorías centrales de la ideología moderna: individuo, razón y progreso. [2]
En el continente europeo se multiplicaban las escuelas de formación de maestros inspiradas en las ideas de Pestalozzi, en tanto los ingleses más avanzados admiraban el método inspirado por Bell y Lancaster, que tuvo amplia difusión en América Latina.
En nuestro país los rituales, los métodos y los contenidos de la enseñanza, las normas disciplinarias y las costumbres escolares fueron cambiando lentamente durante todo el siglo XIX. Sarmiento denunció la persistencia de métodos de tortura en las escuelas. Se usaban el cepo, el buche de agua, la palmeta y los azotes con látigos de púas de hierro. El culto católico se combinó con el culto a los símbolos de la patria.
La estructura del vínculo pedagógico siguió el modelo de la evangelización: los conocimientos populares eran descalificados y se exigía fe plena hacia las verdades que transmitía la escuela. El proceso de enseñanza basado en la revelación luchaba por resistir frente a las nuevas pedagogías.
La historia oficial nos ha presentado un panorama de civilización contra barbarie, pero es necesario matizar la imagen. Muchos caudillos tuvieron un proyecto pedagógico progresista y deben también discriminarse entre proyectos pedagógicos de los liberales.

Artigas
Trató de vincular a los curas maestros con la causa de la Independencia. Tuvo una actitud contradictoria con un maestro que hacía propaganda contra la independencia y prohibía la convivencia de niños de diversas razas, como morenos pardos y zambos, además de establecer que todos debían ir a misa (que era común en esa época no?).
Curas, paisanos, pedagogía inglesa (trata de incorporar el método de Lancaster), liberalismo, todos esos elementos estaban presentes en el modelo pedagógico de Artigas. Pero subordinados a una idea central: la de una libertad apoyada en el pueblo.

Estanislao López 50
En la misma línea de Artigas. Estanislao López fue elegido gobernador de Santa Fe en 1818. Recibió 5 escuelas (una escuela de los padres mercedarios, una de los dominicos y otra de los franciscanos, una escuelita en Rosario y otra en la ciudad de Santa Fe). Elevó de 5 a 13 los establecimientos educativos en la provincia, creando escuelas en Coronda, Rincón, Sauce. En 1830 la provincia tenía 8.000 habitantes, quedando una relación de 1 escuela cada 600 habitantes. López diseñó un protosistema educativo, desde las primeras letras hasta el nivel secundario, incluyendo una escuela de oficio.
López era un hombre culto, que tenía ideas ilustradas y admiraba el utilitarismo ingles. Consideraba importante la religión para la formación moral del ciudadano.
Consideró necesario que la educación fuera gratuita para la gente de escasos recursos, que los padres fueran obligados a enviar a sus hijos a la escuela y que el Cabildo estableciera un sistema de becas. Sería un antecedente de la Ley 1420. El gobierno de López dictó leyes específicamente educativas. Concibe la instrucción como un problema de orden público, diferenciada de las cuestiones eclesiásticas y de la educación familiar.
Dictó una reglamentación[3] recomendando puntualidad en el pago a los maestros “como se hace en todo el mundo ilustrado”, inspecciones del cumplimiento de la obligatoriedad escolar, que debía combatir la vagancia de la niñez y juventud, que el ayuntamiento reparta útiles y cartillas, que se realicen estadísticas.
En los contenidos incorporó la historia americana.
Instaló el método de Lancaster. Dictó un reglamento de disciplina inspirado en el modelo Lancaster, donde existía un tribunal de disciplina compuesto por un alumno de cada clase, dos de los estudios superiores y un ayudante. No excluía rigurosos castigos, que iban desde posiciones humillantes hasta la expulsión. Pero el tan avanzado como autoritario reglamento no prosperó.
López asociaba los conceptos de Estado, ciudadano, religión, sistematización y cultura moderna. “La sociedad … no estaba aún madura como para aceptar definitivamente esos cambios’ 52

Juntas protectoras de escuelas 52
La modernización educativa impulsada por los caudillos progresistas se apoyaba en una institución de extraordinario valor: las JPE, herederas de las juntas populares creadas por el movimiento liberal hispánico, que se habían multiplicado para combatir la invasión napoleónica. Apoyaban la labor de las escuelas y difundían la educación moderna. Los vecinos preclaros del interior eran convocados a hacerse responsables de la recaudación de impuestos para la atención a niños pobres.
La junta era un organismo intermedio entre un Ministerio de Educación y un Consejo de Educación y puede considerarse un antecedente de los organismos que se sancionaron en la ley 1420. Una de las experiencias más avanzadas fue la de Córdoba. La Iglesia tenía su máximo poder en la Universidad; en la educación común debía compartir su influencia con representantes del Estado y con los vecinos.

Juan Bautista Bustos (en Córdoba) 53
Fue una de las experiencias más avanzadas entre los caudillos. La provincia había sido declarada soberana, independiente y libre en 1820. Bustos crea una JPE encargada de fundar un establecimiento en cada curato y distrito de la campaña. La junta consiguió que se obligara a los vecinos a invertir en la construcción de escuelas e impuso impuestos para educación a los ganaderos. El fondeo permanente escolar fue otra medida precursora de la ley 1420: fondo permanente escolar, con rendición y publicidad de los gastos realizados.
En las escuelas de la provincia se iría adoptando progresivamente el método lancasteriano. La “Real y Pontificia” Universidad de Córdoba tendría la obligación de recibir a un alumno de cada distrito, sin costo. Bustos esperaba que esos alumnos fueran luego difusores de la Ilustración. Dio importancia a la enseñanza de la agriculatura en la escuela y la universidad.

Justo José de Urquiza: Entre Ríos el modelo más avanzado 54
En Entre Ríos la lucha por el control de la educación entre la Iglesia y el Estado culmina en 1825 cuando un decreto prohibe el establecimiento de ordenes religiosas en todo el territorio provincial.
Urquiza y su inspector general de escuelas, el uruguayo Marcos Satre, impulsan la educación primaria pública y privada y la formación de comisiones inspectoras y JPE en toda la provincia. Las comisiones o juntas estuvieron a cargo de controlar la presencia de los niños en las escuelas y de recaudar fondos para construir edificios y solventar las educación de los pobres.
El reglamento de Sastre es famoso por respetar las inclinaciones naturales del niño. Elimina los premios y los castigos corporales, estableciendo un perfil profesional para el maestro. Establecía las edades de obligatoriedad, los turnos y las vacaciones. Los docentes debían ser católicos, tener buenas costumbres y carácter e instrucción suficientes.
El Colegio de Concepción del Uruguay fundado en 1849 fue centro de formación para los intelectuales argentinos de las siguientes décadas.

Lecturas y Filmes ilustrativos 56

Literatura: La isla de Robinson (Uslar Pietri),
Yo el supremo (Roa Bastos)
Torre Nilsson, L: El santo de la espada (1970): http://www.cinenacional.com/peliculas/index.php?pelicula=1818
Soffici, Mario: Cadetes de San Martín: http://www.oni.escuelas.edu.ar/olimpi98/CineArgentino/DIRECTOR/SOFFICI.HTM
Güemes, la tierra en armas (T. Nilsson)
Hijo de hombre, Lucas Demare,
La guerra gaucha (Lucas Demare)

[1] A. Puiggrós, 2003: pp 44-45
[2] Estamos tentados a proponer una fórmula de cambio: INRI àIRP
[3] 1821: “Artículos de observancia para el noble e ilustre Cabildo”

07 octubre, 2007

Cucuzza : I Congreso Pedagógico

CUCUZZA, Rubén (1986): De Congreso a Congreso. Crónica del primer congreso pedagógico argentino. Bs.As.: Bejana, pp 35-52 (resumen y comentarios JCP)

Agentes de la educación (pp 35-44)
Como parte del proceso de secularización del Estado, la burguesía tendía a desplazar a la Iglesia como aparato ideológico dominante, para colocar en su lugar a la escuela (usando categorías de Althusser).
La laicidad de la enseñanza es aplicación del principio más general de laicidad del Estado, pero este principio entra al territorio estatal por la escuela.
En el Congreso Pedagógico la antinomia “Estado docente” versus Iglesia docente” se esconde bajo “Estado versus familia”, pero en ambos casos es resonancia del debate europeo planteado por las necesidades de la oligarquía.
Roca no era un doctrinario. Era anticlerical en respuesta al antirroquismo de algunos sectores de la iglesia.
Para los liberales europeos la iglesia equivalía a feudalismo y en nuestro país se asociaba al pasado colonial. Era retraso a contramarcha de las luces del progreso, la ciencia, la industria.
Para los católicos, los avances liberales significaban masonería, libre pensamiento, anarquismo, socialismo o todo lo que se fustigaba en las encíclicas papales.
Pero católicos y liberales eran variantes igualmente oligárquicas y tenían fisuras en su interior. Unos se unirían contra los “clericales ultramontanos” y otros contra los “masones liberales”.

