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HISTORIA DE LA EDUCACIÓN

Seminario optativo de la Maestría en Educación Universitaria
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11 junio, 2009

Yates: El arte de la Memoria

Yates Frances A.. (2005): El Arte de la Memoria. Traducido por Ignacio Gómez de Liaño. Madrid: Siruela. 495 páginas.

Surgida al mismo tiempo que la filosofía, el arte de la memoria fue creada por el poeta Simónides de Ceos hacia el año 500 a. C. Desde entonces formó parte de la educación en el mundo griego y romano, más valorada por los retóricos y sofistas que por los filósofos. Mientras que el estudio de la filosofía proporcionaba los medios para manejar adecuadamente los conceptos, la mnemónica se proponía la función de enseñar a utilizar las imágenes mentales y la carga emotiva adherida a ellas a fin de potenciar los procesos de rememoración y facilitar las operaciones intelectivas. Retomada por Ciceron, mirada con cierto escepticismo por Quintiliano, tiene su eclipse al final de la Edad Antigua. Pero el arte de la memoria se abrirá camino de la mano de la Escolástica, y culminará su andadura en el Renacimiento con el impulso del hermetismo, el neoplatonismo y el lulismo. Caída en el olvido desde el siglo XVIII, la mnemónica se ha convertido en foco de atención gracias, en buena parte, a Frances A. Yates, que en este libro ha narrado, de forma luminosa, la historia de este arte singular. Por su originalidad se destacan los capítulos dedicados al arte de Raimundo Lulio, el Teatro de la Memoria de Giulio Camillo, los sistemas de Giordano Bruno y las relaciones de la mnemónica con la pintura y la arquitectura.

El texto es de gran interés para nuestra cátedra. Puede encontrarse parcialmente en Internet (libros Google on-line) en el sitio indicado más arriba

09 junio, 2009

Poesía Goliarda (Carmina Burana)

Algunos de los versos que componen la poesía goliarda de la Edad Media, 
más conocida por el público a partir de la musicalización de Carl Orff:
Oh Fortuna, variable como la Luna, como ella creces sin cesar o desapareces.
¡Vida detestable! Un día, jugando, entristeces a los débiles sentidos,
para llenarles de satisfacción al día siguiente.
La pobreza y el poder se derriten como el hielo ante tu presencia.
Destino monstruoso y vacío, una rueda girando es lo que eres,
si está mal colocada la salud es vana, siempre puede ser disuelta, eclipsada y velada; me atormentas también en la mesa de juego;
mi desnudez regresa, me la trajo tu maldad.
 
El destino de la salud y de la virtud está en contra mía,
es atacado y destruido siempre en tu servicio.
En esta hora sin demora toquen las cuerdas del corazón; el destino derrumba al hombre fuerte que llora conmigo por tu villanía.
 2. Llanto por las ofensas de Fortuna
 Lloro por las ofensas de Fortuna con ojos rebosantes, porque sus regalos para mí ella rebeldemente se los lleva.
Verdad es, escrito está, que la cabeza debe tener cabello
pero frecuentemente sigue un tiempo de calvicie.
 
En el trono de Fortuna yo acostumbraba a sentarme noblemente con prosperidad y con flores coronado; evidentemente mucho prosperé feliz y afortunado, ahora me he desplomado de la cima privado de la gloria.
La rueda de la Fortuna gira; un hombre es humillado por su caída,
y otro elevado a las alturas. Todos muy exaltados; el rey se sienta en la cima, permítanle evitar la rutina ya que bajo la rueda leemos que Hécuba[1] es reina.
II.- PRIMAVERA
3. La cara jovial de la Primavera
La cara jovial de la primavera está de frente al mundo;
la severidad del invierno ahora huye derrotada con variada vestimenta.
Flora reina, y en el espeso bosque es alabada con agradables himnos.
Postrado en el regazo de Flora, Febo nuevamente ríe con más de una
flor a la que está unido. Céfiro con dulce aliento perfuma su camino.
Nos abandona raudo para competir por el premio del amor.
Aves cantando, dulce Filomena; varias flores sonrientes en prados apacibles; una bandada de pájaros revolotea por el bosque placentero,
y un coro de doncellas ofrece, felicidad por millares.

[1] En la mitología griega Hécuba es la segunda esposa de Príamo, rey de Troya y uno de los personajes de La Ilíada. Se trata de la hija de Dimas, rey de Frigia, según esta obra, aunque también se la ha considerado hija de Sangarios y de la ninfa Evagora.

 

04 junio, 2009

FLORENCIA EN LA ÉPOCA DEL DANTE

COMPAGNI, Dino (1983): Crónica de los Blancos y los Negros. Estudio preliminar, notas y traducción: José Luis Romero. Bs As: Centro Editor de América Latina (Orig.: siglo XIV). (Publicado inicialmente en Bs As: Nova, 1948, 195 páginas). 

El libro se encuentra completo en italiano en el sitio: http://it.wikisource.org/wiki/Cronica_delle_cose_occorrenti_ne'_tempi_suoi

(Joya de la literatura universal, traducida y comentada por José Luis Romero, muy reconocido como medievalista. El siguiente es un extracto de su prólogo).  

Compagni es más historiador que cronista. Narra hechos seleccionados, los que considera necesarios para explicar cierto proceso histórico.

La rivalidad entre el Imperio y el Papado convulsionó la vida italiana por espacio de dos siglos: los partidarios del emperador – los gibelinos – se aferraban a las tradiciones de la aristocracia feudal; los güelfos, apoyados por el Vaticano, representaban los intereses de la naciente burguesía comercial. Esta lucha alcanzó su punto álgido en Florencia, donde un artesanado emprendedor e inteligente echaba las bases de la sociedad moderna. El triunfo de los güelfos fue allí rotundo, determinando el establecimiento de una república dominada por la oligarquía mercantil.

Ya la larga lucha que por tantos años había puesto frente a frente al imperio y al papado con sus partidarios, en un caso los gibelinos en otro los güelfos, comenzaba a menguar, tras la muerte del emperador Federico II en 1250, pero los partidos mantenían en cada ciudad su antigua hostilidad, agudizada por los rencores y las rivalidades, aunque cambiando poco a poco sus contenidos ideológicos; en general mostrábanse los güelfos ahora rivales de los gibelinos no tanto por su adhesión al papado como por defender las aspiraciones democráticas de la burguesía, amenazadas por las aspiraciones feudales de los gibelinos. Así, la lucha continuó entre las facciones y siguió ensangrentando las ricas ciudades italianas.

Ahora, la ventaja comenzó a estar de parte de los güelfos. Los emperadores que siguieron a Federico II no pudieron bajar a Italia para afirmar sus derechos y defender a sus partidarios, debido a los conflictos que el poder imperial suscitara en la propia Alemania; en cambio los güelfos contaron con la ayuda del papado, fuerte entonces con el auxilio militar que le prestaba Carlos de Anjou, nuevo rey de las dos Sicilias. En 1294 llegaba al trono pontificio Bonifacio VIII, y con él triunfaba la tesis de la autocracia universal, más admisible ahora que parecía caído el poder secular con la declinación del imperio. Pero el poder secular contaba con el auxilio del rey de Francia, Felipe el hermoso, emprendiendo una ofensiva contra el papado. Recurriendo a la violencia puso al papado bajo su influencia instalándolo en Avignon.

Dentro de este cuadro se producen en Florencia los acontecimientos que Compagni relata. También allí habían sido violentas las luchas entre ambas facciones y habían prevalecido los güelfos, que gobernaban omnímodamente. Organizaron la ciudad y comenzaron a ascender los núcleos burgueses vinculadas a las artes (oficios y artesanías) más poderosas; detrás de los órganos políticos de la república, los güelfos eran un Estado dentro del estado, cerrando el camino a todo intento de restauración gibelina.

Con todo, pesaban sobre la burguesía florentina los privilegios de la antigua nobleza, disfrazada y vigilante. Para contenerla, las artes se organizaron y ofrecieron batalla, logrando establecer un régimen propicio, con lo cual pudieron sancionar las Ordenanzas de Justicia (año 1294), que vedaban a la antigua nobleza el acceso al poder y las ponían en situación de inferioridad. La república quedó organizada y comenzó para Florencia una era de renovada prosperidad, aunque breve.

Pero el partido triunfante se dividió en blancos (sostenedores de la pureza republicana y negros (continuadores de las tendencias aristocráticas). La antigua nobleza, enquistada dentro de la fracción de los negros, se reorganiza. Aprovechando un momento de auge del papa Bonifacio VIII, tratan de obtener su ayuda argumentando que los blancos en realidad simpatizaban con los gibelinos. La acusación era tendenciosa, y con ella se trataba de ocultar la lucha por el poder que se había entablado entre fuerzas sociales y económicas en conflicto; pero Bonifacio VIII creyó esa interpretación de los hechos y apoyó a los negros. Con su intervención, el poder de Florencia pasó a manos de este grupo, a principios del siglo XIV.

