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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN

Seminario optativo de la Maestría en Educación Universitaria
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09 mayo, 2008

GUÍA BÁSICA DE MITOS Y UTOPÍAS

GUÍA BÁSICA DE MITOS Y UTOPÍAS

POR CARLOS SCHULMAISTER
Argentina

Carlos Schulmaister vive en Villa Regina (Río Negro), Profesor de Historia (Universidad de La Plata), ejerciendo en Institutos Superiores. Ha culminado un Master en Gestión y Políticas Culturales en el Mercosur (UP) con tesis a presentar sobre las entrevistas de historia oral ante el derecho de la propiedad intelectual en Argentina.
Autor de "De la patria y los actos patrios escolares", "Los intelectuales, entre el mito y el mercado", y varios trabajos inéditos. Numerosas publicaciones en revistas on-line universitarias y en Monografías.com, columnista del Diario Río Negro.
De acuerdo a su autovaloración, sus obsesiones son “la crítica a los mitos nacionalistas de la patria, los héroes, la violencia, la muerte heroica, la cultura de la muerte, los mitos que atrasan la historia y los que quieren ganarle a los saltos, los cuales, en lugar de hacer al hombre más grande y más libre lo vuelven insignificante y esclavo de toda clase de amos”.

Hemos recomendado en nuestra cátedra algunos de sus trabajos, especialmente “De la patria y los actos patrios escolares” que figura en la bibliografía. Veamos
ahora sus reflexiones:

Desmitificar es reconocer que un núcleo de significados encierra un mito (una explicación con dos posibilidades: una prerracional y otra falsamente racional). No reconocer el mito implica admitir sus aparentes significados como verdades. Luego resta analizarlo críticamente para demoler los falsos fundamentos de sus pretensiones explicativas y para rescatar el fondo de verdad que pueda encerrar y que escapa a nuestro conocimiento. En suma, se trata de interpretar luces y sombras del mito.

La vigencia de un mito implica cierto grado de vuelta atrás, de alejamiento del presente, pero mirando por el espejo retrovisor del auto mientras éste avanza, pues el mito no se impone por sí solo viajando del pasado al futuro, tradición mediante, sino que es tironeado desde el presente. Con ciertos mitos redivivos las sociedades, o grupos dentro de ellas, escapan imaginariamente de su propio tiempo histórico en busca de Arcadias a la medida de sus deseos y necesidades presentes soñando con resucitarlos, no en su totalidad sino en la parte o el significado que les permita relanzarlos hacia el futuro, pero en sustitución del futuro real. Me refiero a mitos con vitalidad, que son vivificados por generaciones actuales que adhieren a ellos sin importarles su larga antigüedad, o tal vez por eso mismo.

Aquellas con mayor cantidad de mitos vigentes suelen ser sociedades tradicionales y conservadoras, jerárquicas, sumisas, obedientes, formalistas y estables, temerosas de los cambios en las costumbres y las ideas, pues los mitos existen para obtener esos resultados.

Los escapes hacia atrás existieron en todos los tiempos y lugares en el pasado, pero también en el siglo XX, y aun en la actualidad. Tendencias de ese tipo se presentan también en ciertas subculturas dentro de sociedades actuales que cursan la etapa de la Globalización. En el presente, esas fugas pueden presentarse travestidas de progresismo, engañando así a la mayoría.

En otras sociedades, por el contrario, mitos similares ya no movilizan retrocesos históricos pues carecen de vitalidad, es decir, ya no se cree demasiado en ellos, por más que algunos sean artículos de fe religiosa vinculados a los libros “sagrados” de ciertas religiones.

La posibilidad del escape reside en el vigor del relato mítico para dominar, controlar o inducir la dirección del comportamiento y del pensamiento de hombres posteriores en miles de años a los imaginarios tiempos inaugurales del mito, produciendo en consecuencia la resistencia y la renuencia a desarrollar la aventura de poner en tensión el insuficientemente explorado potencial de las energías humanas (individuales y colectivas, materiales y espirituales) por fuera de los moldes tradicionales, considerados dignos de permanencia por su atribuida bondad intrínseca.

Inversamente, la utopía es un escape de la historia hacia adelante, y no necesariamente su afirmación plena, pero como es muy engañadora resulta altamente movilizadora socialmente. En realidad, pese a los discursos ideológicos a su servicio, e incluso por obra de ellos mismos, esa huída hacia adelante suele representar una deserción del presente inmediato, un intento de forzar la naturaleza de las cosas, por lo que equivale a una apelación a la magia, o al milagro. Eso sí, moviliza intensamente a minorías, cuando de acuerdo a sus excelencias debería movilizar a toda la sociedad.

La utopía, en principio, es todo lo contrario de los mitos. Si éstos son legitimadores de lo dado, es decir, de lo existente, del sistema, la utopía es el planteo de la justicia que debe ser como resultado de la crítica previa de lo existente. No obstante, en la práctica, la utopía, al igual que los mitos, es dominada por la ideología y se convierte en un mito al revés, una fuga hacia adelante. Esas son las utopías que hemos conocido, que a la larga no pueden realizarse y sus deficitarias implementaciones terminan en desviaciones que deben ser padecidas.

La razón, a mi juicio, es el desprenderse totalmente del pasado, de ese sedimento de incontables presentes agotados, por lo que sus promotores se ven obligados a continuar apelando e invocando al destino, al futuro, para dominar y controlar a amplias mayorías disconformes en el hoy, que es lo único que existe pese a su fugacidad. Si la utopía se mantiene con vitalidad sólo en la minoría la única manera de que prospere en punto a su realización es convirtiéndose en misionera y beligerante, y dejando en algún momento de ser democrática. Para entonces ya habrá desarrollado un inmenso cuerpo teórico destinado a explicar y justificar la necesidad de dar el salto histórico que la sitúe a la cabeza de las masas. En resumen: lo que la teoría crítica construye magníficamente, la praxis concreta lo desmorona y el fondo ético ideal originario es la primera víctima sacrificada.