Entre los liberales había muchas corrientes de pensamiento, diversos puntos de partida que confluían en el punto de llegada:
principistas garibaldinos
anticlericalismo burgués afrancesado
agnosticismo spenceriano
prácticas oportunistas Roca o Celman: que no querían molestar a los protestantes ingleses.

Entre los católicos había también diferencias:
Existían 2 diarios: “La voz de la Iglesia” (respondía a la jerarquía) y “La Unión” (sectores politizados que respondían a Estrada)
La línea vaticana de las encíclicas no daba margen:
En la “Mirari Vos” se condenaba la separación de la Iglesia y el Estado
En la “Quanta cura” se atacan los avances del naturalismo y el liberalismo, acompañada por su conocido resumen del Sylabus, que en 80 proposiciones enumeraba los errores que la Iglesia quería combatir. Para la Iglesia del Syllabus el enemigo principal era el liberalismo y no el socialismo, que era considerado una secta. Se mantiene el lenguaje apocalíptico sobre los pastos envenenados, herejías, graves tormentas, escritos perniciosos.
En el Syllabus se describen las cosas que deben combatirse:
- que la educación prescinda de la autoridad eclesiástica, “de su ingerencia y acción moderadora y que se hallen sometidos al pleno derecho de la autoridad civil”[1]
- que la escuela tenga sólo o principalmente por objeto la ciencia de las cosas naturales y la vida social

Esto explica la posición de la iglesia en el debate del Congreso del 82.

En el congreso del 82, el choque se produjo en 2 niveles: en forma abierta respecto a la inclusión del laicismo o de la religión y en forma más encubierta respecto a los agentes de educación.
La polémica ganó la prensa y ello provocó incorporación tardía de miembros para ganar en número.
Los trabajos habían sido repartidos con anticipación, de modo que se conocían los proyectos. En 2 se hablaba de laicismo:
El Dr. Raúl Legout solicitaba que al dictarse la Ley de Educación Común, al lado de la gratuidad y la obligación se incluya el principio de laicidad.
El Dr. Nicanor Larrain sostuvo “Las escuelas del Estado deben ser esencialmente laicas : Las creencias religiosas son del dominio privado”

La ponencia católica fue recogida por la prensa, decía:
“Considerando que la religión es el necesario fundamento de la educación moral … que la sociedad argentina es una sociedad católica ; que la Constitución Nacional consagra en las instituciones este carácter de la sociedad y la llamada laicidad de la enseñanza turbaría profundamente la concordia social, el Congreso en homenaje a Dios, a los derechos de la familia, a la ley y a la paz pública declara : que la escuela argentina debe dar una enseñanza esencialmente religiosa”
(es el proyecto de Ley que presentan y firman: J.M. Estrada, Pedro Goyena, Juan Bialet Massé, Marcos Sastre, Ángel Estrada, Juan Ortiz de Rosas y otros,
LA PRENSA, 16 de abril de 1882.
Sarmiento ingresó en el debate desde los editoriales de “El Nacional”

En las sesiones del Congreso Pedagógico hubo debates acalorados.
Y por si acaso se producían impugnaciones adelantadas de los votantes. Se cuestionaba la capacidad de algunos de ellos para intervenir en temas tan serios:
Los liberales: la cuestión religiosa es una altísima cuestión de Estado y de ciencia … la cuestión no puede resolverse por una mayoría de señoras apenas preparadas para la enseñanza de las materias de la enseñanza primaria … es una imprudencia que va a producir agitaciones y discordia, un desacierto , porque aún en la hipótesis de que triunfara la proposición … tal sanción no tendría ninguna autoridad ni prestigio moral.
El Club liberal convocaba a reuniones “ a fin de conocer los elementos con que se cuenta en el Congreso, y de acuerdo con esto hacer trabajos a fin de formar una mayoría liberal, para dar una lección a los enemigos del libre pensamiento”

“La Prensa” decía:
“Los oradores se preparan para defenderse y agredir desde el terreno de sus creencias respectivas. Nótase en la Asamblea el calor ingrato de la atmósfera formada por los partidos en lucha”

Y corrió el rumor de que Roca y Wilde se aprestaban a zanjar el debate por decreto, para evitar que se sigan ventilando las contradicciones.
Entre los mismos congresales se llegó al acuerdo de sacar el problema religioso de los debates. La propuesta era eliminar de los debates la cuestión de la enseñanza laica y de la enseñanza religiosa. Se aprobó por aclamación, salvo Nicomedes Antelo que era spenceriano y pidió que constara su oposición.
No habría cuestión religiosa y las señoras votantes respiraron: no iban a ser calificadas de “libre pensadoras” (parecía que no se atreverían a llamarlas ‘herejes’: era demasiado por esa causa.
El conflicto se reabrió más adelante, porque en una moción se había tachado las palabras:
Religión, historia sagrada, historia religiosa y laicismo …
Pero Estrada dijo que no se podía dejar de rozar la cuestión. “Una de dos: o el plan general de estudios primarios contiene la enseñanza religiosa … o prescinde de ella”
Cuando se propone cerrar el debate, varios congresales católicos – entre ellos Estrada – se retiraron. Estrada dijo :
“Se nos ha introducido bajo bandera parlamentaria un contrabando de guerra”
Além les respondió:
“Váyanse. Siempre constará que han venido a disolver el Congreso!
Los que quedaron aprobaron la actuación de la mesa de conducción.
El Nacional aplaude el proceder de las maestras en el Congreso. Y que aquellos espíritus perturbados sufrieron un desengaño al ver que el sexo débil se fortifica en el ejercicio de la enseñanza…”

En la Prensa se publica la nota de renuncia de los representantes católicos:

“.. olvidaba la Mesa que por este medio indirecto se llegaba a la innovación que los libre-pensadores del Congreso se comprometieron a no provocar de nuevo. Un plan de estudios primarios tiene que traer, forzosamente, la cuestión religiosa. Si incluye la religión, la resuelve en el sentido cristiano: si la excluye, la resuelve en el sentido laico (…)
(luego se refiere a “la Mesa” : “sólo se preocupaban de estorbar la cuestión religiosa … Se quería hacer prevalecer la escuela sin Dios”

Como la nota había salido primero en los diarios, eso fue considerado una ofensa para el Congreso, de manera que allí no fue leída y se archivó.
La interpretación católica es que un plan de estudios que no mencione la religión implica un pronunciamiento de laicidad. Por eso se comparó al Congreso Pedagógico con el “caballo de Troya”.

Ley 1420
En 1983 y 1984 – durante la discusión parlamentaria de la Ley 1420 – se reavivó el debate sobre la enseñanza religiosa, pero los liberales y los católicos se mostraron más respetuosos de las posiciones de sus adversarios.

Según Tedesco [2] la tradición asigna al debate de la Ley 1420 un papel destacado en la historia de la educación argentina. Paradójicamente se debatió casi con exclusividad un solo problema: el religioso.

[1] Film: En el nombre de Dios (“The Magdalena sisters”) Directed by Peter Mullan
[2] 1986. El Estado y la educación, en Educación y sociedad en la Argentina 1880-1945, pag 94

06 octubre, 2007

CORRIENTES PEDAGÓGICAS: siglo XIX

Es común, cuando se habla de las corrientes pedagógicas, dividirlas en conservadoras (tradicionalistas) y liberales (progresistas o innovadoras). Sin embargo, estos términos son altamente equívocos, por cuanto adquieren distintas significaciones según la época y según la región o país. Nos interesa también reconocer que, dentro de cada una de ellas, existen variantes que impiden considerarlas como una ideología compacta. Adriana Puiggrós encuentra que, dentro de las pedagogías liberales, hay diferentes líneas. Así, para la primera mitad del siglo XIX distingue, contra la pedagogía colonialista, la presencia de 4 concepciones diferentes del liberalismo[1]:

Pedagogía liberal radicalizada: influida por Rousseau y por los socialistas utópicos: antirracista, democrática en los métodos de enseñanza y disciplina, anticlerical y laica: Simón Rodríguez (maestro de Simón Bolívar) Mariano Moreno (quizás uno de los más radicalizados jacobinos), el presbítero Gorriti.

En una carta de Simón Rodríguez al rector del colegio Latacunga se lee:
“Si usted desea como lo creo que mi trabajo y los gastos no se pierdan, emprenda su escuela con INDIOS!!! (…) De blanquitos poco o nada podrá usted esperar (…) No se desanime Usted, Señor Rector, los hombres no son todos unos, escoja Usted su gente: en la MASA, hay muchas personas de JUICIO: con los hijos de ellas Usted podrá contar, para emprender la reforma que desea.