Dino Compagni que formaba parte del gobierno anterior, si bien no fue expatriado como muchos de sus compañeros, quedó relegado en la sombra hasta el fin de sus días. En su forzado retiro escribió la crónica de las luchas intestinas que determinaron la ruina de la república florentina. Dante y Guido Cavalcanti formaban parte del mismo grupo.

En los siguientes años pareció que los güelfos podrían volver a prevalecer, cuando Enrique VII, conde de Luxemburgo, accede al trono imperial y se mostraba favorable a los intereses de los blancos, pero su muerte prematura interrumpió el proceso esperado.

En la época en que Dino Compagni comienza a componer, en lengua toscana, su crónica, estos es en los primeros años del siglo XIV, Italia pasaba por una época de extraordinario vigor intelectual. La Toscana sería el centro más importante de irradiación en las artes plásticas. Cimabue, Arnolfo di Cambio y Giotto trabajaban por entonces para renovar la ciudad y embellecerla. Entre otras cosas, el campanario de Santa María del Fiore, la incomparable catedral. En la poesía se destacan Dante y Cavalcanti. Éstos, al igual que Brunetto Latini se formaron en la universidad de Bologna. 

 

Notas

Federico II Hohenstaufen (1194-1250). Fue Rey de Sicilia, Chipre y Jerusalén, además de  Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Nieto de Federico Barbarroja y una de las figuras más interesantes de la historia universal por sus cualidades extraordinarias y su carácter excéntrico y adelantado a su época. Se le llamó asombro del mundo.

Brunetto Latini. Ver GODBARGE, Climent (2005) Brunetto Latini y la reconstrucción del ethos republicano. Foro interno 2005, 5, 85-111 Se encuentra on-line en el sitio: http://revistas.ucm.es/cps/15784576/articulos/FOIN0505110085A.PDF   (recuperado 28.5.2009)

Enrique VII (1275-1313). Conde de Luxenburgo y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Se enfrentó al expansionismo de Francia y trató sin éxito de recuperar la influencia que había perdido el título imperial, especialmente en Italia, donde destacó el enfrentamiento que mantuvo con el papa Clemente V, los gobernantes de la ciudad de Florencia y con el rey Roberto de Napoli. Enrique es el famoso alto Arrigo en el Paradiso de Dante, donde se señala el puesto de honor que espera a Enrique en el cielo. En el Purgatorio alude a él como el salvador que devolverá el gobierno imperial a Italia, y terminará con el control temporal de la iglesia. El éxito de Enrique VII en Italia no duró, y tras su muerte las tropas anti-imperiales recuperaron el control de la península.

Otro buen trabajo sobre Dante, los güelfos y gibelinos y el contexto de la época, puede encontrarse en: http://quemequitenlosudado.blogspot.com/2006/10/dante-alighieri.html

Betancourt Mendieta, Alexander (2001): Historia, ciudad e ideas: la obra de José Luis Romero, UNAM, 2001. 

02 junio, 2009

Siger de Bravant

Siger de Brabant (Sigerio de Brabante) fue un filósofo de la escolástica del siglo XIII. Perteneció al partido de la Nation des Picards y a la vez al clero secular canónigo; fue profesor en la Universidad de París, en la Facultad de Artes. Su espíritu era subversivo, y era el principal exponente del movimiento aristotélico radical. Al ser defensor del averroísmo, fue uno de los principales intelectuales censurado por el obispo Stephanus Tempier  cuando 219 tesis subversivas enseñadas en la Sorbona fueron condenadas por la jerarquía religiosa.

Libros de Avicena, Averroes y seguidores se quemaron públicamente. También quemaron obras de Tomás de Aquino y de Siger. Éste vio cómo quemaban sus libros en la calle. En 1276, citaron a Siger ante el inquisidor de Francia, Simon du Val. Al poco tiempo de aquello, tras haber sido acusado de herejía, Siger se fue de París.

Al parecer, huyendo de la Inquisición buscó refugio en Orvieto, dispuesto a llevar una vida de oración lejos de toda disputa. Siete años después de llegar, el amanuense al que dictaba le asesinó. Se comenta que lo hizo con la pluma con la que escribía. Tras esto, muchos de sus críticos dijeron que merecía tal muerte al haber sido la pluma el arma con la que él había hecho tanto daño.

 

Su reflexión filosófica se inscribe en el contexto de la integración de los textos de Aristóteles dentro del pensamiento teológico medieval. Para valorar la audacia de los pensadores de la época, es preciso recordar que, por ejemplo, en una decisión tomada en 1210, el sínodo provincial de París había prohibido comentar los libros de filosofía natural de Aristóteles, incluido el De Anima...

Siger, en sus comentarios sobre Aristóteles, desarrolló las consecuencias del pensamiento de este filósofo, y tomó la decisión de atenerse, sólo a la cuestión filosófica:

"Nuestra intención principal no es la de buscar cuál es la verdad, sino conocer cuál es la opinión del Filósofo".

La verdad es una cuestión reservada a la Fe católica. La razón y la fe son dos órdenes distintas, una es natural, y la otra sobrenatural y cierta. Por medio del razonamiento conocemos el orden natural (que es también el orden de las consecuencias lógicas) y por medio de la revelación conocemos la segunda.

En ‘La Divina Comedia’ Dante sitúa a Siger en el 4º cielo, morada de los sabios, junto a Alberto Magno e Isidoro de Sevilla:

Essa e la luce eterna di Sigieri Che, leggendo nel vico degli strami, Sillogizzo invidiosi veri. ("Divina Commedia: Paradiso", X, 136)

Siger fue el adversario de Alberto Magno y de Tomas de Aquino. Defendió las creencias de Averroes, como el monismo del intelecto humano: un intelecto spiritual para todos los hombres, separado del cuerpo, temporariamente unido con cada organismo para cumplir con el proceso de pensamiento. El hombre es mortal, pero la carrera es inmortal. 

Étienne Tempier, obispo de París, condenará 13 proposiciones por ser “inaceptables en el ámbito del cristianismo”. Luego se promulgó una segunda condena, esta vez de 219 proposiciones. Los principales inculpados en dicha condena: Siger y Boecio de Dacia, otro aristotélico heterodoxo.

19 mayo, 2009

WIDUKIND

(Nombre modernizado: Wittekind). Líder sajón de la resistencia, el principal oponente de Carlomagno durante las guerras sajonas. Fue un símbolo de la independencia de Sajonia y una figura legendaria, caracterizado como un héroe germánico prototípico. Su vida pública abarca finales del siglo VIII y comienzos del siglo IX, precisamente en los tiempos de Carlomagno.

Aunque los sajones defendían su territorio y su independencia cultural frente a la agresión y expansión territorial de los francos sus tácticas de guerra fueron ataques no frontales, de manera que su guerra duró muchos años, replegándose al ser repelido por los francos y volviendo a atacar en diversas oportunidades. La expansión territorial de Carlomagno tenía intereses militares políticos y religiosos, como unificar Europa bajo su mando y expandir la fe cristiana por sobre las otras creencias. Los francos eran paganos y adoraban las fuerzas de la naturaleza, y tenían sus santuarios en árboles. De manera que la lucha de Carlomagno recurría a matanzas de los paganos tanto como a la destrucción de santuarios, quema de árboles, etc. Finalmente, Widukind se rinde y acepta convertirse al cristianismo, con la garantía de no sufrir daño físico. Él y sus aliados fuern bautizados en Attigny en 785, con Carlomagno como padrino.

Se dice que Widukind pasó el resto de sus días preso en un monasterio, destino común a otros líderes opuestos por el emperador franco. Se supone que el lugar es la Abadía de Reichenau, aunque alternativamente puede haber ocupado un puesto administrativo en la sajonia ocupada.

 Figura: Carlomagno recibiendo la rendición de Widukind 785, por Ary Schefferr (1795-1858) (Tomado de Wikipedia)

 

HEREJÍA ALBIGENSE

Figura (tomada de Wikipedia): Una pintura describe la historia de una disputa entre Santo Domingo y los cátaros, en los que los libros de ambos fueron sometidos a una prueba de fuego, y los de Santo Domingo fueron milagrosamente preservados de las llamas (milagro de Fanjeaux). 

El catarismo es la doctrina de los cátaros (o albigenses), un movimiento religioso de carácter que se propagó por Europa Occidental a mediados del siglo X, logrando asentarse hacia el siglo XIII en tierras de Languedoc, donde contaba con la protección de algunos señores feudales vasallos de la corona de Aragón.