La capacidad cuestionadora de sus mitos heredados no debe hacer perder de vista la tendencia implícita en la sociedad a identificar el presente, y sobre todo el estado de derecho y la democracia, en tanto que situaciones actuales relativamente extendidas, como un paradigma de racionalidad perfecto y acabado. A partir de allí, hay que reconocer el grado de mentira del presente, o mejor dicho, la renovada capacidad mitificante, alienante e irracional, de una racionalidad presente que pretende o intenta dar cuenta de los mitos supérstites y sobre todo de nuevas utopías. Como sujetos contemporáneos, nos preocupan más los mitos de la razón, la mitificación de la realidad producida por el extravío y la crisis de la racionalidad crítica.

Individuos y sociedades, en formas y grados diversos, tienen tendencias a situar en pasados y en futuros mitificados los impulsos históricos que traccionan en uno u otro sentido temporal al tiempo presente y su conciencia de si. Ello sucede así independientemente de la capacidad o incapacidad de aquellos de mirarse desde afuera del proceso.

Los mitos renacen en el presente, languidecen o bien ya quedaron en el pasado y están definitivamente muertos. Pero el presente también puede saltar hacia atrás buscando reverdecer antiguos mitos o creando otros conexos, como en las experiencias históricas fascistizantes del siglo XX. A la inversa, la utopía revolucionaria, con su salto histórico hacia delante y su asalto al futuro es en gran medida un salto al vacío, lo cual la diferencia de los atajos históricos, otra forma de acelerar el tránsito hacia el futuro reduciendo distancias sin saltos ni sobresaltos.

La huída del presente, en realidad, no obedece al “miedo” al presente, tan efímero y breve, sino a la angustia por la imposibilidad del futuro, el depositario de las estaciones imaginables de nuestra vida (lo que no ocurre con el presente, que es pura fugacidad) y el garante de nuestra finitud.

Pero el futuro personal no corre con uno, hacia adelante de uno, sino en contra de uno, como un dique que estalla o como una catarata incontenible que se nos viene encima sin que estemos vestidos para la ocasión. El presente devora el futuro como la locomotora de vapor consumía carbón. En definitiva, a lo que se teme es al futuro por ser un recurso no renovable (cuestión económica) y por lo que se piensa, se presume, se cree, y se teme que viene después (cuestión axiológica que condiciona la atribución de sentido a la vida).

En el futuro, lato sensu, hay dos futuros temidos de distinta manera: el inmediato y el mediato, y cada uno angustia de distinta manera en el fugaz pero desmesurado presente de la conciencia.

El culto del pasado y la arqueología de los mitos son un pretexto, una excusa para atenuar el miedo al futuro personal, imaginando la prolongación del tiempo por delante nuestro. El pasado es el depósito o el galpón de los trastos viejos de la vida, que nos permite disfrazarnos de tanto en tanto, en el carnaval de nuestra existencia, para adoptar una ficticia identidad, para tener un rostro, y también una familia, y una tribu, con lo cual nos quita soledad y angustia del presente, a cuenta del futuro.

La fascinación del futuro es una excusa irracional para reducir y controlar el miedo que provoca. El futuro que fascina es el lejano, separado y más allá del limitado futuro personal. El futuro abstracto no duele ni angustia, como lo prueba la indiferencia de mis amigos y de mis propios hijos ante la posibilidad de que sus nietos y biznietos se encuentren ante el peligro del anunciado choque de nuestro planeta con un cometa en el año 2126.

Ese futuro cuasi literario es un refugio colectivo de la especie, un útero tibio y placentero tal como lo es también el pasado mítico prehistórico, en los cuales se deposita optimismo y serenidad -a diferencia de los futuros personales de cada uno-, y donde precisamente, en cierto punto, se diluye toda individualidad.

En cambio, casi siempre para la mayoría el presente es tierra de nadie, es decir, un espacio no deseado, incómodo, pero potencialmente tentador. En general, al presente se lo apropia y lo disfruta el oportunista. Y a veces el loco.

Hay épocas en las cuales existen desmesuradas fugas colectivas hacia atrás, y otras en los que las fugas se dan hacia adelante con mucho brío y entusiasmo. Y también hay momentos y lugares donde el pasado y el futuro se unen complementariamente, como en las experiencias autoritarias de derechas, representando la conquista del futuro, en realidad, una mítica búsqueda del paraíso perdido. En tanto que en la revolución, la ruptura con el pasado se propone para siempre por más que a largo plazo eso sea imposible de lograr. Con todo, la utopía de la sociedad sin clases es tan sólo la resurrección del mito de la comunidad primitiva.

En América latina, por miedo al futuro -pues nunca fueron realmente progresistas- las oligarquías ensambladas con los imperialismos de turno promovieron golpes de estado tanto en el siglo XIX como en el XX. Temer al futuro las llevaba a proponerse clausurarlo. Habitualmente el mito vigente nos enseña todo lo contrario de lo que yo afirmo.

La utopía izquierdista de América latina en los ´60 y ´70 fue en parte una reacción a lo anterior, pero las luchas nacionales nunca fueron utopías sino desarrollos históricos de la conciencia política popular de cada momento, pese a haber recibido influencias del utopismo revolucionario. Los que saltaron el tiempo fugándose hacia adelante fueron los utopistas de izquierda, incluyendo principalmente a los Montoneros y a los grupos guerrilleros de izquierda. Ser utopista practicando cualquier forma de violencia no es, como mínimo, algo inocuo, y mucho menos un indiscutible modelo a seguir toda vez que esa identificación descansa en la lógica amigo-enemigo.

En Argentina, después de 1955, la resistencia peronista fue estrategia política de un gran conductor político de masas, sin que su grandeza impida ni evite revisar críticamente su trayectoria política. La superposición de la utopía revolucionaria, intentando acelerar la propia dinámica de la lucha movimientista peronista, unido a la agudización de las contradicciones internas de ésta, trajo como resultado su fracaso, la mayor represión popular conocida hasta entonces, y el retroceso de la evolución social de los argentinos.