Pedagogía federalista popular con elementos liberales: Muchos caudillos desarrollan experiencias semejantes a la reforma educativa que puso en marcha el caudillo nacionalista popular Francisco Solano López, derrotado en la guerra del Paraguay. Se trata de una educación moderna, participando la sociedad civil y apoyada en la cultura de los pueblos.
La concepción democrática y popular se halla en Artigas – dando continuidad a las ideas de Belgrano – y en varios caudillos Bustos (Córdoba) López (Santa Fe), Alejandro Heredia (Tucumán), Félix Heredia (Salta), Molina (Mendoza) Ferré (Corrientes), Pancho Ramírez (Entre Ríos) y Urquiza (Entre Ríos), defendiendo la idea de construir un sistema educativo estatal. En sus provincias la enseñanza siguió siendo religiosa “pues en esa época del país era aún inconcebible la laicidad”. Pero comenzaron a diferenciar entre las creencias religiosas y la adhesión a la concepción medieval del poder, que otorgaba primacía a la Iglesia Católica sobre el Estado. Avanzaron sobre el monopolio educativo eclesiástico, desarrollando la instrucción pública, e implementaron la obligatoriedad y gratuidad. (pp 47)

Pedagogía de la generación liberal de 1837: En particular la de Sarmiento, moderadamente liberal, pues partía de la exclusión de los indios y de la descalificación de toda expresión cultural popular, de la herencia hispánica. Pero su sistema de educación pública era abarcativo y democrático.

Pedagogía liberal oligárquica: Rivadavia quería modernizar el sistema importando la estructura y la ideología más elitista de la experiencia educativa francesa. Mitre continuaría la tendencia.

Pedagogía tradicionalista colonial antiindependentista: dirigida por sectores pro-hispánicos de la Iglesia Católica. El viejo bloque que defendía la educación colonial clerical y rechazaba la educación de los indios y mestizos. Terminada la guerra de la Independencia, esta corriente tuvo su núcleo directivo en Córdoba y luego se extendió por todo el país y se convirtió en nacionalismo católico. Entre los caudillos la corriente tradicionalista estaba representada por Facundo Quiroga y Rosas (47-48).

[1] A. Puiggrós, 2003: pp 44-45

04 octubre, 2007

EL CONFLICTO CON LA IGLESIA


TEDESCO, J.C. (1982): Educación y sociedad en la Argentina (1880-1900), Bs. As.: CEAL, cap VI, 119-128 (Resumen y notas por JCP para uso de la cátedra)

Los conflictos en relación a la enseñanza religiosa habían seguido a las luchas políticas iniciadas después de 1810. Al llegar al Congreso Pedagógico ya habían surgido muchos enfrentamientos. Para los intelectuales proscriptos, la Iglesia había apoyado al rosismo y a los caudillos del interior. La consigna de Facundo Quiroga, que resumía los términos de la lucha, era “Religión o muerte”.
En 1853 en el debate de la Convención constituyente, se rechazaron las posiciones católicas que pretendían que la Religión católica sea admitida como religión del Estado. Cuando se incorpora la provincia de Bs As a la Confederación, en 1860, se repite el intento y fracasa.
El programa de los proscriptos concebía la libertad de conciencia como una conquista para la llegada de europeos no católicos.

La libertad de cultos se logra a nivel constitucional. Luego los liberales intentan eliminar la vigencia del catolicismo en las escuelas públicas. Aún antes de haberse discutido y aprobado la ley 1420, una disposición del Consejo General de Educación había reglamentado la enseñanza religiosa, disponiendo que fuera impartida por los párrocos y no por los maestros. Elllo había motivado una queja del arzobispo de Bs. As.
En 1882, en el Congreso Pedagógico, hubo incidentes. Más tarde, en el debate de la Ley de Educación, el enfrentamiento alcanza el cenit. Como consecuencia hubo varios obispos expulsados.

Declinación del poder de la Iglesia (Tedesco, cap VI: 121)
El poder de la Iglesia estaba declinando. Por una parte se enfrentaban a las prácticas liberales que permitían el desarrollo capitalista y por el otro, perdían influencia frente a las élites dirigentes.
Hay dos fenómenos estrechamente relacionados. Por una parte, la orientación político-ideológica de los católicos frente al Estado era garantizar la influencia del Estado pero revestido con la legitimidad religiosa. Y para ello el Estado debía enfrentar las políticas liberales que permitían el avance capitalista.
El segundo fenómeno es que la orientación de la Iglesia contrariaba las tendencias hacia la participación del país en el mercado mundial, lo cual la llevaba a distanciarse de las élites dirigentes.
Esto tiene que ver con las alianzas del papado. Luego de la revolución burguesa en Europa, la alianza de la Iglesia con el poder feudal hizo que el enfrentamiento de los revolucionarios se hiciera globalmente contra ambos poderes (feudalismo e iglesia). El capitalismo, al destruir las antiguas relaciones de producción, destruyó también sus bases ideológicas y colocó al pensamiento católico en crisis.
Y así como nuestras élites políticas se inspiraron en las de Europa, la Iglesia argentina se inspiró en el Papa, reproduciendo en apariencia conflictos europeos.
La debilidad de la Iglesia queda puesta de manifiesto por la disminución del número de sacerdotes en relación a los habitantes, por el crecimiento demográfico acelerado. La carrera de sacerdocio perdía atractivos, por lo cual la mayoría debía incorporarse desde el exterior[1].
Los gobiernos de este período estaban más o menos dispuestos a restituir el decoro y la respetabilidad que reclamaba el obispo, pero no así su independencia.

Independencia o control en las relaciones entre Estado e Iglesia (Tedesco: 123)
En la Argentina se muestra la tendencia a concentrar el control de los mecanismos de poder en el Estado y en la élite dirigente.
Así sucedió en las relaciones con la Iglesia. El Estado prefirió controlarla y no pasar a la separación institucional, que quizás hubiera permitido que la Iglesia quedara fuera del control y un agente de oposición importante por su arraigo en vastos sectores de la población.
Se reivindicó, por ejemplo, el ejercicio del Patronato, para poder intervenir en el nombramiento de los curas párrocos que, hasta ese momento eran nombrados por el arzobispo, a pesar de la ley. En 1886 se planteó un incidente cuando el gobierno trató de hacer cumplir la ley. Eduardo Wilde, en su calidad de Ministro de Justicia, Instrucción Pública y Culto, fue quien llevó la posición del gobierno. Wilde reconocía las funciones sociales de la religión y de los sacerdotes, pero por eso quería que el gobierno interviniese[2].
El reconocimiento de las funciones sociales de la religión en cuanto al dominio y control de las conductas de los habitantes llevó también al Estado a controlar la enseñanza que se brindaba en los seminarios de formación de sacerdotes.!
“”Nuestro clero se educa actualmente bajo la impresión de ciertas teorías e incitaciones preconizadas en la cátedra, que el Estado no podría menos que considerar subversivas, pues en algunos casos ellas contradicen las leyes del país o dificultan su rápida ejecución”- (Wilde 1884) Justificando las tareas de inspección del Estado sobre los seminarios.
Las teorías correspondían a los principios de la Iglesia cuyo resumen más representativo es el Syllabus.
El gobierno prefirió mantener la unión con la Iglesia sobre la base de la dependencia, lo mismo que con las universidades, aplicando la misma argumentación.
Wilde sostiene que mientras la Iglesia admita el sostén de cualquier entidad, permanecerá en una dependencia más o menos acentuada, pero completamente incompatible con su dignidad y misión en la tierra”. (pag 126)
El Estado hizo valer lo que Wilde denominó el ‘derecho de vigilancia’, para evitar que los individuos “encasillándose en sus creencias, se sustraigan a la ley civil … y se conviertan en predicadores de ideas subversivas …”(pag 126)
Sin embargo, en determinado momento la Iglesia intentó convertirse en factor de oposición. Sancionada la ley 1420, en el interior del país se inició una campaña a través de pastorales de los obispos contra los diarios y contra las escuelas normales por estar a cargo de maestras protestantes. Los obispos de Córdoba, Salta, Santiago del Estero se pronunciaron así. En algunas provincias las escuelas normales tienen una deserción importante y en La Rioja casi deben cerrar sus puertas.
Las pastorales se amparan en las concepciones ultramontanas del Syllabus. No sorprende que se hayan originado en el interior del país, sobre todo en el Norte, mientras que Bs As tenía una posición más racionalista, ligada a la ideología burguesa europea. La Iglesia derivó en el terrorismo ideológico propio de la Inquisición. En esto no fue acompañada ni por los mismos sectores católicos de Buenos Aires que, cuando defendieron la enseñanza religiosa, trataron de quitarle al Syllabus su contenido regresivo. Los católicos porteños trataron en todo momento de aparecer tan liberales como sus opositores y de demostrar la falsedad de los argumentos liberales con sus mismos ejemplos. Así, EEUU e Inglaterra eran presentados, según el orador, como modelo de país con libertad de cultos o como modelo de país donde el espíritu religioso y cristiano había sido el motor de su desarrollo,
Esta situación de algunos grupos católicos se puso de manifiesto cuando ellos llegan a sostener la necesidad de la separación de la Iglesia y el Estado. José Manuel Estrada o Pedro Goyena reivindican la independencia de la Iglesia, sobre la base de que lo contrario implica el predominio del Estado sobre ella.