Era un movimiento religioso-cultural, propulsor de un nuevo orden social a partir del ascetismo. Con influencias del maniqueísmo, del gnosticismo, y del neoplatonismo residual, entre otros movimientos, proponía una dualidad creadora Dios y Satanás. Los cátaros se caracterizaban por una teología dual, basada en la creencia de que el universo estaba compuesto por dos mundos en conflicto, uno espiritual creado por Dios y el otro material forjado por Satanás. El mundo había sido creado por una deidad diabólica conocida por los gnósticos como el Demiurgo. Los cátaros identificaron al Demiurgo con el ser al que los cristianos denominaban Satán. Sin embargo, los gnósticos del siglo I no habían hecho esta identificación, probablemente porque el concepto del diablo no era popular en aquella época, en tanto que se fue haciendo más y más popular durante la Edad Media.

Según la comprensión cátara, el Reino de Dios no es de este mundo. Dios creó cielos y almas. El mundo material, el mal, las guerras y la Iglesia Católica, con su realidad terrena y la difusión de la fe en la Encarnación de Cristo, era una herramienta de corrupción.

Decían que Jesús había sido una aparición que mostró el camino a Dios. Pero no era posible que un Dios bueno (de naturaleza espiritual) se hubiese reencarnado en forma material, ya que todos los objetos materiales estaban contaminados por el pecado. Esta creencia específica se denominaba docetismo. Más aún, creían que el Dios Bíblico Yahvé era en verdad el diablo, ya que había creado el mundo. Su carácter diabólico se mostraba también en sus cualidades («celoso», «vengativo», «de sangre») y a sus actividades como «Dios de la Guerra». Negando así toda veracidad del antiguo testamento.

La Iglesia consideró sus doctrinas como heréticas. Tras una tentativa misionera, y frente a su creciente influencia y extensión, la Iglesia terminó por invocar el apoyo de la corona de Francia, para lograr su erradicación a partir de 1209 mediante la Cruzada albigense. Los cátaros fueron combatidos de todas las maneras posibles y disponibles en la época. Desde órdenes del Papa, decisiones políticas del rey de Francia contra las autoridades locales, que pertenecían a la nobleza, pero no respondían al centralismo eclesiástico ni al temporal del Rey. El monje Castelnau, legado papal conocido por excomulgar sin contemplaciones a los nobles que protegían a los cátaros, llegó al lugar excomulgando al conde de Toulouse (Tolosa), Raimundo VI (1207) como cómplice de la herejía. El legado fue asesinado por un escudero de Raimundo de Tolosa, lo que fue el detonante que comenzó la cruzada contra los albigenses. Hubo prohibiciones, batallas, expropiaciones de tierras, ejecuciones, deportaciones masivas, pero nada había extinguido la herejía. La Inquisición se estableció en 1229 para extirpar totalmente la herejía. Operando en el sur de Tolosa, Albí, Carcasona y otras ciudades durante todo el siglo XIII y gran parte del XIV, tuvo éxito en la erradicación del movimiento. Desde mayo de 1243 hasta marzo de 1244, la ciudadela cátara de Montsegur de fue asediada por las tropas del senescal de Carcasona y del arzobispo de Narbona.

En 1244 tuvo lugar un acto, en donde los líderes cátaros, así como más de doscientos seguidores, fueron arrojados a una enorme hoguera en el prat dels cremats (prado de los quemados) junto al pie del castillo. Más aún, el Santo Padre (mediante el Concilio de Narbona en 1235 y la Bula Ad extirpanda de 1252) decretó severos castigos contra todos los laicos sospechosos de simpatía con los cátaros. A finales del siglo XIII el movimiento, debilitado, entró en la clandestinidad.

18 mayo, 2009

CARLOMAGNO


Carlomagno (742-814) rey de los francos (768-814) y emperador de los romanos (800-814), condujo a sus ejércitos francos a la victoria sobre otros numerosos pueblos, y estableció su dominio en la mayor parte de Europa central y occidental. Fue el rey más influyente en Europa durante la edad media. (Figura: tomada de Wikipedia)

Carlomagno nació en Aquisgrán, en fecha incierta (alrededor del año 742) hijo ilegítimo del rey franco Pipino el Breve y nieto de Carlos Martel. En el 751 Pipino destronó al último rey Merovingio y asumió el título real. Fue coronado por el papa Esteban II en el 754. Pipino invadió Italia dos veces para proteger al papa de los lombardos. Luego los principales esfuerzos militares de Pipino se centraron en la conquista de Aquitania, esto es, las tierras al sur del río Loira. Carlomagno acompañó a su padre en la mayoría de esas expediciones.

Cuando Pipino murió en el 768, el sus reinos fueron divididos entre sus dos hijos. Carlomagno buscó una alianza con los lombardos al casarse en el 770 con Desiderata, hija del rey Desiderio. Cuando su hermano Carlomán murió repentinamente, Carlomagno se apoderó de sus territorios: sus sobrinos, los herederos de Carlomán, buscaron refugio en la corte de Desiderio. Por entonces, Carlomagno había repudiado a su esposa y Desiderio dejó de ser su aliado. En el 772, cuando el papa Adriano I pidió la ayuda de Carlomagno contra Desiderio, el rey franco invadió Italia, derrocó a su antiguo suegro (774) y asumió el título real. Reafirmó la promesa de su padre de proteger las tierras papales.

Carlomagno combatió las incursiones de los sajones en su territorio y se embarcó en una campaña para conquistarles y cristianizarles que se alargó durante treinta años.

Empeñado en conquistas territoriales, y en parte por combatir a los musulmanes, invadió la península Ibérica en el 778, aunque debió regresar por nuevas insurrecciones de los sajones. En su viaje de regreso, su retaguardia, mandada por Roland, fue objeto de una emboscada, historia inmortalizada en el cantar épico La Canción de Roland, traducido al español como el Cantar de Roldán. Luego de someter despiadadamente a los sajones, lo hace con los bávaros y más tarde conquistó el territorio de los ávaros (que en términos generales corresponde a las actuales Hungría y Austria).

Establecido de este modo el dominio franco sobre muchos otros pueblos, Carlomagno había construido de hecho un Imperio y se había convertido en un emperador. El día de Navidad del 800, Carlomagno se arrodilló para orar en la basílica de San Pedro en Roma. El papa León III colocó sobre su cabeza una corona y la gente reunida en la iglesia le aclamó como el gran y pacífico emperador de los romanos.

El biógrafo de Carlomagno, Eginardo, relata que el rey quedó sorprendido por esta coronación y que si hubiera sabido con antelación lo que en realidad ocurrió no habría entrado en la iglesia aquel día. Esto ha sido objeto de muchas especulaciones entre los historiadores. Carlomagno probablemente deseaba y esperaba obtener el título imperial, que posteriormente utilizó. Sin embargo, quedaba muy atado al Papado y, además, simbólicamente el acto tendría el valor de que él es emperador por la voluntad del Papa. En el 814 designó su sucesor al único hijo que le quedaba, Luis (que pasó a ser conocido como Luis I el Piadoso o Ludovico Pío), y lo coronó personalmente.

Carlomagno estableció una capital regia más duradera de lo que había sido la de sus predecesores. Su residencia favorita se situó en Aquisgrán. Allí había construido una iglesia y un palacio, basado en parte en influencias arquitectónicas tomadas de Ravena y Roma. En su palacio reunió eruditos de toda Europa, el más famoso de los cuales fue el clérigo Alcuino de York, un monje anglosajón radicado del Norte de Inglaterra, al que puso a cargo de la escuela palatina.

La administración del Imperio fue confiada a unos 250 administradores reales denominados condes. Carlomagno emitió cientos de decretos, llamados capitulares, tratando un amplio abanico de asuntos, desde cuestiones jurídicas y militares hasta cuestiones relativas a monasterios, a educación y a la gestión de los dominios imperiales.

El Imperio no se amplió después del 800; de hecho, ya en la década del 790 las costas y los valles ribereños sufrieron las primeras y temibles incursiones de los vikingos. Carlomagno ordenó una especial vigilancia en cada puerto, pero con escasa efectividad. Murió antes de que la completa y destructiva fuerza de los vikingos se desatara sobre el territorio imperial.

Carlomagno es importante no sólo por sus victorias y la dimensión de su Imperio, sino también por la especial combinación de tradición e innovación que representó. Por un lado, era un tradicional guerrero germánico que pasó la mayor parte de su vida adulta combatiendo. En las campañas contra los sajones impuso el bautismo por la fuerza y se deshizo de los rebeldes con matanzas sin piedad. Por otra parte, puso todo su inmenso poder y prestigio al servicio del cristianismo, de la vida monástica, de la enseñanza del latín, de la copia de libros y del imperio de la ley. Su vida, tomada como modelo  para la mayoría de reyes posteriores, personificaba la fusión de las culturas germánica, romana y cristiana, que se convertiría en la base de la civilización europea.