La utopía futurista, desvinculada de la realidad de lo posible, siempre intenta forzar la realidad para eludir y borrar las responsabilidades históricas concretas y la necesidad de dar respuestas políticas y sociales ya, ahora.

En consecuencia, hay dos formas de imaginar el futuro: el futuro enlazado con el presente, el futuro racional, al que se llegará previsiblemente subiendo por la escalera peldaño a peldaño, incluyendo descansos y retrocesos; y el futuro desprendido del presente, al que se intenta llegar no por medio de ascensores pues no existen sino dando saltos: es el futuro mitificado. En la realidad, quienes crean posible escapar de los cercos de los “laberintos” por arriba han de fracasar inexorablemente a menos que le crezcan “alas” (algo imposible) o posean tecnología capaz de propulsarlos hacia ese “arriba”. En todos los casos, no podrán evitar los “porrazos”.

Lo mismo sucede con el pasado: el pasado construido y articulado con el presente es un pasado histórico, dinámico, provisorio, vital, y nosotros somos dueños de él. A la inversa, un pasado recibido, heredado, lejano, impreciso, desarticulado del presente personal, es un pasado mítico, estático, fijo, muerto, y aun así nos domina.

Y sin embargo, la huida del presente y de la racionalidad a través del mito y la utopía es sólo aparente, ya que ni el mito ni la utopía pueden desprenderse del presente donde son pensados ni pueden existir sin una dosis de racionalización, del mismo modo que la racionalidad va acompañada de la función mitificadora del sistema.

Hasta unas cuantas décadas atrás, la utopía era pensada como un imposible lógico. Hoy lo es como un inédito posible: cuando ella sobrepasa la mera entidad teórica se la comienza a percibir como una acumulación de energía puesta en tensión para lograr un salto cualitativo en las formas de organización y desarrollo de la vida colectiva en el sentido del bien común, y en ese sentido parece hallarse en marcha. En la práctica, las utopías se mitifican, se irracionalizan, tornándose irrealizables, con lo cual el antiguo significado de utopía vuelve a cobrar vigencia.

El fracaso y los terribles costos de las utopías totalitarias recientes han logrado que tengamos inclinación a poner en el centro de la utopía los riesgos, los extravíos y los resultados no deseados. Pero todas las utopías no han sido ni son homogéneas ni mucho menos violentas ni totalitarias. Y no tienen por qué serlo.



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30 septiembre, 2007

MOVIMIENTOS UTÓPICOS Y PROGRESISTAS siglo XIX (2ª parte)



Primitivo socialismo en Francia: Saint-Simon y Fourier
Simultáneamente con Owen, las ideas socialistas se fueron desarrollando en Francia, como consecuencia de las esperanzas que habían nacido en la revolución y de la literatura utópica del siglo XVIII, que adquiere sus formas más variadas en ese país[i].
El conde de Saint-Simon (Claude-Henry de Rouvroy) (1760-1825) profundamente influenciado por Comte, sobre todo por el positivismo y su aplicación a la sociedad. El conflicto de las clases sociales sería inevitable, y de él surgiría un nuevo orden social, como sucesor del ancien régime. basado en el gobierno de la ley, en una jerarquía de talento, donde la educación sería capital. Las clases sociales serían eliminadas con el retorno de la propiedad alienada a la comunidad.
Los sansimonianos no argumentaban a favor de una completa igualdad, sino de gradaciones jerárquicas de acuerdo con el mérito.
La educación desempeñaría un papel integral como mecanismo que garantizara la moral común y los comportamientos adecuados (socialización) y como aparato clasificador y seleccionador, que colocara a cada uno en situación profesional adecuada. 0

Fourier, Francois-Marie-Charles (1772-1827). Sus ideas sobre la reconstrucción de la sociedad fueron influyentes, próximas a la doctrina estoica de un designio fundamental para el mundo y de la necesidad del hombre de descubrirlo para vivir en armonía con la naturaleza. La naturaleza tiene una importancia capital y depende de un plan divino. Entre los elementos fantásticos de su obra, afirmaba que dentro del hombre hay 13 pasiones que si son liberadas transformarán el mundo. La solución se encontraría en la arcadia utópica de las comunidades agrícolas que llamó falansterios o comunidades por falanges, de un tamaño similar a los pueblos cooperativos de Owen. Dentro de los falansterios la educación sería fundamental, para educar a los niños libres de represiones y pudieran integrarse a esas comunas cooperativas.
Las principales ideas educativas de Fourier son de origen rousseauniano. El niño nace bueno, íntegro y dotado de un número de instintos que conducen por el desarrollo armónico natural; es la intervención de la civilización defectuosa la que inhibe el desarrollo saludable. La educación en los falansterios debía permitir que los instintos se desarrollen en su secuencia natural. Critica la educación pública y consideró que las prácticas escolares debían abandonarse por peligrosas, reemplazadas por una educación armónica por medio de actividades artesanales, combinando con ejercicio de las facultades del cuerpo por medio de gimnasia. La cocina y la ópera son mas importantes que leer, escribir y contar, porque la cocina cultiva los sentidos del gusto y el olfato y la ópera la vista y el oído. Fourier continuó la postura del naturalismo romántico iniciada por Rousseau.
Ninguno de estos primitivos socialistas, que colectivamente proporcionaron el impulso reconstruccionista, consideró ningún cambio en la teoría del conocimiento; sus reformas eran sociales y económicas más que metafísicas y epistemológicas. Los 3 mostraron un racionalismo ingenuo que bastaría con señalar el camino verdadero para que la sociedad lo siguiese; “sus teorías educativas estaban todas basadas en la epistemología positivista en boga del sensoempirismo, con sus asociada psicología de la facultad”.
Saint-Simon fue un positivista declarado; los seguidores aunque se apartaron de la fe absoluta en la ciencia, mantuvieron el método de la facultad. El concepto de instintos de Fourier está cerca del de las facultades, aunque él sí le dio más importancia a la necesidad de un desarrollo total, desde adentro.