[1] El arzobispo de Bs As se refiere a las vocaciones sacerdotales en su Memoria de 1887 (pp 353-361) advirtiendo que para ello hacía falta restituir el decoro, la respetabilidad y la independencia para el sacerdocio

[2] Ver párrafos de Wilde en cartas al arzobispo y en el Debate parlamentario de la ley 1420

CATÓLICOS Y LIBERALES Legislación educativa

1880: LEGISLACIÓN EDUCATIVA
CATÓLICOS y LIBERALES


En el último cuarto del siglo XIX se inicia un nuevo período de expansión capitalista, a favor de la llamada segunda revolución industrial. Mientras que en la primera revolución industrial aparece la máquina, que multiplica la producción de bienes de consumo, con la segunda se comienzan a producir en gran escala máquinas, con las cuales los bienes de consumo se reproducen en forma exponencial. Se renuevan las fuentes de energía y combustibles, al ser reemplazado el carbón por el petróleo y la energía eléctrica. El número de operarios aumenta a miles; como contrapartida se produce la crisis de las formas económicas anteriores y desocupaciones masivas. Este gran impacto social ocasiona las grandes migraciones que caracterizan al período, favorecidas por el incremento en la capacidad de los medios de transporte transatlántico; precisamente la aparición del vapor hará que los grandes contingentes humanos, al igual que las mercaderías, puedan trasladarse a grandes distancias. Tiene lugar así la internacionalización del capitalismo, constituyéndose el mercado mundial. El país hegemónico es Inglaterra.
Los países periféricos, especialmente el nuestro, reciben un gran contingente de emigrados europeos, lo cual favorece el proyecto político prevaleciente. Se recibe mano de obra barata, permitiendo además la constitución de un proletariado de raza y cultura europea. Bagú explica que los países centrales cobran el transporte y se deshacen de los desocupados. Por otra parte, expanden su mercado, venden a los mismos emigrados, y recibirán de ellos los ahorros enviados por bancos de la misma nacionalidad a los familiares que habían quedado en la retaguardia. Así se cerraba el ciclo de simbiosis en el cual ingresaba Latinoamérica.
En el orden interno, nuestro país adaptará su estructura productiva para insertarse en el mercado internacional del trabajo, haciéndolo como agro-ganadero[1]. Luego de la crisis de 1880 y la federalización de Buenos Aires, se ingresa en un período de relativa estabilidad política. El país se abre al capital extranjero y se acrecienta la inmigración[2].


Scalabrini Ortiz describe muy bien el encuentro entre el inmigrante y la tierra y también su drama;
“El labriego europeo invadió la pampa fascinado. La verdad de las extensiones fértiles excedía en mucho los más ávidos ensueños de su imaginación. La labró, la dividió en predios, la rayó con su arado, la asperjó con su simiente, embriagado por la largueza con que le eran devuelto sus afanes. La llanura se inflamó un rato, alborotada por el animoso europeo... pero poco a poco la tierra se fue recobrando: aplacó los bullicios extemporáneos; apaciguó las exuberancias del bienestar corporal. Volvió a imponer su despotismo de silencio y de quietud, volvió a quedar en suspenso y como en éxtasis. Manejando la tierra el hombre fue allanado por la tierra. Al conjuro irresistible de esa metafísica de la tierra, la continuidad de la sangre se quebró...”
R. Scalabrini Ortiz: “La Tierra invisible”.

Se consolida en este período la oligarquía terrateniente, representada en el partido conservador. Sobre su hegemonía se desarrolla una ideología liberal que pregona un universalismo abstracto. En lo interno habrá de caracterizarse por libertad política sin soberanía popular[3]. No es otra cosa que la fórmula alberdiana de limitación de los derechos políticos, junto con amplias libertades civiles.

El pensamiento argentino
Cuando se habla de la generación del 80, se suelen incluir, en realidad, dos generaciones que se suceden sin solución de continuidad en su gestión: la de 1880 y la de 1896. El período de gestión de ambas, por lo tanto, se confunde y abarca desde 1880 hasta 1916, año en que el advenimiento del radicalismo al poder produce un impacto que cambia la política argentina. En este largo período, dos corrientes filosóficas principales pugnan por imponerse: el positivismo - con sus variantes - y el grupo católico.
El positivismo es la corriente mayoritaria de la época. Junto con la ideología liberal bajo la cual se cobija, es de origen cosmopolita y europeo. Es interesante transcribir la valoración que, de esta generación, hace Alejandro Korn:
“se liga a esta influencia el desarrollo económico del país, el predominio de los intereses materiales, la difusión de la instrucción pública, la incorporación de masas heterogéneas, la afirmación de la libertad individualista. Se agrega como complemento el despego de la tradición nacional, el desprecio por los principios abstractos, la indiferencia religiosa, la asimilación de usos e ideas extrañas. Así se creó una civilización cosmopolita, de cuño propio, y ningún pueblo de habla española se despojó como el nuestro, en forma tan intensa, de su carácter ingénito, so pretexto de europerizarse” Korn A (“Influencias...”) (op. cit.), pp. 199-271.

Las consecuencias pedagógicas del positivismo fueron el auge de las ciencias físico-matemáticas, las ciencias naturales – a la cual se subordinaban las ciencias del hombre – y del método experimental.
El positivismo tuvo varios focos de irradiación, siendo los más importantes el grupo de Paraná y el universitario. Este último tuvo importante actuación a través de la cátedra, del periodismo y de los círculos culturales, y sobre él volveremos.
La resistencia católica
Figura: José Manuel Estrada. Tomada del sitio: http://www.mendoza.edu.ar/
Frente a esta corriente se alza el grupo católico, que se enfrenta a los positivistas en recordados debates en el Congreso de la Nación. Esta fracción católica militante sostenía la obligatoriedad de la enseñanza religiosa en todas las escuelas, así como la libertad de empresa educativa, especialmente para los grupos confesionales que representaba.
Frente al avance de las posiciones laicistas y anticlericales favorecidas por la inmigración masiva, la Iglesia y sus fieles asumieron una actitud de militancia vehemente. Recordemos que por esta época una encíclica del Papa Pío IX arengaba a los católicos a plantarse contra las nuevas ideas; se trata de la encíclica Quanta Cura y el Syllabus[4], de 1864. En su presentación se dice:
“Nuestro Santísimo Señor Pío IX, Pontífice Máximo, no ha cesado nunca, movido de su grande solicitud por la salud de las almas, y por la pureza de la doctrina, de proscribir y condenar desde los primeros días de su Pontificado, los principales errores y las falsas doctrinas que corren particularmente en nuestros miserables tiempos …

Los católicos de la época se aferraron fuertemente a la encíclica para condenar las propuestas liberales en educación. Se funda el periódico “La Unión” cuyo jefe de redacción era Estrada y su director Alejo de Nevares. En el primer número Estrada escribía:
“Vamos a alarmar las conciencias, a despertar a los dormidos, a reanimar a los pusilánimes, a enardecer los espíritus, a vincular corazones, a disciplinar para la batalla del Señor. Mientras los creyentes han dormido, el liberalismo ha velado”.

En 1884 se realiza el primer Congreso de los católicos argentinos. En un discurso, Pedro Goyena exalta los objetivos: “El gobierno Argentino quiere asociarse al movimiento contemporáneo, quiere imitar a los gobiernos que se guían por los principios científicos, quiere implantar el positivismo en la legislación, lo que significa, señores, poner en práctica el materialismo, desterrar a Dios del hogar, desterrar a Dios de la escuela, de la ley, de la tumba, desterrar a Dios de la sociedad... Nuestro deber es tomar participación en los negocios públicos con el firme propósito de que los principios de la moral católica sean la norma de la vida política de la Nación... nosotros somos mucho más que un partido, pero tenemos que organizarnos como un partido... (Parera R: La Ofensiva Católica de 1884) (op. cit.)
A pesar de estar en minoría, este grupo tiene gran importancia y, sobre todo, congrega detrás suyo, unos intereses muy poderosos y arraigados en la sociedad argentina.
Aún así, por la época que nos ocupa, en congruencia con los intereses y realidades socioeconómicas, el positivismo logra imponer la mayoría de las leyes educacionales que consolidan su proyecto.

Educación
Los hechos más importantes que ocurren durante este período son la sanción de las leyes 1420 y 1597 y la nacionalización de la UBA; veremos separadamente los hechos producidos por la generación de 1896, a pesar de que la separación puede resultar artificial. La ley 1420 consagra la enseñanza obligatoria, gratuita, laica, la graduación de la instrucción y la autonomía del gobierno escolar[5] . Es uno de los logros del pensamiento liberal y fue calificada como “fruto selecto de la labor de Sarmiento”[6]. A ella no nos habremos de referir, por exceder los objetivos de este trabajo.