Bibliografía: tomado en su mayor parte de: Carlos Derij 

ALTA EDAD MEDIA


ALTA EDAD MEDIA

EL SIGLO VI

Texto redactado en base a Manacorda y otros autores (ver la Bibliografía para una descripción completa) ajustado a las necesidades de la cátedra de Historia de la Educación.

 

El comienzo de la Edad Media se sitúa, convencionalmente, el año de la caída de Roma en poder de los bárbaros (año 476). No es un episodio aislado y se venía preanunciando en todo el siglo. Diez años más tarde caía Paris en manos de los francos en su imparable conquista de las antiguas Galias. Los godos y los francos se convirtieron al cristianismo y se ubicaron cómodamente en el poder, a favor de una fortaleza militar muy superior y arrastrados por un pueblo decidido a todo por su supervivencia, que venía de décadas de persecuciones y privaciones. Tendrían el poder pero no todo el acervo cultural necesario para ejercerlo sin sobresaltos. 

Admiraban y desconfiaban a la vez de la cultura romana, como les había pasado a los propios romanos con los griegos o a los judíos con los helenos.

Se ha llamado Alta Edad Media al primer período después de la caída del imperio de Occidente y comprendería aproximadamente hasta el siglo X. En esta etapa tienen lugar procesos políticos significativos. Por una parte, como dijimos, algunos reinos romano-bárbaros se habían implantado más o menos sólidamente en el territorio del imperio de occidente, donde la única autoridad política auténticamente romana era la iglesia y sobre todo el papado; por otro lado, el imperio de Oriente conserva su unidad y su fuerza, que le permitirá intentar la reconquista de Occidente. Estos tres centros de poder se enfrentarán en una lucha ideológica y militar. Más adelante, aparecerá un nuevo fenómeno religioso y político que incorpora un nuevo actor social que se sumará y enfrentará a los preexistentes: el fenómeno creciente del Islam.

 

Decadencia de la cultura clásica

En el campo de la instrucción hay un proceso paralelo doble: una gradual desaparición de la escuela clásica y la gradual formación de una escuela cristiana, en su doble forma de escuela episcopal (del clero secular) en las ciudades y de escuela cenobítica (del clero regular) en el campo. Sin embargo, el nivel cultural era en general bastante bajo, incluso con un empobrecimiento o aún embrutecimiento cultural de los hombres de la iglesia, habiéndose  señalado que existieron algunos puestos civiles o eclesiásticos ocupados por analfabetos.

Recordemos que el ascetismo, es decir la elección de vivir en retiro, aislamiento, sufriendo privaciones y aún sacrificios, fue el camino que muchos cristianos de la primera época habían elegido, intentando parecerse a Jesús, pero tomando sin dudas ejemplos de otras culturas, como la griega o la hindú. La vida monacal había tomado dos formas o figuras: el anacoreta o eremita – solitario y ermitaño – y las comunidades de retiro. Los eremitas podían quedarse solos al cuidado de ermitas en el desierto. En cuanto a las comunidades monacales, se considera que empezaron a formarse en Egipto, probablemente por reunión paulatina de muchos anacoretas; y fueron apareciendo poco después en Oriente y en Europa. Dieron origen a los monasterios, a órdenes religiosas, como los benedictinos y a escuelas llamadas cenobíticas.

Estos monasterios se fueron constituyendo en el sostén y guardián del conocimiento admitido de la época. Podemos decirlo con otras palabras: guardianes de lo que debía conservarse y lo que no debía conocerse, conocimiento e ideas que podían o no podían ser admitidos por el credo profesado. Pero veamos:

“También entre los hombres de iglesia hay un proceso de empobrecimiento cultural. Si el Concilio de Cartago del año 400 d.C. prohibía a los obispos la lectura de los textos clásicos, el Concilio de Roma del 465 se ocupa de un problema todavía más elemental: ya no se trata de la disputa entre la paideia de Aquiles y la paideia de Cristo, sino que se manifiesta una ignorancia total de los eclesiásticos. Los analfabetos –dice el concilio- no se atrevan a aspirar a las órdenes sagradas; lo cual quiere decir que se atrevían. Y treinta años después,  el papa Gelasio I insistirá: (admitiendo que el problema existe) “No se admita al sacerdocio al que sea ignorante de las letras o tenga algún defecto físico’ (Manacorda, 174)

Conversiones religiosas de los bárbaros

La primera ola de bárbaros era ya en gran parte cristiana – como consecuencia de las conversiones de los visigodos ante el emperador romano y de los francos en las Galias – y esos pueblos se aculturaron pronto a las tradiciones clásicas, pero luego del siglo VI, con los ostrogodos de Italia y los vándalos de África la aculturación de los bárbaros será más dificultosa, seguramente porque ellos ahora estaban en el poder y no necesitaban someterse para ser admitidos.

Entre los Ostrogodos en Italia, el rey Teodorico fue el último que dio lugar a la cultura clásica. El se ocupó de garantizar los honorarios a los profesionistas de las artes honestae, como los maestros de gramática y retórica, reservando sin embargo el cultivo de las artes liberales a los romanos. (Manacorda 173-174)

Los francos se convierten a principios del siglo VI. Los visigodos de España se convertirán al catolicismo más tarde, en 589. Pero los últimos reyes cristianos españoles, antes de la invasión de la península por parte de los moros y árabes, fueron precisamente visigodos.

 

Educación en las sinagogas

La costumbre hebrea constituida antes de la destrucción del templo y de la diáspora  estaba centrada en la sinagoga y estaba caracterizada por un método de memorización y repetición coral de la Midrash, con escasa o nula atención a la escritura. Se trataba de una forma obsesiva de conservar las tradiciones patrias frente al desafío de otras culturas con las cuales debían convivir, más que de una instrucción formal; y llegó a tener buenos resultados, ya que San Jerónimo pudo constatar que los niños hebreos conocían bien la ley.

Podríamos preguntarnos si la educación de Jesús de Nazaret siguió las pautas tradicionales judías de su época. Es difícil responder directamente a esta pregunta, en cuanto no hay mayores datos en los evangelios oficializados por la iglesia respecto a este punto, lo cual nos deja un vacío importante en nuestro tema, siendo que Jesús fue un verdadero renovador que siguió y predicó una filosofía y echó mano a eficaces recursos pedagógicos, de los cuales sí tenemos relatos en los evangelios oficiales. Pero, volviendo a la forma como fue educado el Nazareno, podríamos especular que probablemente sus padres intentaron que tuviera una educación formal. El propio Jesús no dejó registros escritos. Hay narraciones en los evangelios apócrifos que sugieren que varios maestros intentaron enseñarle con el tradicional método memorístico de los judíos, y que el niño se resistía a aprender mecánicamente. 

No es raro que esto ocurra con los niños superdotados, puesto que la historia nos enseña que muchos de ellos fracasaron en la escuela.

 

La escuela cristiana ‘More Synagogae’

Con el dualismo de Estado e iglesia, venido a menos el poder imperial y su atención por la escuela, es precisamente la iglesia, como parte de sus actividades específicas, la que reorganiza cultura y escuela. No es por casualidad que muchos obispos fueran antes funcionarios romanos de los reyes bárbaros. La iglesia tiene una doble estructura, viviendo en parte en medio de la gente en los obispados y rectorías (clero secular) y en parte alejada de la gente en los cenobios (clero regular); en estas dos estructuras eclesiales debemos buscar los primeros testimonios del surgimiento de nuevas iniciativas de educación cristiana, junto a las islas sobrevivientes de romanidad clásica. En general, el clero secular, que habita en las ciudades, conserva durante más tiempo la cultura clásica, mientras que el clero regular de los cenobios la rechaza, así como rechaza el ‘siglo’ en su conjunto.

Pero volvamos a la herencia recogidas de las tradiciones hebreas. Así como los hebreos decoraban las sinagogas con frescos de la vida de Moisés, este tipo de arte se continúa en los cristianos, agregando escenas del Nuevo Testamento, es decir de las Escrituras, referidas a la vida de Cristo, al que luego se fueron agregando los nuevos santos y mártires, que la iglesia podía exhibir en profusión en los primeros tiempos. Estas pinturas tenían siempre fines de transmisión y conservación cultural, aunque en el caso del cristianismo podríamos también hablar de edificación de nuevas pautas.

Aunque quizás sea excesivo atribuir a la escuela de la sinagoga el mérito de haber llevado a cabo por primera vez en la historia un sistema de instrucción pública y obligatoria (el gimnasio llegó a serlo para los griegos, en su diáspora positiva) sin embargo es cierto que el cristianismo, fundado en la tradición hebrea, marca una neta separación de la tradición antigua, que quería excluir de la instrucción a los grupos populares.