Marx y el socialismo científico
Las ideas socialistas encontraron campo propicio en una Europa donde los trabajadores eran sometidos a largas jornadas de trabajo de 12 a 16 horas, represión, amontonados en ghettos urbanos. La represión fue mayor luego de las revoluciones de 1830 (Alemania) y 1840. Ya desde principios del siglo XVIII se había producido una inmigración hacia EEUU de utópicos religiosos, shakers y perfeccionistas. En el siglo XIX fue Owen que funda cooperativas, así como los seguidores de Fourier. El hecho de que la mayoría fracasaran, llevó en los 40’ a una ola de realismo político, especialmente entre los alemanes que habían fracasado en la revolución de 1830, que se exiliaron en otros países europeos. La clase trabajadora empieza a organizarse formando asociaciones, hasta llegar a la Liga comunista, a la que se afiliaron Marx y Engels. Ellos redactaron el Manifiesto comunista de 1848. Marx estaba inspirado por las visiones utópicas y estaba convencido de que la caída de la burguesía y el ascenso del proletariado serían inevitables.
En el Manifiesto se hace referencia a los socialistas ‘crítico-utópicos’ a los cuales se reconoce la iniciación histórica del movimiento, pero aportando sólo teorías limitadas, sin tener ninguna base efectiva para la acción. En cambio, sostienen el ‘socialismo científico’ (porque surgía de la dialéctica del desarrollo histórico). En ‘Socialismo utópico y científico’ de 1880, Engels afirma que el método histórico-filosófico de Hegel era un paso intermedio necesario, pero Marx aportó la concepción materialista de la historia y la revelación del secreto de la producción capitalista por medio de la plusvalía ... ‘Con estos descubrimientos el socialismo se convirtió en una ciencia’.
Marx invirtió la filosofía hegeliana concediendo prioridad al mundo material. Identificó tres formas de sociedad: feudal, capitalista y socialista, cada una con su propio ‘modo de producción’ característico.
Engels reivindicó que el socialismo es parte de la ciencia positiva de la naturaleza y de la historia.
El movimiento social demócrata alemán envió a Marx un esquema provisional para discutir en la convención de Gotha. La crítica del programa de Gotha fue un documento fundamental en la organización socialista. Allí rechaza la doctrina de Owen de que ‘el trabajo manual dirigido adecuadamente es la fuente de toda riqueza’. Afirma que además del trabajo, la naturaleza es también una fuente de valores de uso .. como el trabajo, que en sí mismo es sólo la manifestación de una fuerza de la naturaleza, el poder del trabajo humano’. Marx, mientras reclamaba un status científico para su interpretación de la historia, se había apartado de la ciencia positivista en boga, que veía al hombre como algo exterior a la naturaleza y dominando sobre ella; en opinión de Marx, el dominio completo de la naturaleza sólo podría ser alcanzado por el control conveniente de las propias fuerzas sociales.
El socialismo aceptó tácitamente el ingreso formal del Estado y su continua promulgación de leyes de enseñanza obligatoria, así como la correlativa dotación de sistemas de apoyo.

Regeneración moral: una religión purificada
El empuje socialista del siglo XIX no sólo tuvo que luchar con la industria capitalista, sino también la política conservadora de las iglesias establecidas, aliadas generalmente a la burguesía. Y el siglo estuvo marcado por una secuencia de grandes conflictos europeos, ya que las iglesias lucharon por mantener la autoridad y el tradicional control de la educación.
En 1864, el Papa Pio IX había promulgado el contencioso Syllabus condenando toda evolución moderna (liberalismo, racionalismo, ciencia, el concepto de progreso, los estilos de vida contemporáneos). Luego el mismo papa proclama la doctrina de la infalibilidad papal: cuando se habla ex cathedra (desde el trono, con autoridad) sobre fe católica y moral, el papa no puede equivocarse. Las implicaciones eran horrendas; significaba que la autoridad coercitiva moral de Roma era absoluta.
La iglesia más ultramontanista que nunca, en particular con respecto a la educación, se enfrenta en muchos de los Estados con gobiernos liberales y democráticos, aumentando entonces los partidos políticos religiosos y puso las bases para perpetuar la división social, especialmente en educación, hasta bien entrado el siglo XX.
Frente a este panorama, aparecen o crecen grupos que, sin renunciar a las creencias religiosas, intenta purgar la religión de sus elementos oscuros y misteriosos; racionalizarla de forma que desapareciera la división. Así se desarrollan la sociedad de amigos (cuáqueros), los unitarios, el trascendentalismo. También se profesó el agnosticismo (T.H. Huxley), el misticismo deliberativo (William James), expresado en ‘Las variedades de la experiencia religiosa’.
Estas posturas afectaron a la educación, por una parte anticlericales y secularizantes, pero también por otra parte alternativas al extremo positivismo sin Dios que caracterizó tanto a la ciencia y el herbartismo. Para algunos no era suficiente que la moral, la ética y los valores sociales fuesen sólo mencionados como una idea, en la creencia de que emergerían de alguna forma en el proceso.
Para el socialismo fue desafortunado que Marx denunciara de modo tan estridente el sistema utópico y que hubiera subrayado el materialismo histórico, o por lo menos que fuera interpretado de tal manera, en especial porque sus escritos más sensibles desde el punto de vista humano no se difundieron extensamente.
En este vacío moral de fines del siglo XIX hubo en toda Europa una proliferación de esfuerzos por encontrar una fuente no dogmática de valores religiosos y ninguna fue comprendida con tanta fuerza como el nuevo movimiento sincretista de la teosofía, que simbolizó para muchos una base sólida para la educación y las escuelas del futuro.