Nacionalización de Universidad de Buenos Aires
La nacionalización de la UBA ocurre a consecuencia de la federalización de la ciudad. En el momento de ser nacionalizada - en 1881 - la universidad cuenta aproximadamente con 2000 alumnos, según la estimación del rector Manuel Quintana, lo cual es un notable crecimiento comparado con los 500 alumnos de la época de J. M. Gutiérrez[7]. El Dr. Quintana había sido el primer rector elegido por la Asamblea universitaria y, por lo tanto, no designado por el poder político. Se mantuvo al frente de la misma desde 1877 hasta su nacionalización, renunciando en disconformidad por este hecho.
Los principales cambios ocurridos desde entonces serán la supresión de los Estudios preparatorios, que se refunden con el Colegio Nacional, el cual pasa a su vez a depender de la Facultad de Humanidades[8]. Además, se dictan disposiciones referidas al gobierno de la universidad que no alcanzan a cobrar vigencia[9].


[1] Romero LA: (“Las economías del interior”) (op. cit.)
[2] Para tener una idea de los cambios demográficos que produce la inmigración en nuestro país, recordemos que en el primer censo nacional, en 1869 existían 1830214 hab. Con 75% de analfabetismo; en 1895 había 3954911 hab., con 53% de analfabetos (Manganiello EM op. cit., pág. 117)
[3] Giudici E (op. cit.)
[4] Quanta Cura y Syllabus, Encíclica y anexo que proponen una sanción moral y legal contra las ideas del siglo XIX. Puede encontrarse en http://www.filosofia.org/mfa/far864a.htm
[5] Solari MH, pág. 187
[6] Giudici E (op. cit.), pp. 127-128
[7] Halperin Donghi T (op. cit.): pág. 89
[8] Ibídem, pág. 90
[9] De acuerdo a Halperin (op. cit.) “en el gobierno universitario debía darse nuevamente algún papel a los graduados, integrándolos en la Asamblea universitaria; el retorno a esa solución, que había tenido vigencia en las primeras etapas de la existencia de la UBA se imponía - según el gobierno nacional - para evitar que el gobierno de la universidad quedase en manos de un círculo estrecho de docentes y académicos”. (Pág. 90)

SARMIENTO: Ideas educativas

Ideas educativas de Sarmiento
Tomado de RECALDE, Héctor (1987): “El sistema de educación formal” en: El Primer Congreso Pedagógico 1882/1 Bs.As: CEAL, cap II pp 28-48

Sarmiento fue el único de su generación que elaboró un proyecto educativo orgánico (H. Recalde, pág. 46). El mismo aparece formulado en educación popular, calificado como la “primera obra de magnitud que se publicó sobre el tema en Sudamérica”.
Contiene el resultado de observaciones recogidas por el autor en sus viajes desde 1845 a 1847 por países europeos y EEUU. Realizado por iniciativa de Manuel Montt, ministro del interior de Chile, luego fue presentado como proyecto al congreso en ese país. Si bien no fue original, sí fue importante en nuestro medio donde todo estaba por hacerse.
Sus fuentes son los principios pedagógicos surgidos durante la revolución francesa y la realidad del sistema educativo norteamericano, que había impactado a Sarmiento.
Desarrolla los principios básicos que inspiraron el proyecto educativo de la generación del 80, los mismos que trató de implementar cuando estuvo al frente de la educación en la provincia de Bs As como Jefe del departamento de Escuelas. Se concretaron en la Ley de Educación común de la Pcia de Bs As en 1875.
Afirma que la educación es un derecho de todos y que es un deber del Estado el asegurarla. Responsable de la difusión de la instrucción elemental, el Estado debe reservarse el contralor del sistema educativo y la formación de los maestros. La participación popular en la administración escolar, se producirá a través de los Consejos escolares y las Asociaciones Cooperadoras.
No excluye la existencia de escuelas privadas, pero se opone a que se las subvencione. En sus informes como responsable de educación de la provincia de Bs As deja constancia de los problemas y las dificultades que tuvo con los directores de escuelas privadas para que le dejaran obtener datos sobre el funcionamiento.
El optimismo pedagógico es uno de los rasgos más notables del pensamiento de Sarmiento. Son múltiples las funciones que le asigna a la educación: económicas, políticas y sociales. En cada aspecto espera que la educación aporte a la solución de los problemas existentes.
Pero ve con lucidez los factores que conspiran contra la difusión de la educación. En el campo, los latifundios y el despoblamiento. Por eso aboga por la división de la tierra, ligado a la Educación popular.
Otro obstáculo es el exiguo presupuesto educativo. Por eso aboga por que las escuelas tengan rentas propias que las liberen de las contingencias de políticos. Son los recursos que luego prevé la Ley 1420.
No hay prácticamente nada en el Congreso Pedagógico que no hubiera sido propiciado anticipadamente por Sarmiento.
SARMIENTO, Domingo F. (1849): Educación Popular (orig. Publicada en Chile) (En Obras Completas, tomo XI, Bs.As.: Librería La Facultad / Juan Roldán, 1914.

Sarmiento: EDUCACIÓN POPULAR

Educación Popular
D.F. Sarmiento
(En Obras Completas, tomo XI, Bs. As.: Librería la Facultad, Juan Roldán, 1914)[1]