El mandato ‘vayan y enseñen a todas las gentes’ marca una nueva actitud mental: todos deben ser, si no cultos, al menos instruidos a través de un proceso institucionalizado, estando abierto para cualquiera el acceso a aquella corporación de maestros que es precisamente el clero. La nueva tradición cristiana ignorará durante siglos, al menos en principio, todo ostracismo o discriminación educativa de otras sociedades.

 

Las escuelas en los obispados y en los cenobios (Manacorda, 180)

Hemos mencionado la constatación del papa Gelasio sobre la ignorancia del clero en estas etapas. Hay pocas iniciativas educativas del clero secular. El Concilio de Toledo del 527 decide que los niños destinados, por voluntad de los padres, desde la infancia al sacerdocio, deben ser instruidos en la casa de la iglesia. Y el concilio de Vaison en Francia en 529 establece que todos los sacerdotes que están establecidos en las parroquias, siguiendo la costumbre de Italia, acepten en su propia casa lectores más jóvenes, e intenten, alimentándolos espiritualmente como buenos padres, enseñarle los salmos, habituarlos a las divinas lecturas e instruirlos en la ley del Señor, de modo que se provean a sí mismos de buenos sucesores y puedan recibir del Señor premios eternos.

Ambos concilios aconsejan que al llegar a los 18 años se permita a los jóvenes elegir entre matrimonio y sacerdocio.

 

Paralelamente, se organiza el monaquismo occidental. Aunque en ninguna de las Regulae benedicti o de las posteriores Consuetudines monasticae se habla propiamente de escuela, los problemas de la educación están muy presentes. Existía la costumbre de muchos padres de ‘ofrecer’ a los conventos a sus propios hijos todavía niños en forma de oblati para que se prepararan para la vida monástica (destino que por lamentable que nos parezca, era mejor que el de los niños vendidos a los bárbaros).

En la Regulae Benedicti o Reglas benedictinas hacia el año 540, la primera preocupación era la educación moral y la participación en la liturgia, además de una preocupación literaria. La regla que habla del lector semanal prescribe:

“En las comidas de los monjes no debe faltar nunca la lectura, pero no debe leer allí quien haya tomado un libro cualquiera al azar; sino que, empezando por el domingo, leerá después durante toda la semana; los monjes no deben leer o cantar por orden de ancianidad, sino sólo aquéllos que pueden edificar a quien los escucha” (Manacorda, 182)

 

Así, pues, había monjes que leían bien y otros que leían menos bien, y entre los novicios se podían encontrar todavía monjes analfabetos, dado que la regla 58 prevé que el novicio

‘escriba con su propia mano o bien, si no sabe escribir, haga escribir a otro su solicitud de admisión, y trace con su mano un signo y lo ponga sobre el altar’ (Manacorda, 182)

 

En los comienzos del Prólogo, Benito distingue 4 especies de monjes: cenobitas, que viven en común bajo regla; anacoretas o eremitas, que después del cenobio afrontan la experiencia de la soledad; sarabaítas, que viven sin regla solos o en pequeños grupos; y finalmente giróvagos, que van buscando hospitalidad por pocos días en los monasterios, siempre dando vueltas (parecen los antecesores de los goliardos de las futuras universidades). 

En cuanto a los más jóvenes y a los niños (ofrecidos como oblati) encontramos lo que con palabras de Quintiliano llamaremos el respeto debido, la maxima reverentia. Esta máxima precede en casi 500 años a las disposiciones de Benito. Reconocemos que en la pedagogía cristiana existe un elemento nuevo al considerar la edad infantil: junto a la tradicional exigencia de la sumisión infantil, se hace la exigencia de una consideración especial, de una atención afectiva.

La desigual relación pedagógica está marcada por la advertencia de que el maestro deba hablar y enseñar y el discípulo callar y escuchar, pero estamos ante la novedad de una relación amorosa, recomendando que los ancianos y los jóvenes se amen.

 

La desaparición del prejuicio contra la instrucción del pueblo es otro de los rasgos del cristianismo. Pero también requiere el sadismo de los golpes: “Cada edad y cada inteligencia deben ser tratados de una manera especial; por esto los niños y los adolescentes o incluso los que no pueden darse cuenta de la gravedad de la excomunión, cuando comenten alguna falta, sean castigados o con ayunos prolongados o con fuertes golpes, de modo que se corrijan” (Regla 30) (Manacorda, 184)

Frente a la edad adulta la infantil se presenta como incapacidad de entender; por eso no se les puede persuadir sino con golpes. Igual que la mujer, el niño es un ser imperfecto en relación al hombre, nos advierte San Cesáreo:

“Hombre es palabra que deriva de virtud y mujer de molicie, o sea de fragilidad”.

Isidoro de Sevilla distingue entre puerilidad (edad tierna y pequeña) de pubertad, que viene de pubis, o sea de las vergüenzas del cuerpo. 185

Este sadismo se manifestaba aún con errores en el canto, ya que por esta falta los niños deben ser golpeados.

Claro que el sadismo no fue inventado en esta época. Ya en la tradición hebrea, Nehemías, al regreso de la cautividad de Babilonia, golpeaba y arrancaba pedagógicamente los cabellos de los niños que ya no hablaban el hebreo.(Manacorda, 186)

… tampoco el sadismo educativo se terminó en nuestros tiempos. En 1955, aún en el Colegio La Salle de Rosario, los más díscolos podían ser fuertemente castigados. A quien esto escribe su maestro, lo levantó literalmente del piso agarrándolo fuertemente de los cabellos. (JCP)

Sin embargo, para evitar grandes abusos, la regla 70 advierte que toda intervención o golpe a personas se dé sólo con la autorización del abad, y somete a la disciplina de la regla a quien golpee sin moderación a los niños.(Manacorda, 186)

Se hablaba propiamente de enseñanza en aquella Regula Magistri que quizás ha sido el modelo principal y donde se dispone que “durante tres horas los niños, en su década, sean instruidos con sus tablillas por un monje letrado, y también los analfabetos adultos, hasta los 50 años deben aprender las letras”. “Estando cada década en un lugar separado bajo las órdenes de los monjes nombrados, unos lean, otros escuchen, enseñen y aprendan las letras, otros mediten (canten) los salmos que le sean propuestos” 186  

Había pues una lectura individual y una lectura común litúrgica. La lectura es sobre todo algo propio del domingo y la cuaresma y es considerada una ocupación normal de los monjes. Una pieza esencial del monasterio es la biblioteca y existía preocupación por aquellos monjes a quienes no les atraía suficientemente la lectura:

“En estos días de Cuaresma, cada uno reciba un códice de la biblioteca, para leer en forma continuada y completamente; tales códices se han de distribuir al inicio de la Cuaresma. Se encargarán uno o dos ancianos, que darán la vuelta al monasterio en las horas en que los monjes se aplican a la lectura, para estar atentos de que no se encuentre algún monje perezoso, el cual pierda el tiempo en el ocio o en charlas y no se aplique a la lectura, y no sólo rehaga inútil a sí mismo, sino que distraiga también a los otros. Si se llegara a encontrar un tipo así, se le debe reprobar … Los domingos se apliquen todos a la lectura, excepto aquellos que están destinados a los diversos oficios. 

Pero si hubiera alguno tan negligente o perezoso que no quisiera o no supiera estar recogido y leer, se le encomiende algún trabajo para que no permanezca en el ocio …”  (Manacorda, 187)

 

En cuanto al modo de la lectura, normalmente se seguía leyendo en alta voz, ya que Benito aconsejaba a quien quisiera leer durante la siesta de la tarde hacerlo sin molestar a los otros. Que se intentaba cambiar el hábito de leer en alta voz lo probaría una advertencia de Isidoro de Sevilla:

“La lectura silenciosa es más aceptable a los sentidos que la que se hace en alta voz. En efecto, la inteligencia se instruye mejor cuando la voz de quien lee se apaga y la lengua se mueve en silencio”. Manacorda comenta: ‘Esto quiere decir que incluso el que leía silenciosamente seguía articulando la lengua’.