Teosofía.
Significa conocimiento de Dios. Fue fundada en New York en 1875 por la espiritualista Helena Blavatsky y el coronel Olcott, en un esfuerzo por alcanzar verdades más profundas de experiencia religiosa de lo que era posible con la fe tradicional. La sociedad germinó por todo el mundo occidental incorporando escrituras védicas sobre la transmigración de las almas, la unión mística de toda la humanidad y la validez potencial de todas las formas de experiencia religiosa. La mayor parte de los seguidores eran intelectuales de vanguardia.
Rudolf Steiner fue líder de la rama alemana, quien luego funda su propia sociedad antroposófica que, como el trascendentalismo examinaba sólo el interior del hombre en busca de la verdad espiritual. A principios del siglo XX, los seguidores teosóficos y antroposóficos tomaron una importante parte en el nuevo movimiento de educación progresista antiherbartiano. Las iglesias establecidas languidecían en su pensamiento y práctica educativa; en el siglo XX se volvieron todavía más reaccionarias, y los experimentos e innovaciones fueron llevados a cabo por otros grupos.

La nueva ciencia de la psicología: orígenes fisiológicos
Mientras que la educación de principios de siglo XX iba a estar muy influenciada por la doctrina del socialismo y por el sincretismo religioso ético y sin revelación, también se vio afectada por la nueva ciencia de la psicología. Sobre este punto no nos extenderemos en este resumen.



Montessori y el movimiento progresista de Europa
Figura: Muebles adaptados al tamaño de los niños (ideas de Montessori).


Montessori, María (1870-1952) fue la primera mujer médico de Italia. Interesada en la antroposofía, ejemplificada en los trabajos de Lombroso y Sergi, intenta relacionar la estructura del cuerpo con la funciòn mental.
A finales del siglo XIX Italia se encontraba obstaculizada después de siglos de desunión y de dominación extranjera; la región sur era una de las más pobres de Europa. A pesar de la masiva emigración a EEUU y Argentina, Roma, Nápoles y otras grandes urbes, mantenían enormes poblaciones desamparadas en ghettos.
Montessori fue a trabajar a San Lorenzo, uno de los barrios pobres de Roma, desarrollando un método conductivista, que intentaba enseñar a los niños identificando un número de habilidades necesarias y de conductas deseables, y luego concentrándose en producirlas. Hizo grandes rupturas con la práctica establecida. Establecida en la ‘casa dei bambini’, no una escuela sino una casa con mobiliario a escala de los niños. Tareas tan simples como abotonarse y atarse los zapatos, preparar las comidas y poner la mesa, eran consideradas esenciales del aprendizaje. La lectura empezaba con grandes letras del alfabeto recortadas que, cuando se memorizaban, podían ser dispuestas en palabras sobre la mesa. Los números recortados eran grandes y coloreados. Sin una teoría previa, los ejercicios se fueron desarrollando lentamente, y se añadieron aparatos para ejercitar las percepciones sensitivas; el método que se volvería famoso consistía en hacer preceder todas las operaciones mentales abstractas con actividades experimentales concretas.
Habiendo leído a Comenius, Locke, Rousseau, Pestalozzi y Froebel, con los que reconoce su deuda, devota católica, su pensamiento estaba orientado por el aforismo de Aquino ‘no hay nada en el intelecto que no esté primero en los sentidos’.
De la teoría de las facultades de Aristóteles y de los sensoempiristas modernos, evoluciona hacia una dirección holística.
El método está totalmente centrado en el niño y Montessori consideraba que liberaba a los niños en cuanto ‘clase oprimida; en consecuencia se la acusó de descuidar el desarrollo social y moral del niño. En la Unión Soviética de los años 20, el método fue rechazado por esa razón, porque los rusos reivindicaban que en su nueva utopía socialista ‘el material educativo seleccionado viene de la comunidad y no de un armario’.
Montessori creía que debía existir amplitud de edad de varios años en la clase, de forma que pudiera existir cooperación desde los mayores y los más jóvenes aprender a buscar ayuda. Si el ambiente de la clase es desafiante se alienta el progreso moral y social, porque los que aprenden tratan de solucionar los problemas colectivamente.
A pesar del rechazo de la Unión Soviética, Montessori tuvo éxito en todo el mundo. Gentile lo recomendó a Mussolini y se convirtió en el método modelo de todas las escuelas italianas. Inglaterra le dio una gran recepción. En Austria, Australia, EEUU, Escandinavia, países de Asia, África y América del Sur. El Vaticano aprobó el método y se facilitó su incorporación en las escuelas católicas. El papa Benedicto XV escribió un prólogo recomendatorio a la nueva edición de ‘Pedagogía científica’ que incluía una bendición apostólica, con lo cual además de abrir las puertas de las escuelas católicas, proporcionó a la Iglesia un método moderno para la educación.
Su método parecía satisfacer las demandas de una interpretación humana de la educación con bases científicas y su inclusión de valores no empíricos le dio un atractivo para el catolicismo y otras sectas religiosas, así como para teosofistas, humanistas e incluso agnósticos.
El método fue atacado por los nazis, que cerraron sus escuelas, empujando al mismo final a Austria e incluso Italia y la España de Franco. También fue atacado en EEUU por los progresistas. Pero aún así fue ampliamente universal y ofreció una alternativa al herbartismo que prevalecía. Claramente, al tenerse que construir grandes empresas de educación estatales y los maestros en masse, el sistema Montessori, que daba más importancia al papel activo del niño y al profesor como director de las experiencias educativas, parecía infinitamente más atractivo para la mayoría de los progresistas que el sistema herbartiano, que enfatizaba el papel del profesor como expositor y el niño como un memorizador dependiente.