Introducción. Instrucción Pública
La instrucción pública tiene por objeto preparar las nuevas generaciones en masa para el uso de la inteligencia individual, por el conocimiento aunque rudimental de las ciencias y hechos necesarios para formar la razón. Es una institución puramente moderna, nacida de las disensiones del cristianismo y convertida en derecho por el espíritu democrático de la asociación actual.-
Hasta hace dos siglos había educación para las clases gobernantes, para el sacerdocio, para la aristocracia; pero el pueblo, la plebe no formaba parte activa de las naciones. Habría parecido, entonces, absurdo sostener que todos los hombres debían ser igualmente educados.-
El progreso de las instituciones, la libertad adquirida en unos países, el despotismo en otros; han contribuido a preparar a las naciones en masa para el uso de los derechos que hoy no pertenecen a tal o cual clase de la sociedad, sino simplemente a la condición humana. Hay más todavía: los derechos políticos, esto es; la acción individual aplicada al gobierno de la sociedad, se han anticipado a la preparación individual aplicada al gobierno de la sociedad, se han anticipado a la preparación individual que el uso de tales derechos suponen.-
Hasta hace poco existían entre los pueblos civilizados dos derechos civiles distintos: uno se refería a la propiedad y otro a la persona. Con la última revolución de Europa, todos los hombres tienen derecho a ser reputados suficientemente inteligentes para la gestión pública y el ejercicio del derecho electoral que les corresponde a todo varón adulto sin distinción de clase, condición ni educación. Esta igualdad de derechos acordada a todos los hombres sirve de base a la constitución social y de ella nace la obligación que tiene todo gobierno de proveer a la educación de las generaciones venideras.-
Las condiciones sociales de los hombres muchas veces no dependen de su voluntad pero la sociedad en masa tiene interés en asegurarse que la educación recibida en la infancia prepare suficientemente a todo individuo para desempeñar, en el futuro, sus funciones sociales. El poder, la riqueza y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral e intelectual de los individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que aumentar esas fuerzas de producción, de acción y de dirección. La dignidad del Estado, la gloria de una nación se basa en la dignidad de sus súbditos; y esta dignidad se obtiene elevando el carácter moral, desarrollando la inteligencia y predisponiéndolo a la acción ordenada y legítima de todas sus facultades .-
Las masas están menos dispuestas a respetar la vida y la propiedad a medida que su razón y sus sentimientos morales están menos cultivados. Téngase presente que los Estados sudamericanos pertenecen a una raza que figura en última línea entre los pueblos civilizados. España y sus descendientes carecen de todas las dotes que la vida de nuestra época requiere, debido a que no tienen aquellos conocimientos en ciencias naturales o físicas que – en Europa – han creado una poderosa industria que da trabajo a todos los individuos de una sociedad. Así, la producción en escala provechosa, hoy debe hacerse con medios mecánicos.
Si la educación no prepara a las futuras generaciones para esta adaptación de los medios de trabajo, el resultado será la pobreza y oscuridad nacional; mientras que en otras naciones, con la ayuda combinada de la ciencia y la industria con la instrucción pública se auguran mayores desarrollos y progresos.-
La inmigración puede y debe aclimatarse entre nosotros. Su número ha crecido y de seguir así, provocará la sustitución de una sociedad por otra, haciendo descender – lentamente – a las últimas condiciones a quienes no estén preparados, educados, capacitados tanto intelectual como industrialmente.-
Nuestros mayores esfuerzos deben ser destinados a educar las generaciones venideras..-
España hoy yace sumida en la insignificancia y la nulidad, siendo una colonia más en el seno de Europa. Ella nos ha legado su ineptitud civil, su atraso intelectual e industrial.-
Ingleses, franceses y holandeses en Norteamérica no se unieron con los aborígenes; de modo tal que sus descendientes formaron naciones compuestas de razas europeas puras con tradiciones europeas intactas, capacidad y afán de progreso, permitiéndoles – así – desenvolverse y avanzar. En cambio, la colonización española incorporó al indígena legando una progenie bastarda, rebelde, sin tradición de ciencia, arte e industria; sin que los padres hayan podido transmitir a sus hijos la aptitud intelectual, la moralidad y capacidad industrial que no tenían. Sólo cambiando las razas pueden cambiarse los instintos, la civilización, las ideas. Pero elevar los espíritus degradados a la altura de los hombres cultos llevará siglos.-
En Argentina, Chile, Venezuela y otros Estados sudamericanos pueden sentirse los efectos dañinos que produce esa amalgama de razas con bárbaros que viven en los bosques, odian la civilización y conservan su idioma primitivo y hábitos de indolencia y repugnancia contra el aseo, el vestido, las comodidades … Faltan estímulos al accionar humano.-
Nuestra tarea consiste, por ello, en suplir las deficiencias dejadas por España; preparándonos para la nueva existencia que próximamente asumirán las sociedades cristianas asentadas sobre las bases de su organización social y allanándoseles las dificultades que hoy impiden el libre desarrollo de las facultades del hombre; sin excluir a aquellos que no pueden bastarse a sí mismos.-
Todo cuanto ocurra en el mundo a partir de ahora dependerá de la inteligencia; y la grandeza de las naciones dependerá más de las fuerzas intelectuales y productivas, que de las materiales.-
Aún pesan sobre nosotros tradiciones raciales que la independencia de España no ha podido cortar
Se necesitan ejércitos permanentes para combatir al enemigo pero también se necesita la educación pública para que desaparezcan los defectos y males que pesan sobre nosotros.-
La extensión de la instrucción a toda la clase trabajadora puede salvar la insuperable dificultad que la incapacidad natural de nuestra gente opone al progreso industrial por no poder manejar y mantener en buen estado los aparatos o máquinas más simples.-
Las estadísticas inglesa y francesa han demostrado la influencia que un mínimo de instrucción ejerce en la aptitud fabril; por lo tanto un rudimento de instrucción dado en las escuelas resulta esencial para adquirir destreza y habilidad como trabajadores.-
Quienes no han contado con una educación primaria representan la última clase de operarios y su trabajo es improductivo. Se los emplea en actividades con un mínimo de destreza manual y mental.-
Los jefes de taller y otros empleados requieren de un mayor grado de conocimientos en una especialidad en particular o un conocimiento general de los negocios y – siempre – un irreprochable carácter moral. Esto les permite hacer toda una carrera comenzando como simples operarios. Los que ni siquiera saben escribir sus nombres realizan los trabajos más bajos o menos importantes, tienden a relajar sus esfuerzos y caer en viejos hábitos; se fatigan rápido, carecen de actividad espontánea debido a que la falta de educación y ejercicio obstruye el juego de los poderes mentales. Los que saben leer visten con más orden, aseo, pulcritud; aspiran a mejorar.
Son ya una costumbre en Europa los anuncios – en el frente de los comercios – promoviendo servicios, mercaderías, nombres de profesionales, etc., ejerciendo una gran influencia civilizadora sobre la masas populares.
Quienes están alfabetizados suelen adoptar el traje, vestimenta que identifica a los pueblos cultos y a las clases superiores. Denota espíritu de progreso, que se extiende a la vivienda, los muebles, aparatos de labranza. Aquí los paisanos habitan en ranchos y los indígenas, en tolderías instaladas en los alrededores de las ciudades. Son guaridas inmundas y estrechas de hombres degradados por la miseria y la estupidez.- En Europa ricos y pobres visten, leen y viven muy parecido. Los diferencian la calidad del vestido, los materiales, etc. Al saber leer, pueden encontrar en ellos información muy útil referida a nuevos inventos, recetas agrícolas, arte mecánicas incluso de lugares alejados.-
La facilidad para obtener medios de subsistencia, la dignidad, la cultura del espíritu son obra del efecto moralizador de la escuela; evitando que el individuo se entregue a la bebida, el ocio y abandono; especialmente por absorber parte del tiempo disponible a la vez que le proporciona hábitos de sociabilidad, trabajo, disciplinamiento, respeto por la autoridad.-

[1] Selección de textos: COSTA, Noemí D.

ALBERDI: INMIGRACIÓN


“De la inmigración como medio de progreso y de cultura para la América del Sud. Medios de fomentar la inmigración. Tratados extranjeros. La inmigración espontánea y no artificial. Tolerancia religiosa. Ferrocarriles. Franquicias. Libre navegación fluvial” [1]
En: Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina
Juan Bautista Alberdi.
Figura: Alberdi en su madurez, Tomado de:
¿En qué forma vendrá en lo futuro el espíritu vivificante de la civilización europea a nuestro suelo? Europa nos traerá su espíritu nuevo, sus hábitos de industria, sus prácticas de civilización, en las inmigraciones que nos envíe. Cada europeo que viene a nuestras playas nos trae más civilización en sus hábitos que luego comunica a nuestros habitantes, que muchos libros de filosofía.
¿Queremos que los hábitos de orden, de disciplina y de industria prevalezcan en nuestra América? Llenémosla de gente que posea esos hábitos. Este es el medio único de que América, hoy desierta, llegue a ser un mundo opulento en poco tiempo. Si queremos ver agrandados nuestros Estados en corto tiempo, traigamos de fuera sus elementos ya formados y preparados.
Aviso importante a los hombres de Estado sudamericanos: las escuelas primarias, los liceos, las universidades, son por sí solos, pobrísimos medios de adelanto, sin las grandes empresas de producción, hijas de las grandes porciones de hombres.
Se hace este argumento: educando a nuestras masas, tendremos orden; teniendo orden vendrá la población de afuera. No tendréis orden ni educación popular sino por el influjo de masas introducidas con hábitos arraigados de ese orden y buena educación.
¿Cómo conseguir todo esto?
Tratados extranjeros. Firmad tratados con el extranjero en que deis garantías de que sus derechos naturales de propiedad, de libertad civil, de seguridad, de adquisición y de tránsito les serán respetados. Esos tratados serán la más bella parte de la Constitución; la parte exterior, que es la llave del progreso.
Plan de inmigración. La inmigración espontánea es la verdadera y grande inmigración. Nuestros gobiernos deben provocarla, por el sistema grande, largo y desinteresado, por la libertad prodigada por franquicias que hagan olvidar su condición de extranjero, persuadiéndolo de que habita su patria; facilitando, sin medida ni regla, todas las miras legítimas, todas las tendencias útiles.
Tolerancia religiosa. Si queréis pobladores morales, y religiosos, no fomentéis el ateísmo. Si queréis familias que formen las costumbres privadas, respetad su altar a cada creencia. La América española, reducida al catolicismo con exclusión de otro culto, representa un solitario y silencioso convento de monjes. El dilema es fatal: o católica exclusivamente y despoblada; o poblada y próspera, y tolerante en materia de religión.
Inmigración mediterránea. Hasta aquí la inmigración europea ha quedado en los pueblos de la costa y de ahí la superioridad del litoral de América, en cultura, sobre los pueblos de tierra adentro. El medio más eficaz de elevar la capacidad y cultura de nuestros pueblos de situación mediterránea a la altura y capacidad de las ciudades marítimas es aproximarlos a la costa, mediante un sistema de vías de transporte grande y liberal, que los ponga al alcance de la acción civilizadora de Europa.
Los grandes medios de introducir Europa en los países interiores son el ferrocarril, la libre navegación interior y la libertad comercial. La riqueza, como la población, como la cultura, es imposible donde los medios de comunicación son difíciles, pequeños y costosos.
Ferrocarriles. Es preciso traer las capitales a las costas, o bien llevar el litoral al interior del continente. El ferrocarril y el telégrafo, que con la supresión del espacio, obran. El ferrocarril innova, reforma y cambia las cosas más difíciles, sin decretos ni asonadas.
Sin el ferrocarril, no tendréis unidad política en países donde la distancia hace imposible la acción del poder central. La unidad política debe empezar por la unidad territorial, y sólo el ferrocarril puede hacer de los parajes separados por quinientas leguas un paraje único.
Franquicias y privilegios. Proteged al mismo tiempo empresas particulares para la construcción de ferrocarriles. Colmadlas de ventajas, de privilegios, de todo el favor imaginable, sin deteneros en medios. Los caminos de fierro son en este siglo lo que los conventos eran en la Edad Media; cada época tiene sus agentes de cultura.
Dejad que los tesoros como los hombres de afuera se domicilien en nuestro suelo. Rodead de inmunidad y de privilegios el tesoro extranjero para que se naturalice entre nosotros. Esta América necesita de capitales tanto como de población. El inmigrante sin dinero es un soldado sin armas.
Navegación interior. Los grandes ríos son otro medio de internar la acción civilizadora de Europa. Pero los ríos que no navegan son como si no existieran. Es necesario entregarlos a la ley de los mares, es decir a la libertad absoluta. No más exclusivismo en nombre de la patria.
Nuevos destinos de la América mediterránea. Los Estados no se han hecho para las aduanas, sino éstas para los Estados. Si queréis que el comercio pueble nuestros desiertos, no matéis el tráfico con las aduanas interiores. La aduana es la prohibición; es un impuesto que debiera borrarse de las rentas sudamericanas. Es un impuesto que gravita sobre la civilización y el progreso de estos países, cuyos elementos le vienen de afuera.
No temáis tampoco que la nacionalidad se comprometa por la acumulación de extranjeros, ni que desaparezca el tipo nacional. Mucha sangre extranjera ha corrido en defensa de la independencia americana. No temáis, pues, a la confusión de razas y de lenguas. El emigrado es como el colono: deja la madre patria por la patria de su adopción.
Abrir sus puertas de par en par a la entrada majestuosa del mundo; sin discutir si es por concesión o por derecho.