Esta distinción no es banal. Aún en nuestra época, cuando las especulaciones sobre la relación pensamiento y lenguaje han alcanzado un desarrollo notable, los conductistas con Watson sostenían que el pensamiento es solamente lenguaje interior y que los músculos de la lengua debían moverse sensible o insensiblemente para producir pensamientos. Luego llegarían los aportes notables de Vygotsky y de Piaget, habitualmente conocidos en nuestro medio en orden inverso a su producción, por el largo ostracismo de las ideas del soviético. También, desde la pedagogía y desde la psicología de la comprensión de textos se discute la importancia relativa de ambos métodos para el aprendizaje: lectura silenciosa o lectura en voz alta.(JCP)

 

En la Regula, las reflexiones más generalizadas sobre la lectura se encuentran allá donde se habla del trabajo manual cotidiano. Se daba importancia a la relación entre trabajo manual y trabajo intelectual, de cuya unidad el ora et labora es un símbolo. En la Regula se dice:

“El ocio es enemigo del alma, por eso los monjes en determinadas horas deben atender al trabajo manual, y en otras horas … a la lectura espiritual. Por eso creemos que los horarios de ambas ocupaciones puedan combinarse …188

El trabajo tiene su motivación moral con la convicción de que el ocio es el padre de todos los vicios, pero sus manifestaciones más concretas, como cosechar las mieses, son motivadas por las necesidades de la vida del monasterio. El trabajo real para la economía del monasterio, el del campo, es confiado a otros, a trabajadores agrícolas, los cuales trabajan en las propiedades del monasterio en las mismas condiciones en que lo harían para los otros patrones, ya sean los sobrevivientes romanos o los bárbaros.

 

La nueva cultura escolástica 190

Considerando las iniciativas educativas del clero secular y del clero regular, se puede decir que han cambiado los contenidos desde los clásicos de la tradición helenístico-romana a los clásicos de la tradición bíblico-evangélica.

La cultura que los cenobios ofrecían a los oblatos y a los monjes, y que las rectorías y obispados ofrecían a los clérigos, era bien poca cosa en comparación con la antigua cultura clásica, aunque fuera edificante: salmos y sagradas escrituras en general, más la ley eclesiástica y alguna fabulosa vida de santo. Esta nueva ‘instrucción concreta’ no podía prescindir de una ‘preparación formal en el leer, escribir y hacer cuentas, aunque a niveles mucho más reducidos que los tradicionales.

 La tradición cultural del mundo clásico conserva sólo un valor instrumental. La hipótesis es que el estudio de la gramática aunque sea a niveles mínimos, sirve para llegar a la comprensión de las sagradas escrituras. El cálculo es un instrumento para medir las estaciones y las horas de la liturgia.

Se piensa que la enseñanza sería a partir del aprendizaje de memoria del nombre de las letras, lo cual era una continuidad de los métodos tradicionales judíos. Pasarían después a deletrear y eventualmente a silabear, antes de llegar a la lectura de los textos. Así, para la escritura se sigue usando el pruductalis, plantilla en la que están trazadas las letras que el muchacho debe reproducir. 

Pero otras veces, tenemos testimonios de un aprendizaje espontáneamente ‘global’ por parte de muchachos que aprenden a leer y a escribir sin conocer el alfabeto o el orden de las letras, limitándose a observar las escrituras o las didascalias con imágenes sacras. 191

En cuanto a la relación pedagógica, había contradicción entre los principios escritos y las costumbres sádicas, así como en la real consideración de la relación trabajo manual o intelectual (ora et labora).

Contra la cultura clásica

Al constituirse las escuelas cristianas, la polémica contra la cultura clásica se renueva para llegar a una desaparición temporal de la misma (‘un eclesiástico no debe leer los libros de los gentiles; lea los de los heréticos sólo por exigencias de los tiempos’), aunque Casiodoro en la corte de Teodorico luego intenta reconciliar ambas tradiciones.192 Pero aún para Casiodoro:

“las artes liberales se deben aprender solamente para poder entender más sutilmente las palabras divinas, gracias a la instrucción que hay en ellas”.193

 

El papa Gregorio I fue el más tenaz adversario de la cultura clásica. Para él es indigno de un cristiano preocuparse de la elegancia de sus escritos o el enseñar gramática, o sea la lectura de autores antiguos.

En este momento se registra una fractura histórica profunda: el mundo helenístico-romano casi desaparece de Occidente; los contactos con lo que queda del imperio romano-bizantino son mínimos; en Italia la invasión Longobarda marca una ruptura más profunda y abre un surco entre los dos pueblos que conviven sobre la misma tierra. 

Italia, cuya población reducida terriblemente se ha empobrecido y barbarizado, ya no será durante los dos siglos siguientes un centro sobreviviente de la cultura. Estos centros serán otros, en los confines del imperio, sobre todo en Bretaña y en Irlanda, desde donde la cultura llegará de nuevo a irradiarse hacia nosotros.

Es una cultura nueva, ahora ya totalmente ‘medieval’ y cristiana. Ciertamente, con la lengua latina, se quiera o no se quiera, se heredan infinitas reminiscencias de las tradiciones clásicas.194

En la elaboración de esta nueva cultura, es característica la asunción, como patrimonio cultural propio, de los textos bíblicos, prosiguiendo su expansión entre los pueblos más alejados. 

Tiene mucha importancia el modo de leer las escrituras y la organización de las diversas disciplinas en un todo coherente.

Los cristianos y, digamos también, los celtas o los anglos convertidos, no pueden leer el Antiguo Testamento del mismo modo en que lo leen los hebreos: y para que no sea la genealogía de un pueblo remoto, se les recubre de un sentido nuevo, más de acuerdo con las tradiciones propias, como en el ejemplo de los druidas-celtas.

Igualmente es de gran importancia la definitiva sistematización de las ciencias o disciplinas. Es una herencia greco-romana con sus 7 artes liberales. Estas artes serán en esta época definidas con los nombres de quadrivium y trivium. 

Son vías por donde viaja el que va en busca de conocimientos:

v      El nombre de Trivium (gramática, dialéctica, retórica) empezó a usarse como un curriculum previo al Quadrivium, aunque el nombre Quadrivium fuera conocido previamente.

v      Las 4 vías quadrivium (nombre dado por Boecio) de los que hoy llamamos ‘ciencias’ son la aritmética, la geometría, astronomía y música. Definiendo en esta época la filosofía como el conjunto de la cultura, el quadrivium es una introducción a la Filosofía.

Insistimos: las materias que se incluían en Trivium y Quadrivium no eran exactamente las mismas en todas las épocas ni en todos los sitios.

 Si bien la gramática era constante, a veces se incluía la lógica, reemplazando a la dialéctica o la retórica, seguramente bajo la influencia de las disputas que se registraban entre dialécticos y retóricos desde la época de los griegos.

Las sagradas escrituras se añaden al vértice de esta tradicional enciclopedia pagana. Pero no hubo total acuerdo sobre esta sistematización de las disciplinas, ni siempre los mismos nombres significaron la misma cosa. Las interpretaciones sobre el significado de las disciplinas fueron causa de una larga división entre la iglesia romana y la iglesia céltica.

Sobre cómo se usaba el cálculo, hay un histórico texto de Beda que habla de la flexión de los dedos:

“Disponiéndonos a hablar, con la ayuda de Dios, del cálculo del tiempo, considero necesario mostrar antes que todo la utilísima y rapidísima habilidad de contar con los dedos, ya sea para hacer más fácil el contar, ya para pasar a calcular la serie de los tiempos, preparando mejor el ingenio de quien lee …

“Cuando dices uno, doblando el meñique de la mano izquierda, lo apoyarás sobre la palma de la mano. Cuando dices dos, te apoyarás doblando el anular. Cuando dices 3, doblarás igualmente el medio. Cuando dices 4 enderezarás el meñique”

Con este sistema, usando la mano izquierda, la derecha o ambas, y apoyando el cuerpo de distintas maneras, se podían indicar todos los números hasta 900.000.

Escuelas canónicas ciudadanas

Junto a esta reelaboración cultural, otra revolución se está llevando a cabo, permitiendo que el acceso a la instrucción se amplíe, para incluir a los niños de clases subalternas, antes excluidos. Si las parroquias y los cenobios son la nueva escuela y los presbíteros y los priores fratres los nuevos maestros, a la escuela ya no van los hijos de centuriones, sin niños de origen humilde, y a menudo esclavos de ultramar. Es la nueva actitud cristiana de apertura a todos en cuanto a educación (sobre todo sirviendo a la aculturación).

Los muchachos o adolescentes que se encuentran en el clero empiezan a ser alojados en una estancia del atrio, de manera que pasen esos años en las disciplinas eclesiásticas, evitando la lujuria, confiados a un anciano muy venerable, que sea maestro de doctrina y ejemplo de vida. Las sucesivas reglas monásticas seguirán estas prescripciones.

Esto configura una verdadera escuela en la parroquia. Sus alumnos acceden a través de un reclutamiento dentro de la organización eclesiástica:

“El concilio del año 638 prescribe que los muchachos cuyos padres han recibido un título de libertad, sean aceptados en la iglesia a quien deben obsequio, a fin de ser instruidos. (Manacorda, 200)

Lo mismo es enfatizado por el concilio de Mérida del año 666. Se unía la utilidad del párroco y la seguridad para la iglesia de que no faltaran sacerdotes que además debían tener un proceso de educación, porque el nivel de instrucción era evidentemente muy bajo. Dada la ignorancia y quizás también la escasez de sacerdotes, se ha de procurar su instrucción creando verdaderas escuelas en las parroquias, reclutando libertos, para que fueran al mismo tiempo clérigos y siervos. Un poco como sucedía y sucederá en la relación de aprendizaje artesanal, en la cual todo maestro se procura un muchacho aprendiz.