Europa: movimiento progresista independiente
Montessori fue la más popularmente seguida en la educación progresista europea.. Pero persistía en otros el interés por reconstruir la escuela y quizás la sociedad. Antes de la primera guerra mundial, la mayoría de las escuelas progresistas estaban en Inglaterra, favorecidas por el entusiasmo de la clase media que logró desarrollar escuelas independientes privadas, más fácilmente proclives a adoptar programas progresistas que las escuelas de iglesias o sociedades. El mayor problema era encontrar padres que estuvieran dispuestos a pagar una educación cara, en escuelas residenciales. Las primeras escuelas fueron para hijos de padres vanguardistas, como de Bertrand Russell.
La historia de la educación de occidente es en gran parte el registro de la innovación creativa frente a la tradición conservadora. Hacia el final del siglo XX el progresismo se hizo más urgente, al legislar el Estado cada vez más los códigos de las escuelas y aumentar la intervención, mientras que por otra parte surgía el miedo a la anarquía proletaria, como expresó Mathew Arnold en Cultura y Anarquía en 1869, lo que estimuló muchas aventuras progresistas educativas.
El progresismo europeo no surgió del socialismo sino de sectores de la sociedad preocupados por la renovación religiosa y espiritual que vieron posibilidades de incorporar aspectos del pensamiento socialista y científico. Los movimientos socialistas se inclinaron por apoyar al Estado, mientras las escuelas progresistas modernas tienen su origen en un número pequeño de aventuras privadas, principalmente en Inglaterra. De ellas la más prominente fue Abbotsholme, en Derbyshire, fundada en 1889 por Cecil Reddie, Reddie fue en su origen un socialista que se unió a una sociedad radical ‘Mencomunidad de la nueva vida’ y Abbottsholme fue proyectada como una escuela ideal que pusiera en práctica ideales anarcosocialistas de la mancomunidad. Pero Reddie había renunciado al socialismo cuando esto sucedió. Otra escuela fue la Bedales de John Badley, profesor de Reddie y unas pocas más, que contrastaban con las escuelas que prevalecían, ya sean privadas o estatales. Las pocas escuelas innovadoras, progresistas, enfatizaban el estudio individualizado con una considerable actividad práctica, como el trabajo en tiendas, excursiones, biblioteca, laboratorio, mientras se esperaba que los maestros cuidaran el crecimiento psicológico de cada niño. A los alumnos se les permitía discutir los procedimientos de la escuela con el personal y hasta cierto punto participar del gobierno de la escuela. Pero no se cuestionaban los ideales tradicionales de la clase media, manifestados en el Emilio y modernizados por Montessori.
Copias de Abbotsholme – conocido como ‘el modelo inglés’ – aparecieron en Alemania, Holanda, y otros países, siguiendo el modelo que daba importancia a la enseñanza individual y, en particular, al sistema de proyecto.
Mientras tanto, otros activistas se volvían hacia las reformas sociales por medio de la educación, siendo uno de los más prominentes la señora Beatrice Ensor, miembro de una agrupación teosófica y que se integraría a un grupo llamado ‘Nuevos ideales en educación’, propagando las ideas de Montessori. Los teósofos hicieron otro gran aporte a la educación progresista por medio de Rudolf Steiner, quien funda su propia sociedad antroposófica y en 1919 la primera escuela Waldorf. Cerrada por los nazis, reabre después de la guerra.


Figura: Rudolf Steiner. Creador de las escuelas Waldorf (tomado de Wikipedia)
Oros movimientos progresistas en Europa se distinguieron por alguna característica, como la escuela Franz Cizek de Viena, basada en la libre expresión en actividades artísticas y artesanales, cerrada también por los nazis, hasta el método igualmente especializado, del movimiento eurítmico, fundado por Jacques Dalcroze de Hellerau, un suburbio de Dresden. La escuela Dalcroze fue visitada por Alexander Neill que deseaba estudiar este método basado en las artes, las artesanías, música y baile, esto es, hacer que la educación provenga de la realización creativa de actividades significativas. Neill fundó en Inglaterra Summerhill. Se disntinguió principalmente por intentar establecer un alto grado de participación del estudiantado en el gobierno y las decisiones de la escuela. Estos esfuerzos y otros se juntaron en un movimiento mundialmente extendido, iniciado formalmente en 1921, como la ‘Asociación de la educación nueva’. A la primera conferencia en Calais asistieron Montessori y Neill y los periódicos editados se referían al movimiento como ‘nueva era’, reconstrucción en educación. La asociación promovió los objetivos de la educación progresista y en particular el método de Montessori. Más tarde se va interesando cada vez más por la psicología. Los extremismos que surgían en el mundo estancaron considerablemente el movimiento progresista. Hubo una reacción contra lo que se veía como una permisividad indulgente en una era agobiada por la pobreza, la enfermedad, la desigualdad y la guerra incipiente. Mientras la conferencia de Calais de 1921, en la lista de objetivos se subrayaba la supremacía del espíritu, la individualidad, la cooperación, la coeducaciòn, etc., en la conferencia de Niza de 1932, el interés se desplaza a l las ‘complejidades de nuestro tiempo’, la operación de fuerzas económicas y sociales en asuntos humanos, etc., . Por entonces, Occidente estaban un estado de confusión, y el progresismo era reprimido incesantemente. Los sueños de una reconstrucción social se desvanecieron a medida que los sistemas totalitarios tomaron el control de varios países. Occidente se dirigía hacia la guerra, que era la negación de todo lo que pretendía la educación progresista.




[i] Acerca de la literatura utópica, es recomendable el libro de María Luisa Berneri (A través de las utopías). En su capítulo IV trata de las utopías de la Ilustración, comparando críticamente la literatura inglesa con la francesa. Dice la autora – anarquista muerta prematuramente a los 31 años – que en tanto las utopías de la Revolución Inglesa dedican preferente atención a los problemas económicos y políticos, y más tarde se ocuparán de las cuestiones filosóficas y religiosas. En Francia la literatura utópica tomó sus formas mas variadas y originales. La falta de libertad intelectual y religiosa que se padecía bajo la monarquía absoluta, obligaba a los escritores a verter sus ideas disimuladamente, en forma de novelas fantásticas. Muchas de estas utopías no aspiran a ser acabadas descripciones de una sociedad ideal; la organización social, trazada a grandes líneas, simplemente sirve de fondo para la expresión de ideas inconformistas. Tras el pretexto de los países o planetas imaginarios se ocultaba el propósito de denunciar y ridiculizar gobiernos y costumbres. En Francia, la moda de los imaginarios viajes satíricos fue impuesta por Cyrano de Bergerac, en el siglo XVII. Jonathan Swift usó la figura de Gulliver para censurar a la sociedad de su época y fue traducido inmediatamente al francés. Las utopías francesas están fuertemente influidas por la Utopía de Thomas More, de comienzos del siglo XVI.