[1] Selección de textos: Noelia Carena

ORDEN CONSERVADOR: Democracia y minorías


BOTANA, Natalio R. (1985): El Orden Conservador. La Política argentina entre 1880 y 1916. Buenos Aires: Hyspamerica, Biblioteca argentina de Historia y Política. (Resumen para uso de la cátedra. En este texto ha colaborado la alumna Analía Rossi)
Figura: Juan Bautista Alberdi (Tomada de www.larramendi.es)
Palabras claves: Botana, orden conservador, Alberdi, fórmula prescriptiva, democracia, democracia madisoniana, Madison, Tocqueville, liberalismo.

Natalio Botana encabeza una conocida familia conservadora de nuestro país, dedicada históricamente al periodismo. Interviene en el golpe de Uriburu (Ver: Irigoyen pág 368)
Hacia 1880 tres batallas sangrientas conmovieron a Bs As. Ellas son la culminación de un viejo conflicto, que se resuelve a través de la guerra. Bs As, federalizada fue Capital de la República. Poco tiempo después Julio A. Roca ascendía a la Presidencia. Treinta años más tarde Roque Sáez Peña ponía en marcha una reforma política que culminaría en 1916. El libro abarca este período. La ‘fórmula alberdiana’ tradujo en 1880 una concepción del orden político y a partir de una meditación crítica sobre ella se diseña la fórmula política que otorga sentido a la relación de mando y obediencia. Durante este período se produce un cambio espectacular en economía, población y cultura. Los grupos dirigentes, escépticos y conservadores en el campo político, fueron liberales y progresistas ante la sociedad que se ponía en movimiento, El liberalismo fue para ellos un sistema de convivencia deseable, que pareció compatible con una actitud resueltamente conservadora… Había que transformar el país pero desde arriba, sin tolerar que el alud migratorio arrancara de las manos patricias el poder. Su propósito fue desde entonces deslindar lo político de lo económico, acentuando en este último campo el espíritu renovador en tanto se contenía en el primero todo intento de evolución.
La combinación de conservadorismo y liberalismo generó actitudes muchas veces contradictorias. La élite transformadora no aprobó la existencia de un orden social sancionado por una religión establecida, pero estaba convencida de la desigualdad que imperaba en la sociedad. Le fue indiferente la arquitectura jerárquica y corporativa del antiguo régimen, pero defendió el control del poder político en manos de una clase social que se confundía con el patriciado y la aristocracia. Creyó en la propiedad. Jamás dudó del progreso y de su virtud para erradicar la sociedad tradicional. Confió en la educación pública común y gratuita para ganar la carrera que le proponía la civilización ascendente.
Se dio importancia al control de la sucesión política, imponiendo los cargos ejecutivos más altos – presidentes, gobernadores y senadores – sobre los opositores. Este fenómeno de control se concentró en la producción del sufragio mediante el fraude.
El momento alberdiano cristalizó en la autoridad de Roca. Luego ocuparían el primer plano los reformadores: Roque Sáenz Peña, Indalecio Gómez, Joaquín V. González y Pellegrini.
La reforma que se perseguía tenía límites: el más importante era la necesidad de conservar el poder.


LA REPÚBLICA POSIBLE
BOTANA, Natalio R. (1985): La república posible, en: El Orden Conservador. La Política argentina entre 1880 y 1916. Buenos Aires: Hyspamerica, Biblioteca argentina de Historia y Política, pag 40-64

La estructura institucional de un régimen alberga una realidad más profunda: la del poder. Este haz de relaciones de control se asienta sobre una constelación de intereses y valores de distintos grupos que pretenden gobernar al resto.
Hay una operación consistente en traducir aquella madeja de intereses y valores en una creencia compartida, que haga las veces de norma habitual para regular las relaciones de poder. Esa operación atraviesa un camino histórico que puede dividirse en dos tramos analíticos.
Primero debe consagrarse una fórmula prescriptiva o principio de legitimidad que:
busca satisfacer ciertas ideas acerca del régimen mejor adaptado a una doctrina de la libertad o de la justicia
pretende gratificar intereses materiales reivindicados por grupos y clases sociales.

Segundo tramo: Los actores procuran traducir las fórmulas prescriptivas en:
una creencia compartida con respecto a la estructura institucional del régimen
y en un acuerdo acerca de las reglas de sucesión

De esta serie de acciones puede resultar una fórmula operativa o sistema de legitimidad que vincula las expectativas, valores e intereses de los actores con las instituciones del régimen y las reglas de sucesión. Creencia y acuerdo son dos conceptos analíticos que calificarían el proceso de legitimación al cual parecen sometidas las formas históricas de los regímenes políticos. Esta perspectiva guía este libro, con el objetivo de observar un régimen político como un orden de dominación donde algunos pueden fijar metas, elegir medios y alternativas, adjudicar recompensas y sanciones.


ALBERDI Y SU FÓRMULA PRESCRIPTIVA


BOTANA, Natalio R. (1985): Ibídem, en “El orden conservador”, Biblioteca Argentina de Historia y Política, Bs.As.: Ed. Hyspamérica, pp 42-49 (Resumen: Analía Leila Rossi, supervisado por la cátedra)

Desde la independencia, los criollos que asumieron la conducción de las antiguas colonias españolas enfrentaron la grave contradicción entre el principio de legitimidad de la monarquía hereditaria y el principio de legitimidad de la república electiva. Al quebrarse los vínculos con la corona española los grupos dirigentes asumieron la tarea de construir una legitimidad de reemplazo. Las clases y grupos dominantes tenían un gran problema, ya que la caída del poder colonial, la carencia de fórmulas de reemplazo podía conducir a la anarquía o a la disolución política, lo que implicaba el ocaso de su poder y prestigio.
Juan Bautista Alberdi fue el autor de una fórmula prescriptiva que gozó del beneficio de alcanzar una traducción institucional sancionada por el Congreso Constituyente en 1853. Lo significativo de esta fórmula fue su perdurabilidad sobre las vicisitudes de la guerra interna entre Bs. As. y la Confederación, las impugnaciones posteriores provenientes de muchas provincias del interior y la resistencia de la misma.
Esta fórmula prescriptiva tiene la particularidad de justificar un régimen político en cuanto hace al origen del poder y a su programa futuro. Alberdi sostuvo que los argentinos debían darse una constitución para realizar un determinado proyecto. Este programa se proyecta sobre campos de acción específicos como: la inmigración, la construcción de ferrocarriles y canales navegables, la colonización de tierras de propiedad nacional, la introducción y establecimiento de nuevas industrias, la importación de capitales extranjeros y la exploración de los ríos interiores. Para alcanzar estos fines Alberdi tuvo la intención de provocar un trasplante cultural. Rechazó una cultura tradicional, la cultura hispánica que impide el cambio y la innovación y opta por el modelo de aquellos países europeos que ya se hallaban en trance de edificar una sociedad industrial que libere al hombre de la servidumbre de la naturaleza. Un cambio de tal envergadura no puede llevarse a cabo si no es inyectando desde afuera, en una cultura –según él históricamente terminada – nuevos fermentos de población y de riqueza que sean portadores de esos valores.
La población es el agente privilegiado del cambio cultural, pero no es el único. El ferrocarril y el vapor, las industrias y los capitales, que se han desarrollado y acumulado en otras naciones, son los agentes complementarios e imprescindibles.