Estamos hablando de escuelas canónicas, del clero secular, episcopales, instituidas en las iglesias de las ciudades. Son diferentes de las cenobíticas de aislamiento, para los monjes.

 Existían reglas para evitar el pecado:

“Es necesario que los rectores … cuiden que los niños y los adolescentes que se alimentan y se instruyen en la congregación … estén sometidos bajo el yugo de la disciplina eclesiástica, de manera tal que en su edad lasciva y propensa a pecar no puedan tener ocasión de caer en pecado …” (Manacorda, 201)

 

Época carolingia

(La figura representa al emperador Carlomagno (tomada de Wikipedia)

Escuela entre papado e imperio

Los francos habían adoptado la religión cristiana. Con la dinastía carolingia la ortodoxia es mayúscula. Carlomagno hará crecer la adherencia al cristianismo sin pausas ni contemplaciones. Es el representante más conspicuo de una nueva síntesis de las culturas romano-cristiana y bárbaro-germánicas. Cada una de estas síntesis, a su vez, es expresión de contradicciones, de luchas hegemónicas entre diferentes culturas (como es el caso de los romanos y los cristianos) o de diferentes tribus bárbaras germánicas que confluyen en los francos.

Carlomagno hereda el trono carolingio inaugurado por su padre, quien a su vez había desplazado a los merovingios. Desde el ascenso de Carlomagno, en la segunda mitad del siglo VIII el nuevo rey consolidará su posición a través de sucesivas conquistas territoriales, alianzas matrimoniales (su primera esposa es hija del rey lombardo) unificación religiosa bajo el signo del cristianismo, logrado con la fuerza de las armas y la bendición papal. A su vez propicia un  florecimiento cultural, atrayendo en su corte a numerosos intelectuales de todos los confines del imperio en expansión. Dice Marrou que “el largo crepúsculo italiano da la mano al alba céltica” asumiendo seguramente que entre todas las culturas y etnias asimiladas no pasaría desapercibida la herencia de los primeros celtas, aunque éstos estaban dispersos en el continente, con su cultura sumergida o quizás emergiendo en historias que los triunfadores germánicos asimilaban sensible o insensiblemente. De los celtas, que se cuentan entre los primeros habitantes de Europa, sólo quedan restos dispersos o híbridos – como los celtíberos en España, ya asimilados por los visigodos y luego por los moros – o los reductos más definidos pero aislados del limite Norte y Este de Europa, desde Escocia, Irlanda, Wales, Galicia.

Los ilustres monjes que atrae Carlomagno, entre los cuales sobresale Alcuino de York, se constituirá el Sacrum Imperium, y ellos serán los inspiradores de la política cultural y educativa de la Renovación. En este Sacro Imperio, guerreros e intelectuales son soportes y gestores del poder estatal.

El Estado actúa en nombre de la Iglesia y su acción educativa se ejerce a través de la Iglesia. La instrucción en general, y la formación del clero en particular, es confiada exclusivamente al orden clerical, pero éste forma parte del Estado. Son decisiones del Estado que la Iglesia mediatiza. Podríamos pensar que es lo inverso de lo que ocurre en el frente de batalla, que las ideas de la iglesia se cumplen con el rigor de las armas del Estado.

Los documentos del nuevo Estado se refieren expresamente a esta nueva política de confluencia de Estado e Iglesia. En una Epistola, del año 787 (Epistula de litteris colends) dirigida a Baugulfo, Abad de Fulda, ya se dice que los eclesiásticos deben dedicarse a la enseñanza, no olvidando los estudios literarios, pues cuanto más plenamente se haya instruido en el magisterio de las letras, mejor se comprenderán espiritualmente los misterios de las escrituras.

Después de las disputas bizantinas y luego de la censura de la cultura clásica por parte de papas como Gregorio, en esta Renovación carolingia la cultura clásica vuelve a ponerse en primer plano, con una salvedad: “siempre que se tome para usos mejores”. (Manacorda, 206)

El Estado cuida la preparación profesional de sacerdotes, dado que se trataba precisamente de una función de gobierno. La sede de aquella instrucción de religiosos será el obispado, bajo la atención del Estado. Los propios concilios eclesiásticos en Francia, como los de Chalons y Tours en 813 (época de Carlomagno) apelarán a lo que ‘el emperador ha decidido’.

Sin embargo, surge ya un cierto conflicto entre Estado e Iglesia, quizás expresión de contradicciones que en una época no podían hacerse manifiestas. Existían diferentes puntos de vista con respecto a la educación de niños laicos: existe una preocupación evidentemente política para que se eduque a estos niños que no están destinados a la vida religiosa, pidiendo para ellos una mayor instrucción hacerlos participar de la cultura y la sociedad. Carlomagno ordena: “Los padres manden a sus propios hijos a un convento o a la parroquia para que aprendan el Pater o el Credo, a poder ser en su propio dialecto”. (Manacorda, 206-207)

Más tarde, el nuevo emperador, recomienda que en los monasterios se vuelva a restringir la educación – la admisión en la escuela – a los oblatos. Pero ya empezaban a aparecer escuelas públicas del Estado, de manera que se empieza a generalizar la idea de liberar a la iglesia de la educación de otros miembros del pueblo; ello se posibilita por la creación de escuelas en los lugares más importantes del imperio. Pero, dice Manacorda, esta política se modificará pronto y radicalmente, pretendiendo volver a ejercer el control de toda iniciativa en educación.

Pero, si el papado romano vuelve a ocuparse de estos temas, es especialmente porque le interesa la formación de los clérigos.

Parece que existen en este momento, instituciones educativas diversas. La primera es una escuela de estado para los laicos, en algunas de las mayores ciudades; la segunda es una escuela eclesiástica, que a nivel parroquial estaba abierta a los laicos y a nivel episcopal estaba reservada a la formación de los clérigos; la tercera en los monasterios, reservada generalmente a los oblatos, sin estar absolutamente cerrada a los laicos. En general, los laicos que frecuentarán las escuelas cenobiales serán nobles aspirantes a la carrera eclesiástica.209  

Así pues, entre finales del siglo VIII y la mitad del siglo IX, Carlomagno y sus sucesores por una parte, y los papas definieron un nuevo derecho escolástico. Se crearon las bases para la instrucción profesional del clero en las sedes episcopales y cenobiales y también para un mínimo de adoctrinamiento religioso de los laicos en las parroquias y eventualmente en los monasterios.

Experiencias de vida en una escuela cenobial (relato de un protagonista) 209 la didáctica, aprendizaje global de la lectura, el latín y el alemán, enseñanza mutua, catequística y mnemotécnica211, salmos bíblicos, educación física y guerrera212 educación de los bárbaros y su rechazo a la escuela y a los castigos.

GLOSARIO

Ascetismo. Ver  http://www.filosofia.org/enc/eha/e020793.htm

Beda. El ‘venerable’. Máximo exponente de la cultura anglosajona del siglo VIII (672-735) y fundador de la cultura cristiana anglosajona. Buena parte de su vida la pasó en el monasterio de Jarrow donde escribió, enseñó y estudió. Se interesó por la filosofía, la historia, las ciencias naturales y la investigación sobre patrística. En sus trabajos podemos advertir influencia de San Isidoro, ordenando la cultura al servicio de la fe. http://www.artehistoria.com/frames.htm?http://www.artehistoria.com/historia/personajes/4779.htm

Benedictino. Monje que pertenece a la orden fundada por san Benito de Nursia en siglo VI, la cual alcanzó gran importancia especialmente en la Edad Media, en que sus monasterios fueron casi el único asilo de la cultura europea. La orden, en su larga vida, se ha dividido en ramas y congregaciones. (Vox)

Clérigos. Clero.  Religiosos que se separaban del pueblo (En latín cleros = separado) y adquirían un compromiso como diáconos, presbíteros, monjes o monjas. Su estilo de vida se distinguía con el uso de un “hábito” del de los laicos (pertenecientes al pueblo). Entre los clérigos se distingue el clero secular y el regular.