Bibliografía complementaria
BERNERI, María Luisa (1975): Utopías de la Ilustración. En: “A través de las utopías (ensayo crítico)”, Buenos Aires: Proyección (Orig.: Journey through utopia). Cap IV, pp 197-230

29 septiembre, 2007

MOVIMIENTOS UTÓPICOS Y PROGRESISTAS siglo XIX (1ª parte)


Movimientos utópicos y progresistas Europa SIGLO XIX

Bowen, James (1992): La nueva era de la educación (I) Los movimientos utópicos y progresistas en Europa, en: Ibíd. “Historia de la educación occidental. Tomo III, El Occidente moderno. Europa y el Nuevo Mundo. Siglos XVII-XX” Barcelona: Herder, cap. XI, pp 474-511 (Resumen y notas por Juan C. Paradiso para uso de la cátedra)
(a ser completado)
Figura: Robert Owen (tomada de Wikipedia)
El pensamiento y la práctica educativos basados en un modelo supuestamente científico de tipo herbartiano, no penetran en el siglo XX sin resistencias: por el contrario, existía un movimiento discrepante, igualmente fuerte, que había ido creciendo a lo largo del siglo XIX y que se convertiría en una fuerza mayor en las primeras décadas del siglo XX.
Este movimiento, heterogéneo, se integraba con muchas corrientes que tenían en común su oposición a la pedagogía ‘científica’ y que compartían un valor central: la creencia común en la necesidad de una reconstrucción básica de la sociedad.
El ‘progreso’ debía ser reorientado. El empirismo, el darwinismo social y el capitalismo eran acusados de la opresión de las masas, permitiendo el surgimiento de clases antagónicas que el sistema escolar de vía doble reproducía. El método herbartiano mecánico, les parecía una forma de mantener la servidumbre de los trabajadores, creando mentes uniformes que realizaran las tareas mecánicas e intercambiables del sistema productivo. Diversas teorías socialistas o religiosas, todas con un tinte utópico, ganaron fuerza para exigir una reconstrucción de la sociedad.

Socialismo utópico: Owen y el cooperativismo
Owen, Robert (1771-1858). En 1827 usa por primera vez la palabra ‘socialista’ en su ‘Cooperative Magazine’. Cataliza la conciencia social a través de su dedicación a la reconstrucción de la sociedad, en lo moral, lo social e industrial. Opuesto a la avaricia de los industriales y comerciantes, escribe una serie de 4 ensayos que se conocen como ‘Nueva visión de la sociedad’. Atribuye los males a errores por ignorancia. Atraerá ataques del sistema burgués y la iglesia anglicana.
Owen sigue la tradición utópica que había florecido en el siglo XVIII en Francia – donde había constituido un género literario – e Inglaterra – More, Bacon. La inspiración también estaba en Rosseau, Pestalozzi, Bentham, Mill.
Opuesto a los ‘vicios cardinales’ de la competencia, la recompensa y el castigo adhiere al utilitarismo. Llegó a tener su propia fábrica, en la cual puso en práctica sus ideas, pagando sueldos mejores por menos tiempo de trabajo, negándose a tomar niños por empleados y creando escuelas de fábrica: escuelas de párvulos y primarias para los hijos de los trabajadores, y escuelas nocturnas para los adultos.
Consideraba que el trabajo manual era la fuente de toda riqueza y prosperidad, y debía tomarse como ‘patrón natural de valor’ en vez del oro y de la plata, usados corrientemente como patrón (pág. 478). (Su sistema contempla la desaparición del dinero y la entrega de bonos por trabajo. Argumentaba que, tal como están las cosas, el empleador acumula y colma sus almacenes, mientras el trabajador está desempleado.
Owen propone instalar a los trabajadores desempleados en comunidades cooperativas, compuestas entre 300 a 2000 personas, donde se construyera según un plan, con espacios verdes, escuela, terrenos de juego, comidas comunales. Todos los trabajadores debían mantenerse íntegros en su vida laboral, no especializados y en serie, ridiculizando al ‘colocador de clavos’, ‘anudador de hilos’. La agricultura mecánica sería reemplazada por la azada. No preveía una eliminación de jerarquías, persistiendo distinciones por producción y dirección.
Educación. Da importancia a una educación apropiada, con una escuela obligatoria para niños y niñas. La educación es una experiencia de interacción social, tendiente a remoralizar y conservar. Desterraba la competición, las recompensas y castigos. Recomienda dos niveles: de 2 a 6 años los párvulos, y de 6 a 14 años. Sigue ideas de Rousseau y Pestalozzi, especialmente en su recomendación de las lecciones basadas en la discusión, dedicadas a actividades significativas sobre el modelo de la lección práctica. (480)
Las ideas de Owen sientan las bases del cooperativismo y fue precursor de numerosas organizaciones de este tipo. También se lo ha considerado precursor de las ideas libertarias tanto como del socialismo ‘científico’ posterior[1].
Previamente se había interesado por el método mutuo y había tenido debates con Bell y con Lancaster, a quienes entregó donaciones. Pero criticaba el método al observar que en las escuelas nacionales de la iglesia anglicana (Bell) los niños aprendían de memoria. Para Owen la educación tenía que ser constructiva y ocuparse de la totalidad del niño, descartando los libros y la memorización a favor del conocimiento útil, adquirido por signos sensibles. Los signos estaba constituidos por mapas y objetos ilustrados, en los que se basaban las lecciones prácticas. [2]
Owen tenía el modelo funcionando en su fábrica de New Lanark. El método estaba basado en conversaciones sobre lecciones prácticas estimuladas por la curiosidad de los niños; las lecciones formales, especialmente de aritmética, se derivaban de los manuales de Pestalozzi, en los que los conceptos abstractos estaban ilustrados gráficamente en diagramas.
Uno de los medios más innovadores era el grupo de danza, que escandalizó a los socios de Owen, que veían en el baile al demonio. Ello obligó a Owen a entregar la dirección de la escuela a sus socios, cuyo código moral impidió las prácticas progresistas y reorganizó la escuela según el sistema mutuo en 1824, degenerando en un régimen cerrado y represivo.
Owen se marchó a América, en donde fundó una nueva sociedad utópica en New Harmony, Indiana. Luego de 5 años vuelve a Inglaterra y continúa su militancia por la reconstrucción social, la organización de los trabajadores en sindicatos.
A pesar de que muchos de los esfuerzos de Owen fueron combatidos y fracasaron, Owen dejó una huella indeleble en la conciencia social de Inglaterra, escribiendo por la causa del socialismo, con un pensamiento utópico y optimista. Sus ideas fueron recogidas por el movimiento cooperativista, el cual crea escuelas basadas en las mejores enseñanzas reconstruccionistas. Pero un plan de estudios ambicioso, objetivos excesivamente ideológicos, el costo alto para los trabajadores, no logró que sobrevivieran más allá de 1830. Luego aparecen las escuelas de ‘religión racional’ que intentaban adoctrinar a los niños en clases dominicales en las creencias socialistas, usando métodos de Pestalozzi con un contenido amplio que incluía todas las materias organizadas. Parece que no pasaron de 1840.