El medio seleccionado para alcanzar estas metas es el régimen político. La elección de los gobernantes y las garantías otorgadas a los gobernados procuran conciliar los valores igualitarios de una república abierta a todos, con los valores jerárquicos de una república restrictiva, circunscripta a unos pocos. Esta fórmula se funda en una capacidad de decisión dominante para el poder político central; otorga el ejercicio del gobierno a una minoría privilegiada; limita la participación política del resto de la población; y asegura a todos los habitantes, sin distinción de nacionalidad, el máximo de garantías en orden a su actividad civil.
A Alberdi lo preocupaba organizar un poder central, fuerte para controlar los poderes locales y suficientemente flexible para incorporar a los antiguos gobernadores de provincia a una unidad política más vasta. La fusión entre dos tendencias contradictorias en la historia nacional, la centralización y la descentralización, pone sobre el tapete la idea que se forjaba Alberdi de la organización federal, pragmática.
No hay una ruptura definitiva con un orden tradicional, esto vendrá después cuando la población nueva, la industria y la riqueza, den por tierra a la cultura antigua. Mientras tanto, emergerá un papel político inédito que habrá de integrar lo nuevo y lo viejo: el control racional de la ley y los símbolos de dominio y soberanía quebrados desde los tiempos de la independencia.
En la fórmula alberdiana el presidente materializa el poder central, pero no detenta todo el poder ni tampoco ejerce un dominio irresponsable sobre la sociedad. El gobierno responsable deriva de la legitimidad del presidente investido por una constitución.
Es una mejora que la severidad sea ejercida por la constitución y no por la voluntad de un hombre. El gobernante elegido por el voto del país debe ser respetado como a la persona pública del Presidente de la Nación, porque el respeto al presidente no es más que el respeto a la constitución.
La constitución de la Federación Argentina tiene por objeto establecer una república no tiránica. Impedir la tiranía es la finalidad básica del gobierno republicano. Es preciso prevenir la tendencia a la corrupción y encuadrar dentro de los límites temporales precisos, otorgando a magistraturas diferentes la tarea de legislar, ejecutar y sancionar.
En términos prácticos el problema se expresaba así:

“¿Cómo realizar una organización constitucional que abrace y concilie las libertades de cada provincia y las prerrogativas de toda la nación y de hecho permita a los gobiernos que deben aceptarla la continuación en el mando de sus provincias?” (Bases, XVII 113)

Este argumento deja entrever una tensión entre la necesidad de encontrar una fórmula de reducción a la unidad y por otra el acuerdo que conviene establecer con aquellos que detentan posiciones de poder:

“Es preciso que el nuevo régimen contenga algo del antiguo” (Bases XXVII: 210)
Es la fusión entre dos tendencias contradictorias en la historia nacional, la centralización y la descentralización. Para Alberdi, Federación evoca un medio para alcanzar la unidad del régimen, ya que la unidad pura fracasó. De allí deriva el carácter mixto del gobierno consolidable en la unidad de un régimen, pero no indivisible (como quería el congreso de 1826) sino divisible y dividido en gobiernos provinciales. Todos limitados por la ley federal de la República.
Este gobierno mixto, que expresa el término federación, retoma rasgos esenciales trazados por la costumbre en las culturas de América del Sur. No hay ruptura definitiva con un orden tradicional; esa ruptura vendrá después, cuando la población nueva, la industria y la riqueza den por tierra con la cultura antigua. Mientras tanto, a medida que la transición se pone en marcha, es preciso reorientar las expectativas de obediencia hacia un nuevo centro de poder.
Se propone un papel político inédito que habrá de integrar lo nuevo y lo viejo: el control racional de la ley y los símbolos de dominio y soberanía. Es el papel del presidente. La figura monárquica reaparece bajo la faz republicana. Como decía Bolívar:
“Los nuevos Estados de la América antes española necesitan reyes con nombre de presidente”

La fórmula de Alberdi retoma esta idea de Bolívar. El presidente adquiere legitimidad no intrínsecamente, sino en razón del cargo, de su rol institucional.
La distinción entre el rol y el ocupante es tajante. Con ello Alberdi adecua a nuestra nación una argumentación trazada en los debates de Filadelfia, que se suele llamar ‘democracia madisoniana’ (teoría política de James Madison)[1].
Este argumento podría resumirse en la propuesta:
La constitución de la Federación Argentina tiene por objeto establecer una república no tiránica.
Impedir la tiranía es la finalidad básica del gobierno republicano. Para evitar el despotismo debe encuadrarse el gobierno dentro de límites temporales precisos y otorgar a magistraturas diferentes la tarea de legislar, ejecutar y sancionar.

Libertad política para pocos y libertad civil para todos. Alberdi defiende la forma de la representación para que la legitimidad del gobernante provenga del pueblo. Pero se trataba de un ‘pueblo chico’: los que saben elegir:
“La inteligencia y fidelidad en el ejercicio de todo poder depende de la calidad de las personas elegidas para su depósito; y la calidad de los elegidos tiene estrecha dependencia de la calidad de los electores. El sistema electoral es la llave del gobierno representativo. Elegir es discernir y deliberar. La ignorancia no discierne, busca un tribuno y toma un tirano. La miseria no delibera, se vende. Alejar el sufragio de manos de la ignorancia y de la indigencia es asegurar la pureza y acierto de su ejercicio”
Alberdi: Derecho Público Provincial, Bs As. UBA, 1956 (Botana pag 52)

Algunos están habilitados para intervenir en el gobierno; la mayoría sólo tiene derecho al ejercicio de la libertad civil.
“Repito que estoy libre del fanatismo inexperto, cuando no hipócrita, que pide libertades políticas a manos llenas para pueblos que sólo saben emplearlas en crear a sus tiranos. Pero deseo abundantísimas las libertades civiles o económicas de adquirir, enajenar, trabajar, navegar, comerciar, transitar y ejercer toda industria, porque veo en nuestro pueblo la aptitud conveniente para practicarlas. Son practicables, porque son accesibles al extranjero que trae su inteligencia; y son las más fecundas, porque son las llamadas a poblar, enriquecer y civilizar a estos países”
J.B. Alberdi: Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina, (Botana, pág. 52)
La fórmula alberdiana prescribe la coexistencia de dos tipos de república federativa: la república abierta y la república restrictiva. La primera estaría regida por la libertad civil, aunque no controla sus actos de gobierno ni interviene en la designación de los gobernantes. La república restrictiva es el trasfondo de un núcleo político capacitado para hacer gobierno y ejercer control, un espacio cuyos miembros se controlan a sí mismos y a la vez controlan el contorno.

Alberdi y Tocqueville: la libertad frente al riesgo de la igualdad
Es la vieja distinción entre habitante y ciudadano que desde los tiempos de Rousseau interrogaba al pensamiento político. Los que procuraron fundar Estados después de las revoluciones de Francia y EEUU advertían que el reino de la libertad política y económica podía sufrir la erosión de un movimiento súbito e irresistible: el movimiento de la igualdad.
Alberdi no prestó suficiente atención a este fenómeno, pero realizó una tajante división entre habitante y ciudadano.
Otros pensadores, que también provenían del tronco conservador, se percataron que todo el edificio republicano podía temblar en sus cimientos a medida que un aumento histórico de la igualdad social diera por tierra con las antiguas distinciones entre ciudadano y habitante. Esta realidad emergente fue la que deslumbró a Alexis de Tocqueville. [2]
Tocqueville sostiene que la democracia equivale a la igualdad, no significando como tal un régimen político sino un estado de naturaleza social que anuncia el ocaso de la dominación aristocrática, por lo que le produce miedo. En la introducción de ‘La democracia en América’ dice que el libro ha sido escrito bajo la impresión de una especie de terror religioso producido … al vislumbrar esta revolución irresistible que camina desde hace tantos siglos, a través de todos los obstáculos, y que se ve aún hoy avanzar en medio de las ruinas que ha causado” (p 56)
En una sociedad igualitaria la libertad corre grave peligro de desaparecer pues la realidad que se impone es la de un Estado que tiene que lidiar con individuos o grupos. Para Tocqueville hay 3 medidas que permitirían preservar la libertad en una sociedad igualitaria: descentralización federal, asociación voluntaria y moderación electoral (voto indirecto).
La diferencia entre Alberdi y Tocqueville es que el primero excluye muchos ciudadanos de la libertad política, mientras que Tocqueville los separa de la decisión directa de elegir: el sufragio indirecto es un sistema electoral que robustece la calidad de los gobernantes.
Tocqueville descubre que las instituciones políticas y la sociedad igualitaria permanecían en una crítica confrontación. Alberdi instala las instituciones sobre una severa distinción de rangos: votarán los de arriba, los educados y los ricos, no los ignorantes y los pobres. El acto de representación exige prudencia y sabiduría y plantea un dilema: o se universaliza la ciencia y el arte del gobierno o bien, mientras tanto, la responsabilidad de manejar la suerte de todos, debe quedar en un pequeño número de privilegiados.


[1] Democracia madisoniana. Es aquélla que se define por el respeto de las minorías. Es una democracia que no se define como el poder omnímodo de la mayoría, sino como el compromiso constitucional y cultural con la garantía de los derechos intangibles de las minorías, lo cual implica un conjunto de limitaciones institucionales y sociales a la soberanía mayoritaria. James Madison había señalado que tan peligrosa para la república es la minoría detentadora del poder, como la mayoría que lo ejerce sin límites. (ver Chinchilla)


[2] Alexis de Tocqueville, en la misma línea que otros pensadores liberales, prevenía contra el ilimitado “poder moral de la mayoría sobre el pensamiento”, como el mayor peligro de este sistema de gobierno: [13]“el mayor peligro de las repúblicas americanas reside en la omnipotencia de la mayoría”.