Clero Regular. Compuesto por monjas y frailes que vivían en conventos o monasterios bajo la disciplina de la orden a la que pertenecían. Viven en un convento, bajo una regla de vida muy específica  (“regula” = regla). Se establecieron en América con el propósito de adoctrinar en la fe católica a los naturales. Los frailes regulares -franciscanos, dominicos, agustinos, dieguinos, carmelitas, mercedarios, jesuitas, filipenses, juaninos, hipólitos y betlemitas- inicialmente no estaban sometidos al control de los obispos, pero en el siglo XVII se ordenó la secularización de las parroquias indígenas administradas por las órdenes religiosas y se prohibieron los bienes raíces de éstas en los "pueblos de indígenas". http://www.agn.gob.mx/archivos/24.html

Clero Secular. Constituido por sacerdotes católicos no sujetos a votos religiosos ni a reglas de instituto religioso o monacal. Ellos no están bajo un reglamento sino que dependen del Obispo, viven en el mundo y la realidad terrenal ‘van con el siglo’; tienen su casa y su vida al lado del pueblo. También es llamado clero diocesano, encargado de administrar las parroquias adscritas a los obispados o diócesis, cuyo titular era el obispo, quien ejercía jurisdicción sobre el Clero Secular, con la colaboración del Cabildo Eclesiástico, encargado del gobierno de la diócesis durante la vacante del obispo. http://www.agn.gob.mx/archivos/24.html

Cenobial o cenobítica. Se refiere a las instituciones que congregaban a monjes, sacerdotes regulares que se aislaban del mundo de las ciudades y elegían una vida de aislamiento, aunque en comunidad sacerdotal.

Destrucción del templo de Jerusalén y diáspora judía. La destrucción del templo de Jerusalén ocurre en el año 70 por los romanos. Cuando Tito regresa en la primavera del año 71 con sus tropas victoriosas a Roma y celebra su marcha triunfal, su padre, el emperador Vespasiano, dio orden de conservar la memoria del trascendental acontecimiento para la posteridad mediante la construcción de un arco de triunfo. El arco de Tito se decoró en su parte interior con relieves que representaban los puntos culminantes del triunfo: los prisioneros judíos y los vencedores romanos, pero especialmente el rico botín que habían hecho las tropas. Sobre el carro de triunfo romano oscilaba tanto el arca de la Alianza como el candelabro de siete brazos y otros objetos del destruido templo. Luego los judíos se reorganizan pero son vencidos definitivamente, entre 132-135: son asesinados o esclavizados y otros abandonan Israel en todas direcciones: será la diáspora que los mantendrá sin patria hasta el siglo XX. Recuperado 12.5.2009 del sitio en internet:   http://www.editorialbitacora.com/armagedon/diaspora/diaspora.htm

Didascalia. Instrucciones dadas por el autor a sus intérpretes ( por ejemplo, en el teatro griego ). Por extensión, en su empleo moderno : acotaciones. En el teatro griego, el autor mismo es a menudo director y actor, de modo que las indicaciones sobre la forma de actuar son inútiles y por ello están totalmente ausentes del manuscrito . Las didascalias contienen más bien informaciones sobre las obras , sus fechas y lugar de composición y representación, el resultado de certámenes dramáticos, etc. En las didascalias están tan ausentes las acotaciones concretas sobre la manera de actuar, que no se sabe claramente quién pronuncia las réplicas cuando éstas aparecen recortadas por un trazo distintivo. Más tarde, con los latinos, consisten en una breve indicación acerca de la obra, y en una lista de dramatis personae. El término acotación parece más apto para describir, en el curso de la historia del teatro, el papel metalingüístico de este “texto secundario ” .

Edad Media (EM). Se consideran varios períodos. La Alta Edad Media desde el siglo V al X, la Plena EM desde el XI al XIII y la Baja EM desde el XIV al XV. Previamente se acostumbra estudiar un período llamado Tardo Antiguo (tiempo en el que Occidente aprecia los efectos de la crisis y la degradación del Imperio Romano). En el sitio de la Biblioteca Virtual Cervantes “La Historia Medieval a través de los textos”, se encuentran documentos originales del período.    http://www.cervantesvirtual.com/historia/textos/medieval/alta_edad_media.shtml . Ver también Manacorda, Bowen, Bajtin y otros en blog de la cátedra.

Godos. El tema de la Educación entre los godos tiene poco desarrollo y es probable que sus tradiciones fueran especialmente de transmisión funcional en el hogar, en la comunidad, en el campo donde trabajaban como pastores. Sin embargo, hay un interesante relato sobre la forma en la cual coexistían tendencias modernizantes o romanizantes junto a otras de tipo tradicional que intentaban mantener la cultura de los godos. Ver Educación física y guerrera (Manacorda, 212)

Gregorio I. Este Papa, también conocido como San Gregorio I Magno (c 540-604) es a la vez uno de los Padres de la Iglesia y Doctor de la Iglesia. También fue el primer monje en alcanzar la dignidad pontificia, y probablemente la figura definitoria de la posición medieval del papado como poder separado del Imperio Romano. Gregorio es autor de una Regula pastoralis, manual de moral y de predicación destinado a los obispos. En el año 600 d. C. ordenó que se recopilaran los escritos de los cánticos o himnos cristianos primitivos (conocidos también como Antífonas, Salmos o Himnos); dichas liturgias de alabanza a Dios eran celebradas en las antiguas catacumbas de Roma ya en el año 52 d. C., iniciadas por Simón Pedro. Luego de esta reconstrucción llegarían a ser conocidos como canto gregoriano, mucho más tarde reconocidos como canto oficial de la iglesia católica. 

Iglesia céltica. Ver Floreal H. Forni, Luis A. Cárdenas, Fortunato Mallimaci (2003):  ‘guía de la diversidad religiosa de Buenos Aires’ Publicado por Editorial Biblos. Reproducido parcilmente en Googlo libros en sitio: http://books.google.com.ar/books?id=76xbPBRe95IC&pg=PA170&lpg=PA170&dq=iglesia+romana+y+céltica&source=bl&ots=JETqybwxAd&sig=xaiElGKIHn04m7_FiVtHy3eQGNU&hl=es&ei=sIsNSubgHM2VlAeU44mRCA&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=5#PPA170,M1 pág 170

Midrash. Palabra hebrea referida a un método para exégesis del texto bíblico. También se refiere a una manera de interpretar un versículo bíblico. Tradicionalmente, la comprensión del texto bíblico en el Judaísmo es dividida entre peshat (significado directo), remez (indicaciones o sugestiones), derash (exegesis) y sod (mística). El Midrash se concentra en remez y especialmente en derash http://en.wikipedia.org/wiki/Midrash

Monaquismo. El monaquismo apareció por vez primera en Oriente, tomando gran fuerza en Egipto en el siglo IV, donde desarrolló sus dos grandes tendencias: la anacoreta y la cenobítica. La constitución de la regla de san Basilio Magno (360) sirvió para unificar en gran medida el cenobitismo en toda la cristiandad oriental, que en tiempos de Teodosio experimentaría una enorme expansión. En Occidente el movimiento monástico fue algo más tardío, aunque las causas del mismo serían en gran parte iguales a las del oriental. Ver: http://www.artehistoria.com/frames.htm?http://www.artehistoria.com/historia/contextos/799.htm

Oblati (= ofrecidos) oblatos en una mala adaptación del latín al castellano.

Regulae Sancti Benedicti. Pueden leerse en latín en: http://www.bences.hu/lelki/regula/l_regula/l_regula.html . Existe un discurso de Juan Pablo II acerca de San Benedicto en donde aparece la versión oficial de la iglesia http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_11071980_sanctorum-altrix_sp.html

Bibliografía

Manacorda, Mario Alighiero (1987): Historia de la Educación: de la Antigüedad al 1500, Traducido por Miguel Martí (608 páginas). Barcelona / México: Siglo XXI /Galache. Cap. 4: La Educación en la Alta Edad Media (pp 173-218). Cap. 5: La educación en la Baja Edad Media (pp 219-262). Cap VI: La educación en los siglos XIV y XV. Ubicación en la web (Biblioteca Google): http://books.google.com/books?id=oXVf7kQ84HEC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_book_other_versions_r&cad=1_2

Manacorda, Mario Alighiero (1992): Historia de la Educación 2. Del 1500 a nuestros días. Traducido por Miguel Martí. Barcelona /México: Siglo XXI. Cap XI: Hacia el año dos mil: La primera mitad del siglo XX, pp 487-524, Cap XII: La segunda mitad del siglo XX, pp 525-560 Ubicación en la web (Google libros): http://books.google.com.ar/books?id=jp8R98ru11IC&printsec=frontcover&source=gbs_summary_r&cad=0#PPA301,M1

MANACORDA, Mario Alighiero (1987): Historia de la Educación 1. De la Antigüedad al 1500. México: Galache / Barcelona: Siglo XXI. cap IV: La educación en la Alta Edad Media, pp 173-218. Para un resumen completo de los dos tomos realizado por M. González García, ver: http://www.universidadabierta.edu.mx/SerEst/Apuntes/GonzalezMaribel_HistoriaEducacion.htm