Primitivo socialismo en Francia: Saint-Simon y Fourier
Simultáneamente con Owen, las ideas socialistas se fueron desarrollando en Francia, como consecuencia de las esperanzas que habían nacido en la revolución y de la literatura utópica del siglo XVIII, que adquiere sus formas más variadas en ese país[3].
El conde de Saint-Simon (Claude-Henry de Rouvroy) (1760-1825) profundamente influenciado por Comte, sobre todo por el positivismo y su aplicación a la sociedad. El conflicto sería inevitable, y de él surgiría un nuevo orden social, basado en el gobierno de la ley, en una jerarquía de talento, donde la educación sería capital. Las clases sociales serían eliminadas con el retorno de la propiedad alienada a la comunidad.



[1] Pedagogía. La fusión de las ideas de la Ilustración francesa y del Renacimiento escocés, junto con sus propias experiencias en Manchester, sentaron las bases de las teorías educativas de Owen, las cuales constituyen uno de sus aspectos más destacables. Creía firmemente en la bondad innata de las personas y afirmaba que el ser humano es “el resultado necesario de su organización y de las condiciones en que le sitúan la naturaleza y la sociedad”; una buena educación, según Owen, cambiará la sociedad. Con esta educación integral que comienza ya en el jardín de infancia y donde se buscará la integración del trabajo manual e intelectual se logrará un sistema social nuevo donde se eduque en la solidaridad y la cooperación, en el que el trabajo manual sea un bienestar para el obrero y en el que se acabará con el prejuicio que quiere el bienestar y el progreso de un pueblo sin contar con los otros. Las ideas educativas de Owen sentarán un precedente en el socialismo y anarquismo posterior, como es la integración de trabajo manual e intelectual. Con respecto al anarquismo comparte el rechazo al Estado y algunos de los principios libertarios, como la cooperación, la eliminación de recompensas y castigos, etc. Ampliar en: http://acracia.org/owen.html

[2] Recordemos que Bentham y el utilitarismo había inspirado tanto a los creadores del método mutuo como a Owen, de manera que las diferencias entre ellos no deben considerarse filosóficas sino más restringidas a lo pedagógico (JCP)
[3] Acerca de la literatura utópica, es recomendable el libro de María Luisa Berneri (A través de las utopías). En su capítulo IV trata de las utopías de la Ilustración, comparando críticamente la literatura inglesa con la francesa. Dice la autora – anarquista muerta prematuramente a los 31 años – que en tanto las utopías de la Revolución Inglesa dedican preferente atención a los problemas económicos y políticos, y más tarde se ocuparán de las cuestiones filosóficas y religiosas. En Francia la literatura utópica tomó sus formas mas variadas y originales. La falta de libertad intelectual y religiosa que se padecía bajo la monarquía absoluta, obligaba a los escritores a verter sus ideas disimuladamente, en forma de novelas fantásticas. Muchas de estas utopías no aspiran a ser acabadas descripciones de una sociedad ideal; la organización social, trazada a grandes líneas, simplemente sirve de fondo para la expresión de ideas inconformistas. Tras el pretexto de los países o planetas imaginarios se ocultaba el propósito de denunciar y ridiculizar gobiernos y costumbres. En Francia, la moda de los imaginarios viajes satíricos fue impuesta por Cyrano de Bergerac, en el siglo XVII. Jonathan Swift usó la figura de Gulliver para censurar a la sociedad de su época y fue traducido inmediatamente al francés. Las utopías francesas están fuertemente influidas por la Utopía de Thomas More, de comienzos del siglo XVI.

Bibliografía complementaria
BERNERI, María Luisa (1975): Utopías de la Ilustración. En: “A través de las utopías (ensayo crítico)”, Buenos Aires: Proyección (Orig.: Journey through utopia). Cap IV, pp 197-230

14 junio, 2007

Campanella, Tommaso


Campanella, Tommaso. (1568-1639) Giovan Domenico Campanella nació en Calabria, de una familia pobre. Ingresó en la Orden de los Dominicos, adoptando el nombre de Tommaso. Pronto mostró su independencia de carácter y atacó las doctrinas y los métodos escolásticos. Admirador del hereje Telesio, apasionado por la profecía y la astrología, extrañamente combina ideas racionalistas y científicas con una fe supersticiosa en los fenómenos sobrenaturales. Perseguido y condenado por la Inquisición, fue devuelto a Calabria, donde levantó al campesinado contra el régimen español. Detenido (1599) y condenado a muerte, simuló locura durante la tortura (1600) y consiguió que se conmutara la pena por la de prisión perpetua, que aprovechó para escribir La monarquía de España, los Aforismos políticos y la célebre utopía política La ciudad del Sol (c. 1602), libro que se inscribe en la categoría de las Utopías.

(Extracto de El Futuro, viaje a través de la utopía. María Luisa Berneri en: http://www.galeon.com/ateneosant/Ateneo/Historia/arf-ciudadsol.htm .